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O. ESTEBAN
Lunes, 24 de septiembre 2012, 04:37
El Plan Convive necesita jóvenes. Sin ellos, en realidad, el plan no puede arrancar. Al programa basado en la convivencia intergeneracional, aprobado hace unos meses por la Empresa Municipal de la Vivienda, le está costando convencer a los jóvenes de que esta puede ser una buena oportunidad para encontrar un lugar en el que vivir a un precio por debajo del mercado. La realidad es que, tal y como recoge el convenio firmado con la Universidad de Oviedo para poner en marcha el proyecto, desde julio está abierto el plazo para inscribirse. A partir de ahí, la Universidad se hacía cargo de las entrevistas, ya que se requería de la intervención de psicólogos para elegir bien los perfiles de los jóvenes y mayores que compartirían hogar.
Pero, desde entonces, sólo los mayores se han interesado por el programa. De hecho, se presentaron siete solicitudes, de las que seis cumplen los requisitos exigidos. Por tanto, hay seis mayores a la espera de encontrar compañeros de piso. Y eso que tanto desde la Universidad como desde la Empresa Municipal de la Vivienda han remitido la información de la actuación a las asociaciones de estudiantes y a todas las entidades juveniles registradas en Gijón. Desde otros municipios donde funcionan programas similares han recomendado «paciencia» a los responsables gijoneses y aseguran que, con el tiempo, llegará el interés y el éxito.
El convenio firmado con la Universidad nace con un presupuesto de 10.000 euros e incluye el compromiso de hacer 50 entrevistas (25 de mayores y otras tantas de jóvenes). Está dirigido a mayores de 65 años y menores de 35. A los primeros les asegura compañía y unos ingresos 'extra'. Y a los jóvenes, un lugar en el que vivir por un precio más barato que el del mercado (nunca pagarían más de 250 euros), a cambio de dedicar algo de tiempo a su compañero de piso. Las bases del Convive recogen que la «motivación básica» de los participantes debería ser la de «colaborar activamente en un intercambio solidario y sin ánimo de lucro entre las dos generaciones».
A los mayores se les exige ser propietarios de la vivienda, que ésta esté en condiciones adecuadas de higiene y de habitabilidad y tener cierta autonomía. Por su parte, los jóvenes deberían disponer de « algunas horas presenciales para ofrecer a la persona mayor». Entre otras tareas, deberían acompañarles a dar un paseo, al médico, a hacer la compra o, simplemente, charlar con ellos o ver la televisión. Una vez que se encuentra una 'pareja', tienen un mes de «garantía para valorar la idoneidad de la convivencia».
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