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RAMÓN AVELLO
Martes, 31 de enero 2012, 03:39
El viejo Aristóteles concedía al teatro trágico una función purificadora del público. La representación violenta de las pasiones era como una medicina que liberaba al alma del espectador de las pasiones que esta tragedia representaba. A esta liberación la denominaban en Grecia «catarsis» o purificación. La catarsis se realizaba de dos formas opuestas: por identificación o empatía con los personajes de la tragedia, o por rechazo de los mismos. A este último tipo, la del rechazo, pertenece una ópera trágica como Peter Grimes, que cierra esta semana la LXIV Temporada de Ópera de Oviedo. Tras 'Norma', en mi opinión el gran éxito de la temporada, este 'Peter Grimes' fue la representación más interesante. El éxito de una ópera como esta, de Benjamin Britten, no está en que al público le «guste», disfrute y se emocione con ella, sino en que «enganche», que sorprenda, e incluso que cuando llegue el final, ese espectador atrapado y enganchado respire con alivio, como si hubiese despertado de una triste pesadilla.
La concepción escénica de David Alden atrapa al espectador. Alden subraya determinados aspectos oníricos y expresionistas de la ópera de Britten. Las superficies inclinadas, como si sobre ella todo lo que se colocase estuviese a punto de rodar, produce una sensación psicológica de inestabilidad; la iluminación con fuertes contrastes, inspirados en el tenebrismo pictórico, genera cierto desasosiego, incrementado por unos movimientos escénicos amenazadores y violentos. Hay un ritmo escénico que se va intensificando progresivamente en el transcurso de la ópera. Así, frente a un prólogo y un primer acto meramente expositivo, el segundo acto incrementa la tensión, que adquiere su momento culminante en la segunda escena del tercer acto. Britten era un orquestador nato -de hecho, su obra más conocida es la 'Guía de orquesta para jóvenes'-, lo que se traduce en esta ópera en un amplio despliegue de color sinfónico, bien matizado pero algo contenido y severo, dirigido por Corrado Rovaris.
Y aunque la OSPA realizó un buen trabajo, la sorpresa musical fue, sin duda, la riqueza y expresividad del Coro de la Ópera de Oviedo, creo que el mejor y más complejo trabajo que han realizado en toda su historia. La variedad de dinámicas -pocas veces se escucha un grito tan fuerte como el «Peter Grimes» del tercer acto ni pianísimos tan suaves y al mismo tiempo audibles como los cuchicheos murmuradores sobre notas arracimadas-, la variedad de texturas, e incluso de movimientos coreográficos que requiere la obra fueron interpretadas a la perfección por el coro ovetense. Un coro de ópera no sólo tiene que cantar, sino que actuar, y ayer el Coro de la Ópera de Oviedo realizó, con una gran excelencia interpretativa, estas dos facetas.
Indudablemente en la concepción vocal de 'Peter Grimes' predomina un estilo recitativo que al compositor le servía para explorar las cualidades dramático musicales de la voz y del idioma inglés. Sin embargo estos recitativos no son secos e imprecisos 'parlatos' y cantilenas. Poseen una variedad melódica con cierto regusto cromático y una gran ambigüedad tonal, que personaliza los papeles de cada uno de los personajes. Rebecca de Pont Davies interpreta el rol de Auntie con gran solvencia teatral. Peter Sidhom, en el papel de Capitán Balstrode, el amigo de Peter Grimes, destaca más por las cualidades declamatorias que las meramente melódicas. Excelente su parte hablada -curiosamente fue el momento de mayor silencio en el Campoamor; no se oyeron ni las recalcitrantes toses- cuando le muestra a Grimes el camino del suicidio. De los dos protagonistas, Judith Howarth nos ofrece una Ellen Orford generosa, tierna y con un hálito de tristeza. Impecable su aria del 'bordado de infancia', ('Embroidery in childhood...'), la más clara concesión al lirismo en toda la ópera. Y sin duda, la interpretación más destacada fue la de Stuart Skelton, que encarna un Peter Grimes poliédrico. Tanto en la voz, con una precisión en los difíciles saltos interválicos, como en la humanización de la compleja personalidad de Peter Grimes.
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