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MILIO'L DEL NIDO
Jueves, 26 de enero 2012, 03:44
Cuando intentamos enfrentarnos a un problema, si queremos resolverlo con ecuanimidad, nos encontramos con complicaciones, pues a menudo son múltiples las facetas que concurren, influyendo en el planteamiento y por lo tanto en el resultado. Desde hace años soy consciente que casi nunca los problemas complejos tienen soluciones sencillas y el tema del Naranco, si queremos enfrentarnos a él, es de lo más enmarañado, sobre todo si no se tiene formación técnica y solamente se cuenta con la buena intención como herramienta, cual es mi caso.
Tengo la impresión de que en la actualidad no es tan normal la subida de La Cuesta como lo era durante mi infancia. Siendo niño era de lo más habitual, principalmente en el verano, ver partidas de chiquillos entre los diez y los quince años, subiendo por El Plano o por La Fuente de Los Pastores hacia la cima de la montaña. Me parece que en la actualidad esto ya no es así, porque los chavales de ahora tienen menos libre albedrío, unos por la sujeción de los padres y otros por los artilugios electrónicos que los atrapan. El caso es que no debe ser tan fuerte la impronta marcada por el monte en la personalidad de los ovetenses.
El Naranco es por definición el monte totémico de Oviedo, en él están algunos de los monumentos más representativos del arte asturiano y en él quedan restos de valor arqueológico que deberíamos cuidar. Su valía sentimental para los ovetenses es inmensa, su función como pulmón de la ciudad parece clara.
Por otra parte, las posibilidades de explotación económica son obvias, pero no sé muy bien como deberían conjugarse todas las opciones que a su alrededor se agitan y tengo la impresión que las que se están desarrollando no son las más idóneas.
Desde mi ignorancia creo que la concesión indiscriminada de permisos de construcción de chalets en su cara sur no favorece en absoluto el futuro de nuestro monte, que pronto quedará convertido, de seguir así, en una zona residencial, sin personalidad alguna, que ahogará toda la belleza de la montaña.
Por otro lado, la explotación gigantesca de las canteras de la cara norte amenaza con dejar solo en pie una fachada, vacía en su interior, que hará imposible su regeneración.
Para poder tomar decisiones sobre el mismo, paso fundamental sería el de la aclaración sobre los derechos de propiedad, ya que imagino concurrirán diversos intereses.
Quizá fuera necesaria la puesta en marcha de un concurso de ideas para la puesta en valor integral del monte, de este concurso debería salir un plan de futuro que garantizara la preservación de sus valores históricos, medio ambientales, económicos y sociales.
Creo que la mayoría de los ovetenses guardamos en nuestro memoria recuerdos de infancia almacenados durante nuestros paseos naranquinos y que, aun no teniendo ningún derecho de propiedad escrito en el papel, sí que atesoramos una posesión espiritual sobre nuestra montaña, teniendo por tanto el derecho a intentar intervenir en su conservación y futuro.
Sería bueno que, en medio del barullo de la actualidad, guardásemos siquiera un minuto para pensar en el Naranco.
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