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GALERÍA DEL NÁUFRAGO

Milagro de Bach en San Pedro

RAMÓN AVELLO

Domingo, 11 de abril 2010, 04:25

Tal vez sea producto casual de los espacios abovedados, pero es un hecho incuestionable que entre las iglesias gijonesas, San Pedro posee una acústica para la música muy especial, especialmente valorada por los grupos corales y pequeños conjuntos instrumentales. En San Pedro, el sonido se mantiene con una justa reverberación que amplía y se funde sin que se produzcan rebotes y ecos incómodos. No es casual y resulta significativo, que diversos grupos musicales hayan escogido a la Iglesia del patrono de Gijón para algunas de sus grabaciones. Entre estos, recuerdo muy especialmente el disco compacto grabado por 'The Scholars Baroque Ensemble' en San Pedro, hace casi veinte años, de la cantata profana de Haendel 'Acis y Galatea'. Con motivo de la grabación, comentó David Van Ash, bajo de 'The Scholars', que para pequeñas agrupaciones y repertorios renacentistas o barrocos, la acústica de San Pedro era envolvente, muy cómoda para los cantantes, por lo que permitía oír y oírse.

Pero la música en San Pedro no sólo está apoyada en la acústica, sino en una tradición musical de siglos, proyectada y realizada dentro del templo. Tradición musical que alguna vez habrá que investigar y reconstruir. Las agrupaciones instrumentistas en la iglesia a finales del XIX, la creación de la 'Scola Cantorum', fundada a mediados del siglo pasado por el párroco, además de organista y compositor, Marino Soria, o la adquisición, a finales de 1996, del gran órgano construido por Federico Acitores, probablemente el mejor órgano de la ciudad, son puntos esenciales de esa tradición musical de esta iglesia gijonesa.

El pasado viernes, el órgano de San Pedro volvió a sonar con toda su magnificencia en un tipo de recital poco frecuente. Un hermoso concierto en el que se dieron la mano el sentido didáctico del Grupo Coral Melisma, dirigido por Fernando M. Viejo, y el rigor interpretativo protagonizado por el organista Adolfo Gutiérrez Viejo. En el programa, una selección de los 'Preludios corales' de Bach, aquellos referidos a la Pasión y la Pascua, recogidos en su obra para órgano escrito en Weimar titulado 'Pequeño libro para órgano'. Lo singular del recital es que previa a la interpretación de cada preludio, el coro cantaba, al unísono y apoyado por un órgano portátil tocado por el director de Melisma, la línea musical de cada coral que luego la música de Bach, interpretada genuinamente por Adolfo Gutiérrez Viejo, glosaba al órgano.

Es como si en dos imágenes viésemos primero la fuente, y luego el río caudaloso que nace en ella. Un río que no sólo se circunscribe al órgano, sino que inspira numerosas cantatas y se filtra en las Pasiones, especialmente en la Pasión según San Juan, de Bach.

A veces, se enjuicia a la estética de Bach como unas matemáticas sonoras. Es falso. Y nada mejor que estas versiones tensas, expresivas, llenas de significado religioso que ha interpretado Gutiérrez Viejo en el órgano de San Pedro. La melodía del coral, como un timón del barco, escuchada completa en alguna de las voces, generalmente el soprano o el bajo del órgano, acompañada por sinuosos motivos a veces independientes, otras derivados de la melodía principal, muy descriptivos simbólicos en las otras voces. Todo un milagro sonoro en las manos y los pies de un organista prodigioso.

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