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MIGUEL ROJO
Miércoles, 6 de julio 2011, 00:06
Un pámpano, según el diccionario de la Real Academia, es un sarmiento verde, tierno y delgado, o pimpollo de la vid. En realidad, el título poco tiene que ver con vides o cosechas de Ribera de Duero, sino más bien con un villancico tradicional castellano que aparece en uno de los diez relatos -la mayoría ya publicados--que componen el volumen: «Pampanitos verdes, hojas de limón / la Virgen María, madre del Señor». También pudiera ser que el autor, desde el mismo título, ya nos quisiera adelantar una de las constantes que encierra el libro: la mayoría de los protagonistas son jóvenes -pampanitos verdes- que dan sus primeros pasos de adulto por una vida que, entre amor y dolor, refleja el pelaje de este país nuestro: universitarios que han de ir a vivir lejos de su casa por primera vez, hombres separados que se ven en la obligación de atestiguar ante la sociedad que son 'buenos padres', perdedores que confunden el amor con el puterío, vendedores de piscinas que asumen la diferencia de clases en una fiesta de disfraces. Óscar Esquivias trabaja a ras de tierra, no le gustan las alturas, y su literatura está poblada, como decía Antonio Machado, de aquellos que son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan,/ y en un día como tantos, / descansan bajo la tierra. Diez voces masculinas que hablan de sus vidas; vidas de gente corriente y sencilla que se enfrenta a la cotidianeidad del día a día con la inocencia del que no sabe -o no quiere saber- que al doblar la esquina el destino espera. Nada de giros de 180 grados, apenas unos grados, pero sí lo suficientemente importantes como para que ya nada vuelva a ser igual. Y todo esto Esquivias nos lo transmite con una prosa sencilla, despojada de adjetivos rebuscados, de las llamativas metáforas de los folletines literarios; un lenguaje de una naturalidad envidiable donde la ironía, el horror, el lirismo o la crudeza atraviesan todo el libro como un venero incontenible. El complicado arte de hacer fácil lo difícil. Y siempre la ternura. Esquivias comprende y disculpa. Sus protagonistas, incluso aquellos más reprobables, pasan por la historia de puntillas con el peso de su maldad a cuestas sin que el autor caiga en la tentación de señalar con el dedo de la moralina. Un ejemplo de esto que digo: en el que para mí es uno de los mejores cuentos del libro, 'El dolor', Esquivias, después de horrorizarnos con la violación de un chiquillo, nos adentra sutilmente en el alma del violador para que intuyamos el peso de su propia conciencia atormentada: el remordimiento. Otra de las constantes de la literatura de Esquivias es el humor. Un humor que puede llegar a tener todos los visos absurdos que a veces provoca la realidad; un humor que no mueve a la carcajada pero sí a la sonrisa cómplice, como cuando en el relato 'Mail Pride Chicago 2008' nos encontramos con un trabajador de correos obligado a asistir a una maratón en Chicago que al final resulta una absurda carrera por las escaleras de un rascacielos; o en 'El Estudiante de Salamanca', donde un joven recibe la visita de su padre calavera que acaba por trastocar toda la presumible normalidad de un progenitor 'como dios manda'. Y la homosexualidad, otra de las referencias presentes en el libro. Varios de sus protagonistas lo son. Una homosexualidad aceptada, libre de cualquier estigma o vergüenza. Una homosexualidad del siglo XXI en un país avanzado que no genera más conflictos que si el protagonista fuera heterosexual o bizco. 'Pampanitos verdes' es, pues, un estupendo libro de relatos donde el placer y el dolor -el Eros y Thanatos de siempre- se confunden y mezclan para darnos la visión de un mundo lleno de matices, detestable a veces, pero siempre con la puerta abierta a la esperanza.
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