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ALEJANDRO CARANTOÑA acarantona@elcomercio.es
Domingo, 5 de febrero 2012, 12:17
Anoche, algo más tarde de las once y media, se cerraba en el Teatro Campoamor la LXIV Temporada de la Ópera de Oviedo, con la caída del telón tras la última representación de 'Peter Grimes', quinto y último título. La Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera de Oviedo (ese es su nombre completo) tiene al frente a Jaime Martínez, médico ovetense, apasionado del rugby (preside el Oviedo) y amante de la ópera, rasgos todos que se traslucen con entusiasmo en la conversación. Él, que es además el presidente del patronato de la Fundación Ópera de Oviedo, hace balance y se prepara para el escrutinio de los abonados, que el próximo mes de abril decidirán si el actual equipo sigue con su labor otros cuatro años o si, por el contrario, se produce el relevo en la casa, después de ocho años con Martínez al frente.
-Compagina muchas actividades. ¿Por qué vale la pena estar al frente de la ópera?
-En efecto, ser presidente es un honor que no está remunerado más que cuando cumples con algo en lo que crees. Algo que implica a la sociedad, que eleva la cultura y que contribuye a «hacer algo» por ella, por el sitio en el que vives y al que amas. Esa satisfacción no se paga con dinero.
-¿Tampoco lo paga la ciudad?
-A la ciudad la ópera no le cuesta nada. Gana dinero: ahí está la auditoría.
-No obstante, será satisfactorio para ustedes que el nuevo alcalde de Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo, saliera del estreno de 'Peter Grimes' emocionado, y que lo expresara en Twitter...
-Estamos muy agradecidos por la contribución pública a la ópera: el Principado ha reducido la asignación, pero por otra parte nos cede a la Orquesta Sinfónica del Principado, que es todo un lujo. Nos sentimos respaldados.
-Al llegar estas fechas, parece que el balance es fundamentalmente económico. ¿Les molesta, entonces, que les traten casi como a un servicio público?
-Esta temporada de ópera es la segunda más antigua de España, solo por detrás del Liceo. Lo más destacable, para mí, es la implicación de la sociedad civil.
-Las críticas no solo vienen por los números, también por lo artístico. ¿Cómo lo encaja este equipo?
-Yo soy el muñeco del pim-pam-pum. Yo asumo esa responsabilidad, que es fundamental, y es todo un orgullo y un honor: ¡por supuesto que podemos mejorar la calidad! ¡Por supuesto que se han cometido errores! Pero la línea de programación es de un nivel altísimo y con una visión amplia. Nos encantaría poder llegar a Gijón y Avilés con retransmisiones en directo, eso sí. Y ahí lo dejo.
-Hay quien lo dice: ¿No serían viables un par de funciones en la Laboral, o en el Teatro Valdés?
-Esta no es una de esas compañías itinerantes que lleva un par de telones, una orquesta y todo el montaje a cuestas. 'Peter Grimes' ha requerido diez días exclusivamente de montaje... El Ceares juega con once tipos y un balón, igual que el F.C. Barcelona. Nosotros no.
-Dado ese despliegue, ¿no asumen riesgos demasiado elevados?
-Por eso digo que me importa mucho la implicación de la sociedad civil y que me gustaría que fuera aún mayor, para poder tener más seguridad en las programaciones que se elaboran a 2, 3 o 4 años vista. En ese sentido, la 'Norma' que pudimos ver en diciembre fue un salto al vacío, y salió muy bien.
-Si les va de maravilla, incluso con la que está cayendo, ¿significa eso que la ópera está blindada?
-Está muy bien programada, asumiendo riesgos calculados. Traer una ópera de Britten era uno, y recibimos ovaciones. A pesar de una minoría, que tiene por costumbre criticar o un gusto especial por la ópera italiana del siglo XIX, cuando se ofrece calidad la respuesta es muy buena. Además, somos una familia: no es casualidad que esto salga bien.
-¿Cómo encara este equipo el proceso electoral de abril?
-Nosotros nos presentamos. Es cierto que no cumplimos con el sexto título que habíamos propuesto, pero hemos ampliado funciones, hemos aumentado la accesibilidad a la ópera (pueden adquirirse entradas desde 15 euros el día de la función), hemos renovado el coro, que se ha convertido en el primero no profesional que canta 'Peter Grimes' en España...
-En cuanto a esta temporada en concreto, ¿cuál es su balance?
-Creo que en una relación riesgo y calidad, ha sido una excelente temporada. Abrimos con 'El murciélago', una apuesta. Es la segunda ópera más representada del mundo y nunca se había hecho en Oviedo. Luego, 'La italiana en Argel', una pieza divertida, con un Pietro Spagnoli de altísimo nivel... Seguimos con 'La flauta mágica', que hacía 20 años que no se programaba. Y al que no le guste Mozart... pues en fin. Trajimos a 10 cantantes de primera fila para el elenco. A continuación, hicimos una 'Norma' que muchos daban por imposible, de la que se decía que iba a ser cancelada, y vimos algo que nunca se repetirá: Sondra Radvanovsky estrenando el papel. Quizás algo así se repita, pero, como poco, será en el Met de Nueva York. Y cerramos con 'Peter Grimes', con Patxi Aizpiri y Lola Arenas haciendo un trabajo excepcional que coloca a nuestro coro a la altura de los mejores de España.
-¿Qué le falta, entonces, a usted? ¿Cuáles son sus deseos?
-Que las administraciones se pongan de acuerdo y se acometa la obra escénica que requiere el Teatro Campoamor, primero. Aquí se hacen milagros: apenas sobraba un palmo de escenario en el último montaje. Por otro lado, Stuart Skelton, el tenor que ha interpretado a 'Peter Grimes', jugaba a rugby, y le llevé a un par de partidos del Oviedo. Los chavales vinieron a verle cantar, y muchos volverán a hacerlo. Pues eso quiero. Que vengan más: es barato, es accesible...
-La eterna cuestión: ¿Cómo pueden hacerlo y quitarse el sambenito de elitistas?
-Las puertas siempre estuvieron abiertas. Pero ¿por qué vamos a quedarnos en los valses de Strauss y los pianos de Chopin? Tampoco se puede entrar aquí por Mahler, claro, porque uno que venga de nuevas no vuelve en la vida. Lo maravilloso de esto es que se entra por Strauss, se sigue por Mahler y luego se puede volver. En eso se basa nuestra línea: esto es algo especial. Yo voy de traje a la ópera porque lo es. Yo me preparo, leo, escucho, comento, porque lo es. Queremos que el público participe de eso.
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