

Secciones
Servicios
Destacamos
A. PALACIO
Domingo, 29 de abril 2012, 12:58
Una maravilla de la naturaleza en plena comarca en la que se puede ver una cascada de algas, a los Reyes Magos, o una pagoda para el mismo diablo. Son sólo algunas de las formaciones que se encuentran en la gruta de Arbedales, en Pillarno, y solo siete kilómetros de Avilés, con ayuda de la imaginación.
La gruta, que descubrió Manuel del Busto en 1964, debe su nombre al lugar más antiguo de Pillarno y las formaciones del interior pertenecen al periodo Devónico de la era Paleozoica. Hace 50 años, solo dos antes, a pocos metros de distancia se descubrió otra cueva similar, que por el contrario no se puso en valor ni nadie luchó por conservarla. «De hecho, se abrió coincidiendo con unas fiestas de la zona y los vecinos acabaron con todo», relata Joaquín Alberto del Busto, actual propietario de Arbelades tras la muerte de sus padres.
Del Busto no cuenta con ningún apoyo económico ni por parte del Ayuntamiento de Castrillón ni por parte del Ejecutivo regional, y de hecho la relación que mantiene con ambas administraciones es un tanto tensa. Sin embargo, lamenta la falta de ayudas «para ponerla en valor» y convertirla en parte de un circuito turístico por la comarca avilesina.
Las maravillas naturales también entienden de crisis, pocas cosas se libran hoy en día. «Estos años hemos perdido muchos visitantes, no pasaremos de los 2.000 cuando hubo épocas de tener 10.000», lamenta Del Busto, que hace de guía para todo aquel que se acerque. «Por lo general suelen llegar más turistas del resto de España, y también extranjeros» gracias a la publicidad que deja en los hoteles y casas rurales. Por suerte, este mes, tiene programadas «varias visitas escolares» y recuerda que durante muchos años recibía alumnos «de colegios de toda Asturias» cada semana. Y son habituales las excursiones de la tercera edad, llenas de anécdotas para la posteridad.
La primera vez que se accedió a la cueva «se bajó por un hueco que había quedado tras retirar unas piedras de la cantera», y posteriormente se construyó la entrada artificial por la que se accede todavía ahora. En los últimos días, debido a las fuertes lluvias y al paso de 'Petra' por el Principado, había más humedad y hasta agua en el interior de la gruta, que de lo contrario tiene una capa brillos, que no son otra cosa que cristales de calcita, o lo que es lo mismo, carbonato cálcico cristalizado, que se observan en cada rincón de los casi 600 metros cuadrados que tiene la gruta, dividida en tres estancias.
La sala principal es la más espectacular de las tres estancias en la que está dividida el interior de la gruta, que mantiene una temperatura constante de 14 grados. «La formación del suelo mantiene las líneas originales que han quedado tras secarse un lago», cuyo nivel aún se adivina en la cueva porque las paredes marcan todavía ahora hasta donde llegaba el agua. Del Busto ha conseguido, gracias a la instalación eléctrica del interior, darle un aspecto más espectacular con el juego de luces. Esta formación de Gours se conoce como 'la costa verde'.
Presencia de agua
La sala principal «es completamente llana por la presencia del agua en el pasado» y en una de las paredes, tirando de imaginación, se puede ver un pie con sus cinco dedos. Y muy cerca se aprecia la erosión y el paso del tiempo en una cascada que han formado las estalactitas del techo, o las amplias columnas de diversos tonos -debido a la presencia del carbonato cálcico- que se crean. «Cada siglo crecen un centímetro cúbico como mucho, lo que equivale a un dado de parchís».
En esa misma estancia el techo mide cerca de 14 metros y en la parte del fondo se pueden observar diferentes desprendimientos de tierras, que están ahora todas unidas. En el centro de la bóveda se observa un conjunto de estalactitas translucidas y también, para deleite de los visitantes con más imaginación, «un conjunto que recuerda a tiras de bacon, que son en realidad banderas y tienen zonas más oscuras debido a las épocas más luminosas o por culpa de las precipitaciones en un determinado periodo», explica Del Busto.
El visitante también se encuentra aquí con 'la cascada de algas', que se originan por el agua que gotea por una grieta transversal en el techo, en lugar de formarse por el goteo permanente de las estalactitas. Dando un giro se encuentra con 'la adoración de los Reyes Magos', otro conjunto de estalactitas que todo el mundo reconoce fácilmente como Melchor, Gaspar y Baltasar.
«Lo que más llama la atención de los visitantes son las formaciones que se pueden encontrar en la sala principal, pero otros muchos también se quedan sorprendidos por la formación que llamamos 'la pagoda del diablo'», a la que Del Busto ha conseguido darle un aspecto más tétrico gracias, una vez más, al juego de luces. «Hay infinitas posibilidades y yo cada vez que entro descubro algo nuevo que no había visto antes, a pesar de todos los años que llevo dedicándome a esto». De hecho, son frecuentes las instantáneas que recogen detalles del interior, y son muchos los visitantes que podrían estar horas y horas tirando fotos. No en vano, es algo único, y los visitantes se dan perfecta cuenta de ello.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.