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Domingo, 25 de septiembre 2011, 04:40
Pide el café del tirón, como si repitiera una cantinela de sobra estudiada: «Descafeinadocortadodemáquina», dice. La vida profesional de Fernando de la Hoz se basa en esto, en el café de la mañana: «Yo trabajaba en banca, pero de cuando la banca se hacía de otra forma. Tener el despacho abierto y atender por igual al empresario que al autónomo que al que viene a por un crédito. Tomando muchos cafés». Ahora está prejubilado, pero aparece vestido de chaqueta y corbata, a media mañana, con una tarjeta de visita a punto.
Más tarde, ya a la hora del vermú, su vida siguió con unos vinos. Los que ha ido compartiendo con sus amigos, compañeros de la peña Puente de Mando, que ahora preside. Añade azúcar a ese descafeinadocortadodemáquina y empieza a hablar: «La peña se reúne una vez al mes, habitualmente el último jueves, en un restaurante distinto de la ciudad». Ellos no piden ni menú ni a la carta, ponen un fondo y piden al hostelero que les dé de comer, sin más. Al final de la temporada premian al mejor. Para que se afanen, aunque la competición no es la esencia de la reunión.
Este jueves comienzan su particular periplo en el restaurante Los Nogales. José Miguel Martínez, su responsable, ya los aguarda. Aunque el menú no esté definido, les espera una entrada «curiosa», con unos entremeses, un ragú, unos espárragos rellenos. Luego, carne o pescado, está por ver. Postre, vino, y cafés (y chupitos). Después, alguno se puede quedar a echar la partida, «a tomar algún cacharro», pero «eso ya va aparte».
La peña tiene otra particularidad: procura invitar a personajes notables, o significativos, a sus festines.
Este año, antes de las elecciones regionales, acudieron representantes de las principales fuerzas políticas; en 2004, en plena vorágine del 11-M, rindieron homenaje al general de la Guardia Civil Pedro Laguna; en 2008, al notario Ángel Torres... ¿Próximo objetivo? «Sería estupendo contar con el presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos», dice De la Hoz. Apura el café de un sorbo, después de haberlo mareado con la cucharilla, y se lanza a hablar de actualidad.
«Todo empezó porque charlábamos de estos temas en los vinos», dice. Y no se resiste. En los minutos siguientes desgrana la vida local, y habla de la alcaldesa, y de las consabidas operaciones. Y de la crisis, de hacia dónde vamos. De las necesidades que tiene Gijón. De los indignados, del 15-M, del 20-N, de lo que nos espera a la vuelta de la esquina.
De alguna forma, Puente de Mando se ha convertido en una suerte de institución local, en un 'think tank' de gastrónomos de toda clase y condición. Esta es una «pandilla» formada por unas cuantas decenas de amigos que se junta, homenajea, come y charla.
En fin. Sin darnos cuenta, hemos arreglado el mundo en lo que dura un café, y no es ni siquierda el mediodía. No ha quedado tema sin tratar: lo que dará de sí una comida...
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