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I. REY
Viernes, 3 de agosto 2012, 05:27
Poco queda ya de la Casa de los Llanes, un edificio singular fechado en 1740, época en la que se estilaba la construcción de grandes palacios para la nobleza cortesana. Una pequeña edificación a los pies de La Catedral, que la Guía de Arquitectura y Urbanismo de Oviedo define como «pura retórica». La casa que conmovía a los arquitectos es ahora poco más que unas ruinas veladas tras los andamios. La propiedad tiene permiso municipal para solucionarlo, pero los pleitos que la rodean no se han solucionado. «Tienen licencia para un proyecto de reconstrucción, pero no ha comenzado por algún problema de bienes que desconozco en profundidad», informó el concejal de Urbanismo, José Ramón Pando.
El pasado año se procedió al derribo de lo que quedaba en el interior del inmueble. Y así se quedó. Aunque ni siquiera eso, asegurar la fachada y eliminar las galerías de madera en estado de ruina, fue fácil. En 2009, el vecino Colegio de Notarios denunció el riesgo de derrumbe de la Casa de los Llanes y exigió la intervención del Ayuntamiento. El Consistorio dictó una orden de derribo y dio quince días de plazo a la constructora. Paso más de un año sin que la propietaria, la empresa Proviasol, moviera una piedra. La crisis ya había aparecido y la empresa necesitaba encontrar financiación para los trabajos de derribo. Ya a finales de 2010, el decano notarial, José Luis Fernández Lozano, volvió a la carga. Hablaba de la posibilidad de un «siniestro» y culpaba al Ayuntamiento por su dejadez. Esta vez, sus reivindicaciones surtieron más efecto.
Para enero del pasado año, la empresa ya tenía financiación y en marzo los operarios comenzaron a desmontar la fachada del edificio que da al número 3 de Porlier. Por allí entraron las máquinas para retirar los escombros del interior
Polémica por la propiedad
La última dueña de la Casa de Los Llanes, Isabel Maqua, quiso dejar asegurado el uso de su edificio una vez que ella no estuviera. Imaginó que el inmueble, frente a La Catedral, era una ubicación idónea para una residencia sacerdotal. Fue su última voluntad.
En su testamento, leído tras su fallecimiento en 1961, Maqua legó la casa al Arzobispado. No estuvo mucho tiempo, sin embargo, en manos de la Iglesia, que se lo vendió a la constructora Proviasol, una decisión que no gustó nada a los herederos de la fallecida.
De hecho, acudieron a los tribunales, al considerar que se habían violentado las últimas voluntades de su familiar. Así comenzó una sucesión de pleitos, a los que se añadió el problema de lindes del Colegio de Notarios con la Casa de los Llanes. El enredo judicial aún no se ha solucionado. Hasta entonces, la Casa de los Llanes desentona cubierta por andamios en la plaza de la Catedral.
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