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Montserrat Martí y Montserrat Caballé acompañadas de la Oviedo Filarmonía, con el maestro Conti y la tarta de cumpleaños. :: MARIO ROJAS
Caballé, canción de aniversario
Cultura

Caballé, canción de aniversario

La orquesta Oviedo Filarmonía, con Marzio Conti al frente, arropó un recital que terminó con confeti y el público ganado de antemano La soprano y su hija, Montserrat Martí, llenan el Teatro Campoamor en su 120 aniversario

RAMÓN AVELLO

Lunes, 24 de septiembre 2012, 11:56

Entre el Teatro Campoamor y Montserrat Caballé se han establecido muchos momentos de una feliz vida en común. La vinculación de la soprano barcelonesa con las sociedades musicales asturianas viene de muy atrás. En 1963, Caballé acompañada por el pianista Pedro Valrribera se presentó en las Sociedades Filarmónicas de Oviedo y Gijón. Cinco años después, debutó doblemente en la Temporada de Ópera de Oviedo, en el Campoamor, como la Isabeletta de la ópera 'Roberto Devereux', de Donizetti, y en 'Tosca', de Puccini. Más adelante volvería al Campoamor como la Leonora de 'El Trovador', 'Lucrezia Borgia', 'Luisa Miller', 'Norma', la Desdémona de 'Otello', en recitales y galas líricas. El Campoamor no solo fue escenario de sus éxitos artísticos, sino también de sus premios. En 1991, junto a otros cantantes españoles recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Ya en solitario, en el 2006, se le concedió el Premio de la Lírica Teatro Campoamor en reconocimiento a su trayectoria.

No es extraño, por todo esto, la presencia de la Caballé en el 120 Aniversario de la inauguración del Campoamor, en compañía de su hija Montserrat Martí. Desde hace años, la madre ejerce una sombra protectora sobre la carrera de su hija con estas galas líricas que conjugan la armonía familiar con el atractivo mediático y artístico. Una conjunción de factores que llena, como sucedió ayer, los teatros.

Abrió el concierto la obertura de 'Carmen', de Bizet, con un Marzio Conti que está cómodo al frente de la orquesta Oviedo Filarmonía. Lo saben los músicos y lo nota el público, que aplaudió con calor las versiones de la formación.

Conti es un director muy latino, de tiempos muy claros, con especial control de los matices. La orquesta, dicho sea de paso, en todo momento respondió a las indicaciones del director y arropó hasta lo indecible a las cantantes, adaptándose a la perfección a unos tiempos de Caballé, en ocasiones, muy lentos.

En el programa se dieron la mano dos repertorios líricos. En la primera parte, el repertorio operístico internacional, con oberturas arias y dúos muy conocidos de Bizet, Gounod, Offenbach, Puccini, Catalani y Delibes. La segunda parte estuvo dedicada a nuestra zarzuela, con páginas de Penella, Barbieri, Vives, Fernández Caballero y Giménez. Programas como estos en los que figuran al mismo nivel la ópera y el teatro lírico español, además de equilibrados y atractivos, cumplen una gran labor en la reivindicación artística de nuestra lírica.

La voz de Montserrat Caballé, lógicamente, es una sombra de lo que fue. Sin embargo, conserva una vis cómica de indudable atractivo. Se desempeñó mejor en la segunda parte, dedicada a la zarzuela, que en la primera. Especialmente aplaudida fue 'La tarántula' de Giménez, que cantó acompañada por su hija y, sobre todo, las dos propinas finales, cantadas también a dúo: 'O, mio babbino caro' de Puccini y el 'Dueto de los gatos' de Rossini.

Monsterrat Martí es, por su lado, una soprano con un registro medio muy compacto. Tiene buena potencia y muy buena dicción -cosa rara en las cantantes de zarzuela-, aunque posee un registro agudo un poco arisco. Cantó con gusto especialmente las romanzas de Vives y de Fernández Caballero.

Entre ellas y el público existió una indudable complicidad y cariño. Había voluntad de «dejarse llevar» ante unas obras atractivas, interpretadas con ganas de complacer. Así, un entusiasta de la diva gritó: «¡Sigues siendo la mejor!», a lo que varias personas del público respondieron «Sí, señor». Esta fue la ocasión que aprovechó Montserrat Caballé para dirigirse al público, con estas palabras: «Ustedes son muy buenos y el maestro, estupendo. Agradezco mucho que me aguanten. No saben lo que es llegar casi a los 80 años». Y así se terminó de meter al público, entregado desde el primer momento, en el bolsillo.

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