

Secciones
Servicios
Destacamos
ALEJANDRO CARANTOÑA
Domingo, 2 de octubre 2011, 04:38
Emilio Sagi coge el teléfono sobre las tablas del Teatro Campoamor, en mitad de un ensayo para 'La italiana en Argel', la ópera de Rossini, previa a la consabida 'El barbero de Sevilla', que se estrena el próximo lunes 10 de octubre en el teatro ovetense. «Espera, que salgo de aquí y me siento», dice. Ya fuera de escena, empieza a comentar el segundo montaje de la temporada de ópera, que contará, además, con un segundo reparto integrado por artistas menos conocidos, a precios, pues, más accesibles a todos los públicos.
La ópera de Rossini se representará, además del día 10, el miércoles 12, el viernes 14 y el domingo 16; además del sábado 15, fuera de abono, con el segundo reparto. La dirección musical de la orquesta Oviedo Filarmonía correrá a cargo de Ottavio Sandone con el reparto principal y de Andrés Juncos con el segundo.
-¿De qué manera ha planteado la dirección? ¿Cuáles son sus fuentes?
-Siempre procuro que salga de la propia obra. Además, Rossini da para sacar mucho jugo escénico. En este caso, estamos ante un vodevil graciosísimo, con una gran carga de elementos cercanos al absurdo, a lo irreal, que dejan espacio a la comedia. Esto da pábulo a hacer alguna que otra locura. He bebido del cine, un arte que me gusta mucho, para, por ejemplo, darle a la protagonista cierto aire de actriz italiana de los 50.
-¿Cómo es esta 'Italiana en Argel'?
-Los tratadistas de Rossini la definen como la locura organizada, la 'folie organisée', mucho más caótica, a su manera, que 'El barbero de Sevilla'. Aunque siempre existe una coherencia que la hace genial, como todo Rossini.
-¿De qué mecanismos se sirve, entonces, para poner orden en ese desconcierto?
-Los cantantes que tienen esta ópera en su repertorio saben a lo que van. Por eso es importante que todos ellos tengan (y lo tienen) sentido del humor para encararla. Y lo que es más, que sepan trabajarlo para darles vida a sus personajes. Esto les permite recrearse en su profesión y pasarlo lo mejor posible. Estos factores enriquecen la propia obra y la hacen crecer.
-En este caso, además del reparto principal, hay un segundo reparto. ¿Cómo se trabaja de esta forma?
-No puede olvidarse la labor de búsqueda de nuevos valores. Por otro lado, los segundos repartos permiten representaciones a precios más económicos para aquellos espectadores con un nivel adquisitivo inferior, hacen la ópera algo más accesible al público. Son, en definitiva, círculos que se apoyan los unos en los otros: creo que es una obligación que tenemos para con los cantantes que se están haciendo un hueco y para con el público.
-Usted también tiene formación en Musicología. ¿De qué manera integra esos conocimientos en la labor de dirección escénica?
-La integración es total. Antes de hacer el curso de Musicología en Londres, yo estudié Filosofía y Letras, lo cual me permitió un acercamiento a los textos, una manera de buscar en ellos claves cuando, por cierto, ni siquiera sabía que acabaría dedicándome a esto. Lo mismo sucede con la Musicología: la partitura no solo da las notas, también incluye una dimensión teatral. Todo esto ayuda, de alguna forma, a profundizar en obras con cierto trasfondo filosófico. Pero también en esas maravillosas escenas populares de Verdi...
-Habla de muchos elementos reunidos en el producto operístico final. Precisamente, ¿existe alguna clave para que la unión y superposición de ellos no abrume al espectador que carezca de toda esa formación?
-No creo que se abrume. Creo que cualquier espectador, más que sentirse sobrepasado por una ópera, siente ante todo su grandiosidad. Este es uno de los pocos grandes espectáculos que aún quedan y, por eso, solo tengo una cosa que decir: que vengan y lo vean.
-¿Qué tiene la ópera para ser tan potente, tan impactante a ojos del profano y del aficionado por igual?
-No creo que nadie se pueda entusiasmar por la ópera escuchándola en disco, aunque todo puede ser. Lo que sí es seguro es que si vienes al teatro, muy mala tiene que ser la función para que no te fascine. Tiene algo que te envenena, que te atrapa: tengo amigos que empezaron yendo a ensayos generales y ahora son unos locos totales de la ópera, que todo lo controlan, que todo lo saben y no se pierden una.
-Entonces no hay que ir estudiado de casa...
-Para nada. El disfrute puede ser simple o compuesto. No creo que sirva de nada dedicarse a detectar cómo sale este fa sobreagudo; ni siquiera saber qué es un fa sobreagudo. Si se tienen esas nociones, pues mejor, pero concentrarse en el más difícil todavía es absurdo. Hay estrellas de la ópera, grandísimas intérpretes a las que el oído entrenado podría encontrar defectos: notas que no se sabe por dónde van a salir, pequeños desajustes... Pero eso no quita para que fueran artistas inolvidables.
-¿Emoción?
-Esa es la clave. Emoción. Y la emoción no es matemática ni técnica: es experiencia, es pasión, es presencia. Todo eso es lo que hace inolvidable a un cantante de ópera: nadie va a juzgar a Maria Callas, hoy, por un error nimio que pudiera cometer.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La chica a la que despidieron cuatro veces en el primer mes de contrato
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.