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RAMÓN AVELLO
Martes, 11 de octubre 2011, 04:39
A pesar de considerarse como el primer gran éxito de Rossini, 'La Italiana en Argel' solamente se había representado en el Campoamor en la temporada del 2001. Sin embargo, el aficionado asturiano a la música sinfónica habrá escuchado varias veces la encantadora Obertura de esta ópera, tras la Obertura del Barbero, la frase de oboe más famosa de Rossini que hace que ya antes de subirse el telón nos resulte la ópera algo familiar y nos predisponga a una actitud un tanto alegre y desenfada. Indudablemente 'La Italiana en Argel', estrenada en 1813, fue una opera compuesta, como normalmente se dice, 'al buen tuntún'. Pese a la rapidez de su composición -veintitrés días- y las digresiones algo farragosas del libreto, la ópera marcó un antes y un después en la actividad teatral de autor. Aspectos como el 'crescendo' orquestal; la vivacidad rítmica o los concertantes que culminan las escenas, aparecen en 'La Italiana' por primera vez, como una especie de marca de la casa de un Rossini sonriente y vital. El argumento tiene visos de astracanada, pero con gracia y alma.
La ópera de Rossini se ambienta, con muchísima libertad, a principios del siglo XIX, cuando Argel era uno de los grandes centros de poder del Imperio turco. En la concepción escénica de Sagi, las referencias históricas se diluyen; el orientalismo se esquematiza -arcos de herradura, motivos geométricos - como sugiriendo más un Argel de comedia musical, con algunos de esos rasgos 'Kish', de inspiración vagamente alhambrista y con algunas referencias a la comedia italiana de los años 50 y al comic. La escenografía, austera, estaba muy apoyada en los colores, pero con un pequeño error en la hiperactividad de los secundarios. Por ejemplo, canta Isabella un aria y todos se están moviendo, lo que distrae al espectador, sobre todo en algunas intervenciones de Spagnolli (sin duda el mejor del reparto).
Ottavio Dantone es un buen conocedor de 'La Italiana en Argel', título que ha dirigido en prestigiosos teatros europeos. Al frente de Oviedo Filarmonía realiza una versión solvente de la obra, aunque un poco plana en cuestiones de dinámica y tiempo. El viento estaba un poco desajustado, concretamente la trompa en el acompañamiento del aria de salida de Lindoro. Los coros, sin embargo, bien tanto en la línea de canto como en el volumen y la afinación.
'La Italiana en Argel' es una obra de concertantes, de conjuntos, -brillante el del final del primer acto - pero también de cantantes que además de abordar sus arias individuales de una complejidad belcantista no exenta de riesgos deben tener sentido de la acción dramática y cierta vis cómica, dentro del espíritu de la farsa. Los personajes principales tienen una doble faz: por ejemplo, Vivica Genaux es una Isabelle, es calculadora, sensual e ingeniosa. Poco volumen de voz que se manifestaba apenas audible sobre todo en los concertantes. Sin embargo, su línea de canto era correcta, especialmente en el aria patriótica del segundo acto. Pietro Spagnoli es Mustafá, el rey de Argel que intenta conseguir el amor de Isabelle. Fue el protagonista de la ópera. Gracioso, ágil en el canto y con buena presencia escénica. Un papel un tanto tosco, pero con matices pasionales como en el aria 'Gia d'insolito amore'. El asturiano David Menéndez representa un Taddeo un tanto peculiar. No es el viejo pazguato de la obra original sino el 'galante' enamorado, relativamente joven y algo atolondrado. Simpático en su papel, estuvo brillante en los concertantes y gustó mucho al público. El papel de Lindoro, representado por Antonio Lozano, pese a cierta palidez teatral, es de una gran altura musical, aunque irregular. Llega bien a las notas agudas, pero le falta fuerza para coronar el canto.
En general, el segundo acto fue mejor, tanto en los aspectos escénicos como en los musicales. Una 'Italiana' con una buena dosis de patriotismo, predominio de los colores blanco, rojo y verde, y al final aplausos para todos. Especialmente para el director de escena, Emilio Sagi. Jugaba en casa. La representación fue dedicada además a la memoria de Javier Escobar, jefe de producción del Teatro Real de Madrid, director teatral ovetense fallecido recientemente.
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