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La Galería de Retratos de Presidentes ocupa los pasillos de la primera planta del Congreso. :: JOSÉ RAMÓN LADRA
Posar para la Historia
RECORRIDO POR LA GALERÍA DE RETRATOS DE PRESIDENTES DEL CONGRESO

Posar para la Historia

Solo pintura, como exige Bono, o también fotos, como reclama Marín... polémicas aparte, los cuadros de la Galería de Retratos ocultan jugosas anécdotas desde 1810

PPLL

Martes, 20 de septiembre 2011, 04:37

Cada hombre es un misterio impenetrable en vida y en muerte». Lo decía el político y escritor español Manuel Azaña, cuyo retrato-medallón figurará a partir de hoy, junto al de Adolfo Suárez, pintados por el malagueño Daniel Quintero, en un lugar privilegiado en el Congreso de los Diputados. Podríamos decir, parafraseando con modestia al que fuera presidente de la II República, que los políticos también son impenetrables en el momento de posar para la historia, aunque la mirada subjetiva del pintor intente esclarecer alguno de esos misterios inescrutables y sea, al final, el público quien lo descubra y juzgue.

La Galería de Retratos de Presidentes que ocupa los pasillos de la primera planta del edificio histórico de la Carrera de San Jerónimo exhibe, a través de la paleta de insignes pintores, los rasgos personales de quienes dirigieron el timón democrático (y dictatorial) de España durante dos siglos, desde 1810 hasta la actualidad.

Decenas de cuadros captan la mirada del espectador con mejor o peor fortuna. Ahí está el de Luisa Fernanda Rudi (PP), pionera donde las haya: primera mujer presidenta del Congreso, primera alcaldesa de Zaragoza, primera presidenta del Gobierno de Aragón y última 'colgada' en el noble edificio. Hernán Cortés Moreno, uno de los artistas preferidos de la Familia Real, la inmortalizó en pintura acrílica, medias negras satinadas y sonrisa angelical. En el acto institucional en el que se descubrió el retrato en 2007, el exdiputado nacionalista Iñaki Anasagasti, miembro de la Mesa y de la Junta de Portavoces de la última legislatura en la que gobernó Aznar (hasta 2004), preguntó al autor con cierta sorna por qué la había puesto tan a la derecha del cuadro, a lo que Hernán Cortés contestó con sabiduría que él no se dedicaba a la política, sino al arte y a la geometría.

A Luisa Fernanda Rudi le seguirá, por pura cronología, el anterior presidente del Congreso, Manuel Marín, quien también pretende ser pionero rompiendo moldes. Ha preferido la fotografía al óleo, el objetivo de la cámara de Cristina García Rodero al pincel. Y al actual titular, José Bono, esa decisión le ha pillado con el pie cambiado. O eso parece. Se ha declarado férreo defensor de la tradición y ha llegado a decir en los pasillos de la Cámara que si Marín cree «que debe enviarnos una fotografía en vez de un cuadro, como se ha hecho desde 1810, lo dejaría colocado en mi despacho para que la siguiente Mesa del Congreso decida qué hacen con la fotografía». Aún no se ha resuelto nada al respecto, y fuentes de la Cámara Baja señalan que lo más probable es que el asunto quede pendiente para la próxima legislatura ya que la semana que viene se celebrará la última sesión de la Mesa antes de la disolución de las Cortes Generales.

La polémica está servida. El diputado y exsecretario de Estado de Cultura Miguel Ángel Cortés muestra su disconformidad con Bono de forma tajante. «La fotografía es una expresión artística presente en todas las colecciones públicas y privadas y, además, no hay ninguna norma escrita que establezca que los retratos de los expresidentes del Congreso deben de ser pinturas. Se trata de que haya un retrato, no de qué material está hecho».

Con rotundidad similar se manifiesta el fotográfo Ángel Marcos, quien piensa que «las tradicines están para romperlas, de lo contrario no avanzaríamos, siempre estaríamos en el mismo sitio. ¿Se debate entre una fotografía o una pintura? La verdad, suena a chiste», remata sin compasión entre las interferencias de sonido que se cuelan en la conversación telefónica desde Toronto (Canadá). Aún quiere añadir algo más: «¿Es que no tienen otra cosa de qué ocuparse los políticos con la que está cayendo?».

Existe otra tradición parlamentaria que aún no se ha puesto en duda y que consiste en que son los expresidentes homenajeados los que designan al artista que les trasladará a la historia de la democracia plástica de este país. Bueno, si es que a Marín se le permite elegir.

Un coste incierto

Los autores disponen de tiempo suficiente para ejecutar su obra, con posados que han de combinar con las agendas políticas. El coste económico no supone ningún problema. Corre a cuenta del Congreso. ¿Límites? Fuentes de la Cámara desconocen la existencia de topes dinerarios, pero en los ministerios existen: entre 6.000 y 10.000 euros por retrato. Porque todos los ministerios lucen retratos de sus titulares. Desde el Departamento de Exteriores y Cooperación confirman que está en marcha el cuadro de Ángel Moratinos. Presidió la colocación del óleo de su antecesora Ana Palacio, a quien Ginés de Liébana representó sentada frente a una mesa con un globo terráqueo y sujetando una cinta de Moebius, símbolo del infinito. Detrás de ella, una mujer con el torso desnudo y un toro representan 'El rapto de Europa'. Se desconoce el precio, aunque las fuentes consultadas creen que el caché del autor no cuenta en estos casos. «Para ellos es un halago que un cuadro suyo figure en una galería de presidentes o ministros, al lado de otros muchos artistas con los que puede compararse y diferenciarse. Es una forma de lucirse y, en estos casos, lo que procede es pactar el precio», explican, al tiempo que hacen extensiva esta operación a ambas Cámaras legislativas.

Al margen de lo monetario, la Galería de Retratos del Congreso es un bello paseo entre puras obras de arte. De Sorolla (uno de los pintores más cotizados) pueden contemplarse varios cuadros, desde el óleo que en 1906 dedicó a José Canalejas Méndez (presidente de la Cámara Baja de 1905-1907), al retrato hecho en 1901 a Emilio Castelar Ripoll, presidente en las Cortes Constituyentes de 1873-1874. O los que inmortalizaron a Nicolás Salmerón (Federico de Madrazo), o a Antonio Cánovas del Castillo (Ricardo de Madrazo (1896). Allí aparece el de Julián Besteiro (presidente de la Cámara Baja de 1931-33) que pintó Anselmo Miguel Nieto (1932).

Más contemporáneos, destacan el de Antonio Hernández Gil (presidente de las Cortes Constituyentes y del Consejo del Reino desde junio de 1977 hasta que entró en vigor la Constitución en diciembre de 1978) plasmado por Eduardo Naranjo en 1982; Landelino Lavilla retratado en 1985 por Ricardo Macarrón; o el de Gregorio Peces-Barba, captado de forma abstracta por Rafael Canogar, que supone toda una innovación al usar un arte colorista, en claro contraste con el blanco y negro utilizado por Bernardo P. Torrens para 'fotografiar' en 1998 a Félix Pons, con pintura acrílica aerografiada sobre tabla que consigue el efecto de una verdadera imagen fotográfica. Entre los menos afortunados figura el realizado a Federico Trillo-Figueroa por Cristóbal Toral. También en esa primera planta se exhiben dos grandes cuadros como son 'Los Comuneros, Padilla, Bravo y Maldonado en el Patíbulo', de Antonio Gisbert y el 'Compromiso de Caspe', de Dióscoro Téofilo Puebla Tolín.

Otras de las joyas de la Cámara Baja son los 46 medallones distribuidos entre el Salón de Conferencias, más conocido por el de los Pasos Perdidos y el vestíbulo con otros políticos de los siglos XIX y XX, entre ellos los de Cánovas, Sagasta, Pi y Margall, Salmerón, Castelar, Alcalá Zamora, Lerroux, Canalejas o Alonso Martínez. Es ahí en ese espacio de altura donde se colocarán hoy los medallones de Azaña y Suárez.

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