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Joan Martín-Royo y Manel Esteve, que encarnan a Papageno. :: MARIO ROJAS
Dos Papagenos para una 'Flauta'
Cultura

Dos Papagenos para una 'Flauta'

Los barítonos de los dos repartos de 'La flauta mágica' subrayan la exigencia teatral, más que vocal, de su papel La ópera de Mozart levanta hoy el telón en el Campoamor. Antes, hablan sus protagonistas

ALEJANDRO CARANTOÑA acarantona@elcomercio.es

Domingo, 13 de noviembre 2011, 03:39

Es inevitable fijarse, nada más estrechar la mano a Joan Martín-Royo y a Manel Esteve, en sus parecidos y diferencias. Los dos son Papageno en 'La flauta mágica', Martin-Royo en el primer reparto y Esteve, en el segundo, que se subirá a las tablas del Campoamor el próximo viernes 18.

Joan Martín-Royo es alto, habla con voz pausada y profunda, se entretiene en pronunciar cada sílaba. Manel Esteve es más bajo, tiene barba, es mucho más guasón y tiene un acento catalán bastante más pronunciado que el barítono del primer reparto. Su voz también es más rasposa que la de su compañero y, aunque uno trate de ver las diferencias, Martín-Royo avisa: «La gente no nos juzga cuando hablamos, sino cuando cantamos».

No obstante, el de Papageno es, dicen, uno de los papeles de 'La flauta mágica' más accesibles (nunca se atreverán a decir «fácil»), puesto que Mozart lo escribió para el empresario Schikaneder y no para un cantante, de forma que, señalan los dos, «cualquier tesitura masculina puede con él, aunque sí puede dar problemas en el registro más grave».

Eso sí, ambos coinciden en que la auténtica dificultad del Papageno reside en la dimensión actoral: «Sí decides hacer el papel por lo físico, puedes acabar agotado»

Papageno es el papel favorito de Joan Martín-Royo, que destaca su «rebeldía, simpatía y profundidad. Quizás sea el que más piensa, y el más próximo. No está nada infantilizado, pero es el que tiene una mayor capacidad de descubrir y de ilusionarse».

Esteve coincide en que sea un soñador, pero no quiere dejar de apuntar que «es listo, pero no inteligente». Lo importante es, en cualquier caso, «que la gente se lo pase bien», prosigue.

Papageno no es un Dalí, al que Martín-Royo ha encarnado recientemente con una carga de investigación «imprescindible». Papageno está basado «en todo y en nada, es el pueblo llano de la época».

La época: no olvidemos que estamos ante 'La flauta mágica', ni más ni menos. Estos dos barítonos no tienen miedo. «Cierta responsabilidad», señala Esteve, «sí». Y Martín-Royo completa con un «máximo respeto. Pero como cada vez que te subes a un escenario: respeto al público, compromiso con la compañía y con todo el resto del equipo que está tras la ópera».

Estamos sentados en el primer piso del Campoamor, con el teatro tranquilo unas horas antes de que prosigan los ensayos, mientras que prueban luces. Pasa una mujer de la limpieza que los observa con curiosidad, y se oye un golpe seco, un chasquido que quiebra la calma del teatro en penumbra.

«Estamos probando la horca, ya», ríe Esteve. No quieren adelantar demasiado, pero creen que este Papageno, el que les ha tocado encarnar, va a sorprender al público ovetense. Ambos lo tienen desde hace tiempo en sus repertorios, ambos lo han cantado e interpretado un buen puñado de veces. Pero en esta ocasión anda en bicicleta, y es un punky.

«Se espera que sea el motor de la ópera», dicen, «y no tiene por qué ser así». De esta forma, ambos confían bastante en la labor de Olivia Fuchs, la directora de escena que, según adelantan, ha construido 'La flauta mágica' de forma que es una «historia bien explicada».

Joan, el Papageno del primer reparto, habla alemán con fluidez y se le nota cuando deja escapar algún término, pronunciado cadencionsa y elegentamente. «Yo soy de Albacete», repone Esteve con más guasa. «Lo complicado es que esta ópera tiene diálogos en alemán: al cantar, siempre puedes apoyarte en los acentos musicales para aprenderte la pronunciación. Pero con el alemán hablado estás vendido».

Le inspira confianza, sin embargo, contar con Jaume Tribó, el asesor lingüístico que les ayuda con el idioma, y con una directora de escena, Fuchs, que habla alemán a la perfección.

Un irreconocible Esteve (caracterizado con un turbante) interpretó a Haly en la anterior ópera de esta temporada, 'La italiana en Argel'. Allí tuvo la suerte de interpretar «una de las arias más bonitas», que los dos cantantes tararean con una precisióntremenda. «Y da la casualidad», sonríe, «de que en la entrada sonaron algunas notas de 'La flauta mágica'».

Tienen ganas de subirse a escena. Tienen ganas de cantar lo que Esteve llama «una ópera del off-Broadway del siglo XVIII», esquivando la crítica destructiva y tratando de aprender de la constructiva. Tienen ganas de ver, en la platea, las caras de sorpresa cuando se empiecen a descubrir los misterios que este montaje depara al espectador. «Van a chocar planteamiento, psicología y escenario», advierten ante la inminente subida del telón. Desde las tablas también se ven, con curiosidad, las caras que pueblan el patio de butacas.

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