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ALBERTO PIQUERO
Jueves, 22 de octubre 2015, 04:39
Uno de los asuntos centrales de la tarea intelectual del de Emilio Lledó (Sevilla, 1927) es la importancia de la comunicación. El profesor jubilado -«a mi pesar»-, que ha impartido docencia filosófica en las universidades de Heidelberg, La Laguna (tenerife), Barcelona o Berlín, resaltó ayer en Oviedo «la importancia -precisamente- de la comunicación», cuyo valor reside «no en el medio a través del cuál se expresa, sino en el contenido de lo que expresamos». Ya lo había dejado claro en algunos títulos de sus libros: 'Lenguaje e historia' (1996), 'Imágenes y palabras. ensayos de humanidades' (1998), 'Filosofía y lenguaje' (2008) o el más reciente, 'Los libros y la libertad' (2013).
Otra de las grandes preocupaciones del filósofo, que mañana recogerá el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, es el progreso moral de la especie humana. En ese sentido, explicó, no ha habido grandes avances desde los tiempos de Platón, Aristóteles o Epicuro -sobre los cuales ha escrito de modo profuso y riguroso-, puesto que la moral es la misma y sólo hemos evolucionado en los terrenos de la ciencia y la tecnología. Aceptó que «si hemos progresado en estos terrenos, en muchos otros niveles seguimos en el siglo IV antes de Cristo. Hay que repetir veinticuatro siglos después que la decencia es esencial para la política. No diré que hoy predomine la indecencia, pero sí que es escandalosos que no hayamos aprendido eso. Que para ser político has de mirarte en el espejo sin avergonzarte de ti mismo. No tendría importancia en mi caso que no fuera así, pero sí en la de aquellos que han de estar capacitados para organizar la vida de los demás». Incrementando el tono crítico: «Es grave la indecencia y la ignorancia que hoy se da en el poder». Comentario punzante que explicó que no recurría «a ninguna frase retórica», porque, en definitiva, «el político tiene que ser decente».
Haciendo memoria filosófica, recordó que «los griegos se preguntaban si los políticos podían ser felices», habida cuenta de que su cometido y responsabilidad era «el de la generosidad, el darse a los demás».
En el corolario a la cuestión: «No sé si los indecentes que están en el poder han leído 'La República', de Platón, o 'La Política', de Aristóteles».
En lo concerniente al lenguaje, como sustento de las ideas, su consideración fue la de que «somos lenguaje, y esa es la esencia para transformar el mundo». En ausencia de tal horizonte, «si perdiéramos esa ilusión utópica, no merecería la pena vivir». Alusión a «un mundo pragmático», ceñido a la economía, «lo que significaría un atraso de siglos para la cultura».
No obstante, acudiendo al realismo, comprendió asimismo que «el nivel básico es el del cuerpo y la economía, que continúa produciendo miseria, hambre, y atormenta a millones de seres humanos, lo que es un insulto a la humanidad». Pero, en un segundo plano, «somos seres que hablamos, somos lo que decimos». E instó a los medios de comunicación a responsabilizarse del «lenguaje de la libertad», que se sitúa en las antípodas de «las frases hechas». Porque, a su juicio, «los medios de comunicación son esenciales para la educación, son los verdaderos educadores. Los medios median y transmiten, si no están mediatizados», ironizó.
En otra orilla, se detuvo para recapacitar acerca de la posible supresión de la asignatura de religión en las escuelas, que el programa electoral socialista ha anticipado. «Me sorprende que haya producido escándalo esa posibilidad. La religión dispone de otros ámbitos». Lo que sí le ocasiona el escándalo personalmente es «la supresión de la Filosofía, porque nos enseña a pensar en el lenguaje y respecto de lo que somos». En definición sumaria: «La Filosofía no es una mera especulación, sino la conciencia crítica de cada época».
Tuvo en otro instante un recuerdo emocionado para sus alumnos españoles cuando ejerció como profesor en Alemania. «Fue una de mis experiencias más hermosas. Nadie les había enseñado gramática española y acudían a Alemania a ganarse el pan. Es lo que decía Lope de Vega, que España es madrastra de sus hijos verdaderos. La mayoría eran andaluces, por lo que me parece indignante cuando se habla de la pereza andaluza».
En cuanto a las nuevas tecnologías y la comunicación virtual, se reconoció apegado al mundo del papel. «No diré que son peligrosas las nuevas tecnologías, incluso puede ser interesante que un Ipad contenga cinco mil libros. Pero cuando miro mis libros en las paredes de mi casa, de Filosofía, de Historia de España, de Literatura, veo mi vida. Quiero a mis libros, los subrayo, me hablan, me leen. No es metáfora. Cuando he vuelto a la relectura de la 'Crítica de la razón pura', de Kant, me reprochó que no lo hubiera tenido en las manos desdee hacía mucho tiempo». Con sinceridad y humor.
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