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Cultura

Una 'Norma' arrebatadora

RAMÓN AVELLO

Sábado, 10 de diciembre 2011, 03:38

En el arte, como en la vida, es frecuente que grandes expectativas generan decepciones y a la inversa, limitar las expectativas previas, puede dar lugar a sorpresas y triunfos. En 'Norma', el cuarto título de la 64 Temporada de Ópera de Oviedo que primero se anunció como versión de concierto y luego como una semiescenificación con la intención de dar movilidad y dramatismo al recital, las expectativas se limitaban especialmente al elenco vocal. Cuando segundos antes de iniciarse la representación -hay reivindicar también el plano teatral y escénico de lo que hemos visto y oído - se anunció que la soprano Sondra Radvanovsky padecía un proceso catarral, las expectativas vocales bajaron considerablemente. ¡Lo que faltaba! Una 'Norma' con una Norma acatarrada, pensábamos, es como un oasis sin palmeras, un firmamento sin estrellas. Sin embargo, esa alarma sobre el catarro de Norma tuvo una virtud catárquica para la soprano -el pequeño fallo estaría justificado- y empática para los espectadores, que permanecimos en vilo y compadecios por algunas toses de Norma, y sobrecogidos no sólo por su esfuerzo, sino por la belleza de su canto.

La 'Norma' que vimos fue mucho más allá de las expectativas que teníamos. Para empezar, la concepción escénica de Susana Gómez nacida de una limitación económica y de un intento de superación, poseía una gran sugerencias plástica, efectividad dramática y algo que los escenógrafos a veces parecen olvidarse subordinación al mundo de la voz. Para continuar, la dirección musical de Roberto Tolomelli, que tuvo momentos verdaderamente sublimes al frente de la OSPA. Uno de ellos, la introducción orquestal del segundo acto, con unos violonchelos de la orquesta en estado de alta gracia, casi como en trance, y, especialmente todo el 'Finale' del acto II, creo que con el final de 'Tristán e Isolda' dirigido por García Calvo la temporada pasada, uno de los grandes finales del Campoamor. La concepción sinfónica de Tolomelli combinó el efectismo y colores recios con una sonoridad dulce, leve, muya apropiada para arropar las arias y cavatinas. Una labor de Tolomelli refrendada siempre por el Coro de la Ópera de Oviedo, que estuvo exquisito en los concertantes con Norma, rotundo, agresivo, solemne en las escenas de coro a solo o en los concertantes con Oroveso.

Sin menospreciar la grandeza del coro, lo apropiado de la escena, la fluidez y ductilidad de la OSPA y la inteligente concepción de Tolomelli, la razón fundamental de esta Norma arrebatadora ha sido el elenco vocal y muy destacadamente, Sondra Radvanovsky. Se puede decir que en cada pasaje, en cada aliento de Norma late un recurso belcantismo. Técnica respiratoria de ventrílocuo en los 'fiati' de Carlo Colombara, manteniendo y prolongando la nota en su aria: 'Ah del tebro'. Técnica exquisita en la variedad de cantos, en la llamada 'messa di voce' por la que Dolora Zajick matiza, fortaleciendo y apianando como si fuese una diosa de los vientos, una nota en el registro agudo. Rigor y pulcritud en Aquiles Machado en un papel como el de Pollione en la que muchos buenos tenores esquivan con falsete, dificultades en el registro agudo y que Machado aborda con voz natural, lo que una vez le hizo gallear brevemente en el duetto con Adalgisa. Tiene Aquiles un timbre muy hermoso, y, pese a ese desliz, cantó siempre con corrección. Respecto a Sondra Radvanosky, el refinamiento con un canto muy ligado pero sin amaneramiento, o la propia densidad sonora son exponentes de esas cualidades magistrales de su canto. Pero por encima de todo ello, está la fuerza de la expresión, la capacidad de comunicar y conmover que arrebató al público, en varias ocasiones. La primera en 'Casta diva', y la más fuerte e intensa en el intenso y culminante final del segundo acto.

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