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El seleccionador nacional Vicente del Bosque, ayer, a su llegada al recinto ferial de Vegadeo. :: LUIS SEVILLA
«No soy todo lo bueno que podría ser»
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«No soy todo lo bueno que podría ser»

Vicente del Bosque revolucionó ayer Vegadeo en la clausura del III Foro Comunicación y Escuela

JAVIER BARRIO

Miércoles, 26 de octubre 2011, 10:26

Desde Madrid hasta Vegadeo, en el límite de la Asturias occidental, hay un buen trecho. Sobre todo si hay que cubrir la última parte del viaje, la que separa el aeropuerto del Principado de esta localidad, por carretera. El largo viaje, acompañado de su pertinente madrugón, puede provocar cansancio y éste, según el perfil de cada uno, puede derivar en malhumor.

A Vicente del Bosque, seleccionador nacional, no se le apreciaba ayer ni un resquicio de lo uno ni de lo otro cuando descendió del vehículo que le llevó hasta el Ayuntamiento de Vegadeo en torno a las 12 de la mañana. Y, mucho menos, cuando, varios minutos más tarde, tuvo que lidiar con las preguntas de los más pequeños, algunas muy comprometedoras, en el recinto ferial de esta localidad, en el marco de la jornada de clausura del III Foro Comunicación y Escuela. «No soy todo lo bueno que podría ser», aseguró tras una de esas preguntas que, nacidas desde la inocencia, salían del público y trataban de ensalzar sus virtudes humanas.

La Copa del mundo, deslumbrante, viajó también en el equipaje del seleccionador nacional hasta Vegadeo y fue manoseada y fotografiada hasta cumplir con el deseo de todos los presentes. Era, quizás, el otro gran atractivo del evento de ayer que le podía hacer algo de sombra al técnico salmantino, pero ni con esas.

El acceso al recinto ferial de Vegadeo se amenizó con una de las canciones más éxitos de Coldplay. El popular 'Viva la vida' de la banda de Chris Martin, una melodía vinculada al estético fútbol del Barcelona, retumbó en el interior del edificio. Mientras, el que fuera técnico del Madrid en la por entonces incipiente etapa de los 'galácticos' accedía al salón con su singular y tranquilo caminar en medio de una atronadora ovación y de una nube de flashes.

Se permitió la licencia, para romper el hielo, de recordar la importancia que tiene del deporte en la sociedad actual y lo colocó en una escala educativa: «Soy padre de tres chicos y todos queremos siempre que nuestros hijos estudien, pero también tenemos que potenciar la actividad física porque les va a hacer muchísimo mejores. El fútbol, por ejemplo, es una escuela importantísima para vosotros y crea escuela».

Vicente del Bosque exhibió durante la generosa hora que duró el encuentro con los niños del Instituto Elisa y Luis Villamil parte de su esencia y, también, de su consabida habilidad para no pisar ningún charco. «¿Cuál es el mejor jugador de todos los tiempos?», le preguntaron en sintonía con un debate que ha levantado muchas ampollas. El técnico salmantino resopló, digirió la pregunta y respondió: «Ha habido muchos, pero ni me atrevo a decirlo. No cometeré el error de decir quién es el mejor».

Hubo otras dos preguntas aún más delicadas. Javier, de cuarto de la ESO, sacó a relucir el espinoso tema de la relación que mantienen en el vestuario de la selección los futbolistas del Madrid y del Barcelona. «Hemos tenido partidos con mucha influencia externa y mucha tensión, pero hasta ahora no hemos tenido problemas porque son unos chicos excepcionales», explicó. Otro frente que quedó zanjado.

El último punto ardiente del orden del día, avivado con las declaraciones efectuadas hace unas semanas por David Silva sobre su escasa participación en la selección, buscaba la fórmula para gestionar un vestuario en el que conviven tantas estrellas y no todas pueden tener un rol importante. Ahí no se escondió en la corrección y reconoció la dificultad: «Hay 12 futbolistas que no están acostumbrados ni a rozar el banquillo en sus clubes y hay que intentar que eso funcione».

Alguno, como el pequeño Mario, desató la carcajada de todas las personas que estaban en el recinto ferial de Vegadeo cuando al ilustrar una pregunta añadió un año a la fecha de nacimiento que luce el seleccionador nacional en su DNI. «Tengo 60 años, no 61, hasta el 23 de diciembre no los cumplo», puntualizó con una sonrisa, en un simpático gesto de coquetería, junto a Luis Felipe Fernández, coordinador del Foro, y a los periodistas Moncho Viña y Ángel Rodríguez, que conducían el acto.

La patada de De Jong

Sin perder detalle, con una sonrisa cómplice casi permanente, seguían el desarrollo de la entrevista la directora de la Fundación Príncipe de Asturias, Teresa Sanjurjo; el director general de Política Deportiva, Marcos Niño e, incluso, Aurelio Delgado, cuñado del expresidente Adolfo Suárez y que fuera también durante el mandato del carismático político jefe de su gabinete.

Hubo tiempo para recordar la escalofriante patada del tulipán Nigel de Jong a Xabi Alonso en la final del Mundial ante Holanda -«entiendo al árbitro, que no quería estropear el partido, pero se dejó una expulsión», dijo-. El gol de Iniesta en el último suspiro de ese inolvidable encuentro. El bajón anímico que le produjo la derrota ante Suiza en el primer partido del campeonato. Y la labor de futbolistas como Busquets, por el que Del Bosque siempre ha reconocido tener una especial predilección.

Pero también hubo margen para ahondar en su trayectoria y para que el salmantino deslizara que su futuro profesional puede terminarse con la selección. En ese sentido, el entrenador recordó que «estoy feliz con lo que he hecho en estas cinco etapas: cuando pretendía ser futbolista profesional, cuando llegué a serlo, la época en la que captaba gente para el Madrid, cuando pasé a ser entrenador y la de ahora en la selección. No creo que haya una sexta etapa».

La presencia de una representación de niños de la Fundación Edes, que trabaja con jóvenes que tienen algún tipo de discapacidad, desvió las cuestiones hacia otros frentes que también le tocaban muy de cerca al técnico salmantino por su hijo Álvaro. «No veo las cosas de distinta forma. Tengo un hijo con una discapacidad y creo que hay una gran sensibilidad en la sociedad con ellos», comentó, antes de puntualizar sobre su incursión en el deporte y su nivel de competitividad que «veo todos los fines de semana partidos de fútbol sala de personas discapacitadas y sufro casi más que con los de la selección».

Previamente al encuentro con los niños, Del Bosque había recogido la insignia de oro del Ayuntamiento de Vegadeo y, también, había dejado la primera rúbrica en el recién estrenado libro de firmas de la localidad. «En un ayuntamiento tan sencillo no teníamos libro de firmas», confesó Begoña Calleja, alcaldesa de Vegadeo, a lo que replicaba con gracia el galardonado que «decía la alcaldesa lo de pueblo humilde y, en el fondo, todos somos de pueblo, como digo yo, de campo de tierra».

Su proverbial capacidad para mantener la prudencia siempre intacta y la responsabilidad de forma permanente en guardia la sacó a relucir en ese momento de continuos halagos, cuando la Copa del Mundo lucía lustrosa a escasos centímetros de él, y el siguiente compromiso serio de 'La Roja' se vislumbra ya en el horizonte: «Nuestra preocupación es el futuro. Tenemos el reto de la Eurocopa el próximo verano y un buen deportista no puede recrearse demasiado en lo que ya pasó. Esperamos estar a la altura».

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