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GONZALO DÍAZ-RUBÍN
Lunes, 2 de mayo 2011, 04:04
La Fábrica de Gas es «una muestra dispar y completa de la arquitectura asturiana de los últimos 100 años», según la define el arquitecto César Portela, redactor para HC del plan especial para aprovechar el conjunto. En esencia el documento, muy contestado por movimientos culturales y partidos de izquierda, prevé mantener el aspecto exterior del recinto, pero demoler prácticamente todas las fachadas interiores, sin muchos distingos.
La reconstrucción de los frentes que asoman a la plaza permitirá generar más metros para los usos residenciales y terciarios previstos. Sin embargo, el Ayuntamiento pone condiciones a la obra: los técnicos prohíben expresamente las «soluciones historicistas» a HC. Nada que imite los edificios modernistas o eclécticos, tan característicos del Oviedo burgués, tendrá sitio en la plaza a la que mirarán los edificios.
Tampoco se deja deslizar el Ayuntamiento por la pendiente contraria. El antiestético ladrillo cara vista queda descartado, al igual que las fachadas de falsa mampostería. Los mandatos de los técnicos son otros. Se permitirá la piedra o falsa piedra «aplacada» y deben predominar los «vanos verticales». Entre lo uno y lo otro queda casi una cosa parecida a la promoción Residencial Hispania, que rodea al Colegio de Arquitectos.
Los técnicos hacen una última advertencia: las buhardillas no podrán tener usos residenciales, tan sólo para maquinaria de ascensores o servicios.
En conjunto
En el recinto hay obras de Patricio Bolumburu, Francisco Casariego, García-Lomas, Vaquero Palacios, Joaquín Cores o Ildefonso Sánchez del Río. También guarda las arcadas de los edificios porticados que había en la plaza de la Catedral hasta hace un centenar de años. Con el fin de generar el suelo para el centenar de viviendas que pretende promover HC, Portela opta por la propuesta de rehabilitar y transformar en residencial el edificio de Vaquero Palacios de la calle Paraíso, demoliendo su parte posterior y reconstruyéndola, ampliada, sobre pórticos. Una operación similar se hará sobre el edificio que hace fachada a la calle Postigo, que será rehecho con cuatro y tres alturas, integrando la nave en el bloque de viviendas y ampliado hacia atrás sobre pórticos.
El Consistorio ganará también dos inmuebles para oficinas y la Escuela de Música por un procedimiento similar: derruir fachadas posteriores y levantarlas de nuevo sobre pórticos.
Además, «manteniendo fachadas homogéneas para no introducir más elementos de contraste en un conjunto de por sí bastante heterogéneo», Portela apuesta por un tercer edificio residencial, de nueva construcción. Todos se abrirán «a un espacio público central». En él, quedarán los elementos de patrimonio industrial que HC deberá conservar y restaurar: la chimenea, el depósito elevado, el horno y las escaleras, la marquesina de Sánchez del Río y el gasómetro, centro de la polémica.
Público y privado
La controversia sobre el futuro del gasómetro dura décadas. Movimientos vecinales lograron que el Principado incoase la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del conjunto en 2001. Siete años después, la Administración regional reconoció que había dejado caducar la declaración. No por ello, han parado las demandas para reservar el espacio para usos culturales. El plan de Portela deja su futuro en el aire. Calificado como equipamiento singular, podrá tener usos residenciales o terciarios en el futuro.
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