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MARCO MENÉNDEZ
Miércoles, 25 de mayo 2011, 12:27
Lo primero que hizo en el salón de recepciones del Ayuntamiento de Gijón fue confesarse «cortado». La expectación mediática y la recepción que le dedicó la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, acompañada por varios concejales del equipo de gobierno sobrecogieron a Manu Brabo, de vuelta en su ciudad después de pasar 43 días detenido en Libia, donde el fotoperiodista cubría la guerra civil en ese país norteafricano.
«Me abruma lo que ha pasado mientras no estaba aquí y no sé cómo voy a poder responder», aseguró, al comprobar in situ el cariño y apoyo que le mostró toda la ciudad durante su cautiverio. «Tanto amor focalizado en la misma persona y que esa persona sea yo me sobrepasa», añadió. Y es que no daba abasto a la hora de agradecer los apoyos, pero sobre todo, a sus padres, amigos y colegas de profesión.
El fotoperiodista repasó en el Ayuntamiento algunos de los momentos vividos en Libia, tanto sus incertidumbres como sus esperanzas. Manu Brabo explicó que «no las tenía todas conmigo. Dabas unos pasos adelante, pero el sistema era muy confuso. Por ejemplo, cuando nos sacaron de la cárcel al británico y a mí, y fuimos a la 'casa de huéspedes', tenía que haber salido el americano en lugar del inglés. Se confundieron. A los cuatro días de estar en la cárcel me dijeron que lo mío estaba fenomenal y al día siguiente me iban a meter en un barco a Malta, pero no pasó nada».
También recordó cómo las cosas fueron mejorando poco a poco, cómo del aislamiento pasó a estar con otros detenidos y, después, con detenidos con los que se podía comunicar, otros tres periodistas, «pero luego te enteras que murió un hijo de Gadafi y te quedas temblando». También fue difícil poder contactar con alguien que pudiera pagar la fianza de 300 dinares que le habían impuesto en el juzgado y reconoció que «no tuve claro que todo iba a salir bien hasta que me van a liberar».
Volver a trabajar
Pero Manu Brabo se niega a que esta amarga experiencia cambie lo que es y lo que piensa, y asegura que «mi profesión es la de fotoperiodista y pienso volver a trabajar. No sólo hago guerras y quiero seguir trabajando. Peleo por ganarme la vida haciendo lo que me gusta. Hay que asumir que te pueden pasar cosas como ésta».
Y dicho esto, advirtió: «No quiero transformarme en un personaje. Quiero que se me valore por mi trabajo». Es por ello por lo que asegura que «Manu Brabo sólo quiere que en los medios de comunicación salgan sus fotos o el trabajo que haya hecho».
En España, el cautiverio del fotoperiodista gijonés estuvo rodeado por momentos de cierta confusión sobre si la diplomacia española estaba o no en contacto con él. Brabo explicó que «el problema era que yo no tenía información. Era un preso más y algunos sí sabían cosas por los guardias, sus familias o gente que entraba y salía de la cárcel. Al llegar aquí me dijeron que el Ministerio de Asuntos Exteriores se portó muy bien con mis padres y sólo cuando pude entrar en contacto con el representante de la embajada española me enteré de que había gente trabajando por mi liberación».
Lleva pocas horas en Gijón y las ha tratado de aprovechar «estando con mi gente, a los que echaba mucho de menos, y tratar de normalizar todo esto que me rodea. También me he dedicado a pasear, comer bien y beber sidra». No sin sorna, dijo que «cuando estaba en la cárcel había momentos que 'mataría' por un culín». Manu Brabo ya está en casa. Quiere pasar página y dejar de ser el foco de atención, aunque tardará en lograrlo, pues son muchos los gijoneses que le reconocen por la calle y le dan un fuerte abrazo.
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