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Escena final de 'La flauta mágica'. En el centro, Kenneth Kellogg (Sarastro), recibe a los iniciados tras superar las pruebas. :: ÓPERA DE OVIEDO
Un viaje maravilloso hacia la luz
Cultura

Un viaje maravilloso hacia la luz

El Teatro Campoamor acoge con entusiasmo una dinámica representación de 'La flauta mágica', tercer título de la LXIV Temporada de Ópera de OviedoÉxito de público y artístico de una moderna y desenvuelta representación de la ópera de Mozart

RAMÓN AVELLO

Lunes, 14 de noviembre 2011, 11:16

La universalidad de 'La flauta mágica' no está solo en la música de Mozart o en el transfondo fraternal de la humanidad que se apunta en el libreto, sino en algo tan leve como la capacidad de gustar, de atraer, por diferentes razones, a públicos de distintas condiciones y edades. 'Chacun à son gôut', cada uno a su gusto, dicen en Francia. Y una buena representación de 'La flauta mágica', como la que vimos ayer en Oviedo, puede entenderse como un cuento para niños, undrama musical intelectual o un tratado de esoterismo.

Esa variada multiplicidad, unificada por la música de Mozart es la que hemos visto en esta producción de la Ópera de Garsington que se representó en el Teatro Campoamor. Tercer título de la 64 Temporada, con las localidades casi agotadas para todas las representaciones. Tanto las que se celebrarán los próximos 15, 17, y 19 de Noviembre, como para la función fuera de abono del día 18. Como sucedió hace dos años con Don Giovanni, es incuestionable que el operismo mozartiano, atrae públicos y vende entradas.

En la concepción escénica de Olivia Fuchs, la acción de 'La flauta' se traslada a una actualidad imaginaria. Olivia sugiere mediante el dinamismo de las escenas un viaje, una peregrinación purificadora hacia un mundo luminososo y pacífico. Escena casi minimalista y de sugerencias oníricas, pero variable por llos juegos cromáticos de la iluminación y enriquecida con elementos simbólicos continuos y con guiños humorísticos constantes que agilizan la representación. Vestuario imaginativo, qeu combina una estética casi punk con vestidos deportivos, kimonos orientales o trajes militares, lo que sugiere esa universalidad implícita en el singpield mozartiano.

Para el melómano asturiano, Paul Goodwin, el director británico que ayer dirigió a Oviedo Filarmonía y a los cantantes que interpretaron 'La flauta mágica', es un músico familiar. Hace un año Godwin, uno de los candidatos a la sucesión de Valdés, dirigió a la OSPA en un programa en el que se aunaban el barroco y Stravinsky, dos de sus especialidades. Su versión musical de 'La flauta mágica', fue atractiva. Pese a la poca densidad de las cuerdas, a veces algo descarnadas, consiguió efectos arrobadores en madera, especialmetne oboe clarinete y fagoty y buen empaste en los vientos. Y sobre todo, condujo al Coro de la Ópera a aunténticas cimas interpretativas. Los finales corales de los dos actos fueron de un empaste, afinación y majestuosidad coral prodigiosos.

Ninguna nota es superflua en Mozart, por lo tanto, todas las voces secundarias, desde las damas con trajes de cuero de la Reina de la Noche a las simpáticasmuchachas con pijama que acompañan a Tamino, pasando por los sacerdotes tienen una importancia central. Las intervenciones de Cristina Obregón, Maria José Suárez y Mireia Pinto como damas de la Reina de la Noche, fueron especialmente afortunadas. Otro secundario soberbio fue Iván García el bajo que desempeña el papel de Orador o Primer Sacerdote.

Entre los solistas, el tenor José Luis Sola interpreta a Tamino con nobleza en la línea de canto, lirismo en el color pero un control poco regular del volumen. Iride Martínez como Reina de la Noche, como soprano de coloratura da todas las notas, incluso los fas y el la sobreagudo de sus dos arias, le falta tersura brillo, en los registros medios. Valentina Farcas es una Pamina que como exige el papel, se transforma y crece, inclusio en los aspectos vocales. El segundo acto, especialmetne el aria del desconsuelo por el abandono de Tamino fue de una gran delicadeza y emotividad.

Dejamos para el final a los mejores. Joan Martín-Royo encarnó no sólo un divertido Papageno, sino también un barítono encnatador y Kenneth Kellog, como Sarastro, fue un bajo más que profundo, telúrico. Retumbaba el alma con su voz.

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