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PPLL
Viernes, 27 de julio 2012, 04:41
Durante los últimos 30 años, en el estuario avilesino sólo se reproducían dos aves acuáticas: la gallineta y el ánade azulón. Sin embargo, se pueden ver otras muchas especies a lo largo del año. Entre los patos, los no reproductores más frecuentes son las cercetas, los cucharas y los frisos. Estos últimos se observan durante la primavera desde hace varios años en la cola de la ría, a la altura del Hospitalillo de Llaranes, pero nunca se podía comprobar si criaban o no porque ría arriba estaba el acceso prohibido.
Al estar abierto al público desde el invierno el tramo alto de nuestra ría, el que mejor ribera tiene para la reproducción de las aves acuáticas, este año llevamos registradas una veintena de familias de azulones y una docena de familias de gallinetas. Y veíamos que allí permanecían dos o tres parejas de frisos.
Hace unos diez días se pudo confirmar la esperada noticia: una hembra con tres crías de ánade friso, y al día siguiente encontramos un joven de otra familia. Al menos han criado dos familias. Este hecho es importante, no sólo porque continúa la tónica de recuperación ambiental del estuario, sino porque el friso es una especie rara como reproductora en el norte ibérico: en Asturias sólo lo hace de forma periódica en el embalse de La Furta y de forma esporádica en otros embalses y en Villaviciosa.
Identificación individual
Hay gente que nos pregunta si los animales se distinguen entre ellos. La respuesta es afirmativa. Los humanos nos identificamos por la cara, el tamaño y otros rasgos físicos; los animales también tienen sus características peculiares en cada individuo, pero nosotros no solemos fijarnos en ellas. Es casi imposible diferenciar a simple vista entre dos seres pequeños (moscas, por ejemplo), pero ya es algo más fácil en animales grandes. Sólo hay que estar atento a los detalles. Y en Avilés lo pusimos en práctica con dos aves: patos y cormoranes.
Todo empezó viendo un documental en La 2 de TVE (no sólo entretienen o sirven para echar la siesta, sino que amplían nuestro conocimiento), donde se mostraba cómo el británico sir Peter Scott estaba estudiando los cisnes cantores islandeses, y se dio cuenta que la mancha del pico era diferente en cada ejemplar. Nosotros pensamos que esto se podría ver en otras aves grandes y así lo comprobamos. En el Monumento Natural de Llodero observamos que había varios detalles de plumaje en cormoranes grandes inmaduros por lo que se podían distinguir y así ver exactamente cuánto tiempo estaban en la ría. De esta manera podíamos seguir a un pájaro sin necesidad de anillarlo.
Con patos azulones vimos que las manchas de color del pico eran distintas en las hembras. Este detalle es muy importante si queríamos individualizar familias, ya que en la charca de Zeluán salían varias familias a la vez con pollos de la misma edad, y era difícil saber cuántas había exactamente, ya que salen y entran de la vegetación con frecuencia. Cuando vimos hembras con el pico muy semejante, buscamos otros rasgos que nos individualizasen a todas las madres, y los encontramos: la extensión de la ceja y el diseño de la pluma terciaria mayor. Esa combinación de 3 rasgos, unido a la edad del pollo, permite distinguir cada familia con seguridad.
Así, cada vez que recorremos la ría anotamos los rasgos de la madre y la edad de los pollos, y así contabilizamos el número de azulones reproductores en nuestra ría. Siempre se nos escapa alguna familia, pero a la mayoría sí las fichamos.
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