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Violeta Suárez posa en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, donde se celebra el Salón del Cómic. :: JOAQUÍN BILBAO
Un trazo femenino y fuerte
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Un trazo femenino y fuerte

Violeta Suárez, dibujante gijonesa emigrada a Barcelona de niña, participa en el Salón del Cómic, que ayer abrió sus puertas en Gijón

M. F. ANTUÑA

Miércoles, 13 de octubre 2010, 04:55

Vivió la época gloriosa del cómic, aquellos felices setenta en que Barcelona era un bullir de lápices, plumas, cañas y pinceles. Ella, una joven gijonesa nacida en Roces y emigrada a Cataluña con cinco años, dibujaba para ganarse la vida y disfrutaba de la amistad de los más grandes. Violeta Suárez (Gijón, 1929) volvía ayer a casa para participar en el Salón Internacional del Cómic del Principado y para hablar de un pasado que aún está muy presente, a base de dibujos de colegios ingleses, guerras e historias de amor. Lo curioso es que ella pinta por amor. En sentido literal. Porque le gusta y porque se enganchó a ese mundo en parte por otro amor, el que la une a su marido, Jorge Macabich, también dibujante, escultor, artista en general... Con él estaba ayer en Gijón y con él se casó con 21 años. Claro que antes de la boda, con 13, se apuntó junto a una amiga a una academia de dibujo. «Ahí ya empecé a interesarme y me di cuenta de que me gustaba», confiesa hoy, con el trazo aún firme a unos ochenta años que no se dejan ver ni por asomo tras su aspecto y su lucidez.

Cuando era una veinteañera comenzó todo. Le empezaron a llegar sus primeros trabajos de editoriales españolas y, sin darse cuenta, se vio trabajando para el mercado británico. Desde Londres llegaban a Barcelona los encargos de la prestigiosa editorial Amalgamated Press. «Los ingleses son muy exigentes con el trabajo», recordaba ayer en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. Por correo le remitían los guiones en inglés que eran traducidos en España y que ella tenía que convertir en viñetas. Mucho tiempo estuvo dibujando estudiantes de colegio británico para aquellos cómics de 64 páginas muy diferentes a los españoles. Era fácil dibujar a aquellos niños que, por supuesto, eran diferentes a los patrios y vestían de una manera que nada tenía que ver con lo que se veía en Barcelona. «Hoy ya no habría diferencias, ahora viste todo el mundo igual». Pese a la distancia cultural fue sencillo, como lo fueron también las historias de amor que volaban a Londres primero a lápiz, para que desde allí se metieran las oportunas correcciones y, de regreso en Barcelona, se convertían ya en los dibujos definitivos ya fuera a pluma, a caña o con pincel.

Lo que le resultó más difícil a Violeta fue dibujar la guerra. Y eso que, en aquellos tiempos, no era común que semejante encargo cayera en manos de una mujer. «Ahí estaba yo dibujando jeeps, camiones militares...», rememora y confiesa después que nunca fue capaz de colocar en el lugar adecuado de tanto artilugio militar las oportunas banderas. La guerra la mató un poco a ella. Tanto que en los ochenta dejó los dibujos que tantas satisfacciones le habían dado y decidió dedicarse a enseñar a otras mujeres a hacer lo que ella mejor sabía y que siempre ejecutó con trazo femenino, pero muy fuerte y vigoroso. En la escuela Apde (Asociación para la Mujer Eficiente por sus siglas en catalán) enseña su arte. «Yo aconsejería a todas las mujeres que dibujaran», dice, y explica después que jamás se sintió discriminada en su tiempo por formar parte de un oficio mayoritariamente masculino. Al contrario: «A mí me dio una gran independencia, sobre todo por toda la gente que conocí, con ideas muy diferentes».

Violeta Suárez, que cada año vuelve a Gijón para disfrutar de la paz de Lavandera, ayer se unió a la fiesta del cómic que hasta el próximo sábado permanecerá abierta en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. A las siete de la tarde abrió sus puertas presentado a los 25 autores que este año están aquí, y entre los que destacan Brian Talbot y Gil Parrondo.

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