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Rastrillo solidario instalado en la capilla San Lorenzo. :: J. BILBAO
De San Lorenzo a Mali
GIJÓN

De San Lorenzo a Mali

Alumnos del colegio gijonés montan un mercadillo para ayudar a equipar una escuela africana en Segue

DIEGO FIGAREDO

Miércoles, 15 de febrero 2012, 09:08

Una biblioteca completamente equipada y un aula para educación infantil. Dos proyectos que grano a grano ha ido construyendo para un colegio de Mali, en África, la ONG Escolinos Sin Fronteras, una iniciativa solidaria a la par que educativa, pues todos sus miembros cursan tercero de ESO en el colegio San Lorenzo. La asignatura Educación para la Ciudadanía, que imparte la profesora Belén Prendes, lleva cuatro años canalizando los contenidos de la asignatura a través este modelo de organización de cooperación internacional.

En este curso, el objetivo es poder equipar el aula infantil que ayudaron a construir en 2011. Para ello han montado un mercadillo en la capilla del colegio -frente a la escalera 2 de la playa-, donde se podrán adquirir hasta el domingo todo tipo de libros, juguetes, peluches y objetos decorativos donados por los propios alumnos, profesores y vecinos. También cuentan con una zona especial de artesanía africana: pulseras y colgantes elaborados por los estudiantes de Segue, la aldea de Mali con la que cooperan.

Todo lo recaudado a través de este mercadillo y de otras iniciativas que desarrollarán a lo largo del curso -el año pasado lograron reunir unos 1.500 euros- irá destinado íntegramente a la ayuda para esta aldea africana. Allí trabaja una antigua profesora del centro, Carmen Cajigal, religiosa de Santo Ángel de la Guarda, quien actúa como el nexo de unión entre Segue y Gijón.

Ayer visitó a los alumnos que integran Escolinos Sin Fronteras y les estuvo contando las condiciones de vida de Mali. Una confesión que arrancó más de una lágrima: «Vimos que nuestro trabajo no es en vano, que nuestra ayuda llega y que están muy agradecidos», explican las alumnas Zahira García, Palma Muñoz y Ana Piñera. «Además, la relación no es solo en una dirección, ellos nos escriben cartas y nos cuentan cómo viven. Estamos aprendiendo mucho», confiesan.

El valor de un caramelo

Una de las anécdotas de Carmen Cajigal que más les impactó fue el comportamiento de los niños ante el regalo de un caramelo: «No se lo comen, lo guardan y lo parten en trocitos para compartirlo con sus hermanos». Todo un ejemplo de solidaridad que ha reforzado la implicación de los alumnos con la ONG: acuden fuera del horario de clases para atender el mercadillo y ven el proyecto como «algo más que una nota».

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