Nieves Areces Vázquez, rodeada por sus hijos Vicente y Miguel Álvarez Areces, disfrutando del parque de Begoña esta semana. :: JOAQUÍN PAÑEDA
GIJÓN

Doña Nieves cumple cien años

Maestra de la República que formó a varias generaciones de gijoneses durante más de cuatro décadas de docencia, este mes se convierte en centenaria La matriarca de los Álvarez Areces es la memoria viva del barrio de La Arena

AZAHARA VILLACORTA

Domingo, 1 de julio 2012, 13:11

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Cuentan que hubo un tiempo en el que la Peluquería Miguel ponía los relojes en hora cuando ella pasaba de camino al trabajo, tal era su puntualidad y su carácter metódico. Un tiempo en el que los señoritos pagaban tres pesetas por butaca en el cine Los Campos mientras que ella no podía ofrecerles a sus cuatro hijos más que el «gallineru», al módico precio de una. «Una época en la que la vida se hacía en la calle, en la playa», y en la que la familia disfrutaba de los merenderos del Piles bien provista de filetes empanados y tortillas. En la que, cuando llegaban los titiriteros de la cabra, se cortaba al tráfico rodado la calle Ezcurdia, su calle de siempre.

Uno de aquellos cuatro hijos que veían absortos 'Quo Vadis?', el segundo, Vicente, se convertiría años más tarde en alcalde de Gijón y presidente del Gobierno de Asturias, pero hoy, en un café de Begoña que sigue siendo su «despacho extraoficial», con su madre a punto de cumplir un siglo de vida el próximo día 27, se reivindica como «el hijo de doña Nieves», como se le conocía en el territorio de aquella infancia feliz en La Arena.

Aquí está ella también, memoria viva del barrio, con una sonrisa indeleble en la cara que no han conseguido doblegar ni los disgustos que le dieron sus hijos cuando empezaron a meterse en líos políticos, ni los achaques que la llevaron al hospital. Todavía coqueta y arropada por su otro hijo varón, Miguel, que cuenta de Nieves Areces Vázquez que «es una persona esencialmente generosa y buena. Y eso es lo que se trasluce viéndola». Algo en lo que coinciden también sus hijas Marinieves y Carmen, la mayor y la pequeña, con la que vive.

Nacida en Olloniego el 27 de julio de 1912, aunque con raíces en la zona de Grado, el primer golpe fue la orfandad, que la llevó a quedarse junto a la abuela Efigenia y a estudiar en las Dominicas para acabar Magisterio con 19 años en la Escuela Normal de Oviedo. Un título emitido por el presidente de la República, al que seguirían las oposiciones y la toma de posesión, el 6 de enero de 1935, en la Escuela de Niñas de La Cerezal (San Martín del Rey Aurelio), y el traslado posterior a la del El Aguilar (Mieres), donde conocería a su esposo, Vicente Álvarez Aneas, guardia civil natural de Otívar (Granada) destinado en Olloniego.

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Ya casados y con su marido enviado a Gijón, ella lo sigue, haciendo uso del derecho de consorte, y en la ciudad se establecen en los albores de la postguerra, «unos tiempos muy revueltos en los que tenía que compatibilizar su trabajo con criar a cuatro rapacinos», cuenta su hija Marinieves, que la recuerda «siempre trabajando, siempre estresada, de casa a la escuela y de la escuela a casa, pero con muy buen humor. Tanto, que yo nunca la vi reñir con nadie. En el barrio la quería todo el mundo muchísimo».

«Forma parte de una generación con mucha capacidad de sufrimiento, que pasó muchas necesidades y que perdió a familiares a manos de los dos bandos, que hablaba poco de lo que habían vivido por protegernos», resume Vicente hijo, que, si algo reconoce haber aprendido de su madre, ya viuda, es «la cultura del trabajo, del esfuerzo y no del resultado, la austeridad y una extraordinaria vocación pedagógica» que desarrolló durante más de cuatro décadas en la Escuela Graduada de Niños y Niñas de El Arenal, hoy Colegio Público Los Campos.

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Desde sus aulas, se convirtió en una referencia para varias generaciones de gijoneses, con «una casa por donde desfilaba todo el mundo» y con doña Nieves como referente de toda una comunidad. «Escuchando las preocupaciones de unos y otros, preguntando si los críos habían merendado o no», apunta la hija mayor, orgullosa del apoyo y la tolerancia que siempre ha encontrado en ella toda la familia, porque es en ella sobre quien siguen confluyendo las vidas de sus cuatro nietos y sus tres biznietos. De que siga acertando las preguntas de los concursos de la tele. De que no falte a votar ni unas solas elecciones. «De que siempre tuviese claro que las chicas eran igual que los chicos y que tenían que estar preparadas y tener independencia económica. De que siga entendiendo los chistes y sonriendo».

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