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Asturias

El temor a los enfermos mentales retrasa su cura, advierten los familiares

El congreso de salud mental finaliza con la conclusión de que los asturianos tienen peor opinión de los enfermos mentales que de los locos

R. MUÑIZ

Sábado, 31 de marzo 2012, 02:41

Si carece de dolencias mentales la estadística indica que terminará el día hablando con una treintena de personas; quien padece esquizofrenia apenas lo hará con siete. El círculo de un enfermo mental tiende a reducirse a medida que avanza la dolencia, lo que priva al paciente de gente con la que contrastar sus ideas, amistades que le amarren a una cierta normalidad. De estas cuestiones se habló ayer en la tercera y última jornada del Congreso nacional de enfermería de salud mental, celebrado en Oviedo.

La cita sirvió de alegato hacia la sociedad y los poderes públicos, a quienes se invitó a terminar con el estigma social que carga a todo enfermo mental. «Un estudio aún sin publicar realizado aquí en Asturias indica que la población considera al 'enfermo mental' peor que al 'loco'», lamentó Tomás López Corominas, presidente de la asociación de salud mental Hierbabuena.

El temor con el que se observa al enfermo mental «desalienta a las personas que tienen un problema a ir al centro médico y seguir un tratamiento, cosa que ven como acudir al patíbulo, con todo lo que eso afecta a su recuperación», abundó Nel Ánxelu González Zapico, presidente de la Asociación de familiares de enfermos mentales de Asturias (Afesa). Al estigma atribuyó este experto que «sólo el 5% de los enfermos mentales tenga un trabajo estable». El de Afesa advirtió de que la cuestión no es residual dado que «una de cada cuatro personas van a tener a lo largo de su vida algún problema mental, se le diagnostique o no».

El peso del estigma termina funcionando en dos sentidos. Por un lado deja al enfermo cada vez más solo, por el otro, termina afectando a la concepción que tiene de sí mismo. «La autoestima es una de las causas de la cronificación de estas dolencias», abundó Corominas.

«El mensaje que se nos da al final es que para recibir ayuda tienes que rendirte, reconocer que tienes una enfermedad en cuya cura no puedes aportar nada y que pasivamente debes asumir un tratamiento químico», lamentó. El resultado final es que cuatro de cada cinco suicidas son personas con enfermedades mentales mal cuidadas.

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