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J. F. G.
Domingo, 2 de septiembre 2012, 13:08
Cansado, pero también decidido. Antonio Madriñán lo tiene claro. «Voy a llegar hasta el final», decía ayer mientras seguía dando vueltas al circuito de los Campos. Lleva así, corriendo, desde el mediodía del viernes, y salvo que el agotamiento que refleja su rostro y lastra sus piernas le venza, no parará hasta el mediodía de hoy.
«Lo más duro fue la madrugada», dijo su novia, Sheyla, que por cierto espera el primer hijo de la joven pareja. Según sus cálculos, a medianoche de ayer, es decir, treinta y seis horas después de tomar la salida, acumularía unos 200 kilómetros, a una media de 5,5 minutos cada uno. Si mantiene el ritmo, y todo indica que así será, superará los 250, prácticamente sin parar. Hasta ayer solo se había detenido para comer, para hacer sus necesidades y para echar una cabezada. En total, menos de dos horas. El resto corriendo, o como poco, las menos de las veces, caminando.
Y nunca estuvo solo. Además de su grupo de apoyo, formado, entre otras personas, por su novia, su fisioterapeuta, Leticia Sánchez, el hostelero Jesús Iglesias, encargado de la alimentación, y Carlos Sáez, representante en Asturias de la Fundación Meniños, le arroparon más de dos centenares de atletas populares, vecinos, aficionados, amigos o gente que simplemente quería colaborar con la causa corrieron junto a él. Algunos poco, sólo un par de vueltas, y otros durante horas. «Por la noche vino un grupo de seis atletas que estuvieron corriendo con él más de cuatro horas», afirma Sheyla.
Es el reto de Antonio Madriñán, un joven gallego afincado en Corvera, militar de profesión, ultrafondista por pasión y solidario por devoción. «Me gusta superarme y ayudar a los demás», dijo minutos antes de tomar la salida. El beneficiario es la referida Fundación Meniños, o mejor dicho, los niños que ampara. Al mediodía, cuando cruce la meta, se sortearán los reglaos que han aportado las numerosas empresas, asociaciones, instituciones y particulares que se han sumado al Desafío 48 de Antonio Madriñán. Las papeletas se venden a un euro, y todavía hay tiempo, tanto para comprar una -o más- como para acompañar a Madriñán en el tramo final de su reto solidario.
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