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M. F. ANTUÑA
Domingo, 10 de enero 2016, 00:18
Fue el pediatra guaperas de 'Médico de familia' este gijonés que creció al calor del Mercado del Sur. Entonces no se manejaba en el lenguaje médico como lo hace ahora. A la fuerza ahorcan. Y es que hace diez años un conductor que se dio a la fuga le arrolló en Madrid cuando viajaba en su moto. Siete u ocho operaciones después, cuatro años con muletas y un largo proceso de curar esas heridas tan dolorosas que deja el 'por qué a mí', Antonio Castro es feliz criando a su hijo y, como cantan los Monty Python, «mirando siempre al lado más brillante de la vida». A seis meses para los cincuenta, mira al pasado y al futuro con una sonrisa.
Lo primero: ¿cómo está?
Bien. Tengo una limitación de movilidad, que es lo que me impide estar en el circuito de actores, pero puedo hacer una vida cuasi normal. No puedo correr, saltar, pero me siento muy bien porque otras personas en circunstancias parecidas no han conseguido recuperar la movilidad como yo. Estuve cuatro años tirando de muletas. Tengo material de osteosíntesis en el pubis, el tobillo muy tocado, estuvieron a punto de amputarme el pie, y eso es lo que produce la cojera.
¿Cómo lo recuerda?
Fueron cuatro años jodidos. Porque no era solo la lesión. Al principio era pensar '¿por qué yo?'. Fue como si viene un loco y te pega una puñalada.
¿Qué pasó exactamente?
Iba en moto, se cruzó delante de mí un vehículo cerca y a gran velocidad, se paró en el semáforo y le dije «estás loco, cabrón». Se abrió el semáforo, se puso detrás, nos reventó con el coche y se dio a la fuga.
¿Le pillaron?
No. Ni lo buscaron. Pasé años de mucho odio acumulado, si le hubiera visto posiblemente hubiera actuado con violencia y consecuencias fatales para mí, pero cuando nació mi hijo me sacó de un pozo muy oscuro. De hecho, todavía me sigo apoyando mucho en la paternidad.
Y desde entonces no ha vuelto a actuar, salvo en algún cameo.
Tampoco me preocupa tanto la carrera. Me pasó después de 20 años de oficio, había conocido hieles y mieles, y esta es una profesión muy ingrata, que también alimenta cosas que no son sanas, la vanidad y demás. Estoy centrado en mi hijo y es una tarea difícil.
¿Pero quiere volver a trabajar como actor?
Esta una carrera de fondo. No descarto nada, pero ahora estoy proyectado en mi niño. En mi carrera ha habido mucha televisión, poco cine y sobre mucho teatro, y se echa de menos, claro que se echa de menos. Está ahí. Pero mucho depende de que cuenten contigo, lo que no estoy dispuesto ahora es a volver a recorrer un camino bastante arduo de llamar a puertas. Son diez años los que han transcurrido, no es que me haya acomodado, pero lo veo todo desde otra perspectiva. Mi hijo es mi papel más complicado. Pero los críos crecen.
¿Es una profesión que se olvida pronto de los suyos?
La vida sigue. Lo ingrato es que uno se quede colgado detrás. El éxito está en que tu vida tenga un sentido, ir por la calle y sentir que merece la pena vivir. Es una profesión que crea fantasmas y barreras, pero mucho depende de la persona. Si tú vives en un mundo de ilusiones en el que estás todo el día soñando con que te van a dar un Goya... Yo, que tuve la suerte de sobreponerme a algo muy duro, siempre digo 'carpe diem', aprovecha el día, aprovecha el momento, sonríe a la gente por la calle y dale sentido y color a la vida. El premio de mi vida es que después de salir de ese hoyo pude ser padre.
Hizo de médico. Y luego le tocó frecuentar la profesión desde otra perspectiva.
Nada que ver. La ficción es la ficción, aunque la realidad supera a veces a la ficción.
Vease el caso.
La vida es tragedia, pero las experiencias duras te hacen tener otra actitud vital. Está claro que respeto y valoro mucho a los profesionales de la sanidad, pero entre todos ellos siempre tiene que haber alguna rata. Yo alguna tuve. Y también ángeles, más que ratas. Fueron seis meses hospitalizado.
Volvamos al pasado, a 'Médico de familia' y 'El súper'. ¿Se echa de menos la popularidad?
No, la popularidad es incómoda de llevar. Tiene una doble cara, que se te conozca implica que se valore tu trabajo pero también eres diana de miradas. Con 'Médico de familia' fue el momento fuerte de popularidad y eso que mi protagonismo era muy relativo. Aquella fue la serie, un hit. Pero era un poco naif, y a mí lo que me gusta es disfrazarme, actuar y dar entidad a un personaje.
Le llamaban el George Clooney español.
Noooo. El rebasó el millar de mujeres. Yo también he tenido fortuna con las chicas, pero no tanta como él.
¿Pero siempre mola que le comparen con Clooney?
Sí, pero esas comparaciones siempre son un poco vacías. Me hubiera gustado más que se me valorara por mi trabajo en 'Noche de reyes' de Shakespeare'. Con ella vinimos al Jovellanos. Siete veces actúe aquí.
¿Las tiene contadas?
Claro. Te sientes henchido de estar en el Jovellanos. Bajas a trabajar en zapatillas.
Advierto cierta nostalgia.
Al margen de la incertidumbre, es una profesión divertida. Estás en una continua adaptación y para mí la adaptación es el éxito en la vida. Yo me quedé cojo, sí, pero si siguiera con esa cosa del principio que deseaba el mal, estaría podrido por dentro, habría generado un cáncer, y eso no sería bueno para nadie. Lo echas de menos, porque ser actor es jugar, es poder ser tantas cosas, pero hay otras parcelas.
¿Asignaturas pendientes?
Pues me gustaría dirigir en alguna ocasión. Y hay muchas cosas que me hubiera gustado hacer. Mucha comedia sobre todo. Hay que hacer comedia.
Necesitamos comedia?
Absolutamente. ¿Qué nos diferencia de los animales? Que nos reímos.
¿Hay que reírse hasta de las desgracias?
Sí. Y sobre todo de uno mismo.
¿Y sabemos?
No. Hay mucha vanidad.
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