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RAMÓN AVELLO
Sábado, 1 de octubre 2011, 12:52
Es la segunda vez que el joven director americano Jayce Ogren dirige la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). El pasado marzo, sustituyó a Howard Griffihs al frente de la orquesta asturiana en una versión memorable del 'Concierto para violín', de Symanowsky, con Frank Peter Zimmerman. Ayer, Ogren volvió a dirigir a la OSPA en el concierto inaugural de la temporada con uno de esos programas de gran atractivo que combinan de una manera modélica solista y orquesta; lo romántico y lo contemporáneo. En la primera parte, el 'Concierto para piano y orquesta en Fa menor Nº 2', de Chopin, protagonizado por el veterano pianista Joaquín Achúcarro, y en la segunda, el 'Concierto para orquesta', de Bela Bartok. Abundante público, entre ellos el consejero de Cultura, Emilo Marcos Vallaure, acudió al auditorio Príncipe Felipe para el concierto.
Joaquín Achúcarro es un pianista conocido y admirado por el aficionado asturiano desde hace algo más de medio siglo. Las sociedades filarmónicas de Oviedo y Gijón, las Jornadas de Piano 'Luis Iberni' y las temporadas de la OSPA, son testigos de sus grandes versiones de la música romántica, Brahms en particular, y la música española. Lo más atractivo de Achúcarro es que junto a una experiencia y técnica pianística incuestionable, se combina con una capacidad de emocionar, de conmover y de sorprender. Así sucedió en el Concierto Nº 1. Achúcarro ofreció una versión muy lírica tocó con gran naturalidad y con una precisión técnica fabulosa. Tras los aplausos del público, regaló el 'Nocturno Nº 2 en Mi bemol de Chopin. Delicioso.
En la segunda parte Ogren ofreció una equilibrada versión del Concierto para Orquesta, de Bartok. Estrenada y compuesta en Estados Unidos, al final de la vida del autor, el 'Concierto' es una de las composiciones más populares y atractivas del compositor húngaro. En esta obra, las familias orquestales son las solistas, las protagonistas a través de cinco movimientos de una gran riqueza melódica, tímbrica y rítmica, recreada por la OSPA con expresividad y equilibrio. Lo más atractivo fue que convirtió a los instrumentistas de la orquesta en protagonistas y solistas de la obra. Tal como deseaba Bartok. Aplausos y entusiasmo de la propia orquesta fueron el colofón de esta brillante inauguración de la temporada.
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