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SUSANA NEIRA
Viernes, 23 de octubre 2015, 00:22
Cuestiones de seguridad nacional mantuvieron infranqueables los muros de la fábrica de armas de La Vega durante su actividad (de 1857 a 2012). Las puertas de la entrada principal se abrieron ayer por primera vez a plena luz del día. Una oportunidad excepcional tras tres años cerrada para adentrarse en una «ciudad de 120.000 metros cuadrados» que ha convivido con Oviedo y, contradictoriamente, pocos ovetenses conocen. Un espacio oculto entre Santullano y La Tenderina donde, ni más ni menos, «hay recogida una parte importantísima de nuestra historia, que va desde el siglo XII hasta el siglo XXI».
La historiadora María Fernanda Fernández Gutiérrez dirigió ayer una visita única «por el origen de la industrialización de Asturias», enmarcada en las I Jornadas de Patrimonio Cultural de Oviedo -participaron un grupo de medio centenar de personas que no soltaron ni las cámaras de fotos ni las caras de asombro-, pero imposibles de desvincular a la petición del Ayuntamiento al Ministerio de Defensa de la devolución de ese enorme y céntrico espacio a la entrada de la capital. Esta misma semana, el gobierno local ha emprendido una batalla que se augura larga, haciendo un llamamiento a los ovetenses a que luchen por un solar que acoge piezas e inmuebles hasta ahora tan desconocidos como importantes, desde la portada románica de hace nueve siglos hasta un extraordinario taller de Ildefonso Sánchez del Río de 1940.
«Es una historia de la arquitectura en síntesis. Desde un punto de vista urbanístico es un espacio fantásticamente organizado con sus viales, con sus conducciones, con arbolado de alineación... Por eso es una ciudad burguesa en miniatura y la integración de todos los elementos en una fábrica que es el origen de la concentración industrial en un espacio para la concentración de armamento», detalló Fernández, quien agradeció en numerosas ocasiones a Defensa la oportunidad brindada ayer al público.
La historia de las fábricas de armas arrancan en 1794, con una real orden para alejarlas de Francia y asentarlas en Asturias. Una trabajo inicial por gremios con El Fontán como punto de partida hasta el traslado a los terrenos de las monjas benedictinas. A la derecha del camino principal, en el lateral más cercano a El Antiguo, se encuentra una de las joyas y punto de inicio de la visita, entre unas naves rodeadas de la maleza crecida desde el cierre y en su mayoría (al menos las visitadas) vacías tras el traslado de bienes y maquinaria para su custodia por parte de Defensa. La capilla de Santa Bárbara, reflejada en los libros pero una desconocida para la ciudad, cuenta con una portada románica del siglo XII, cuya historia se remonta a la fundación de un monasterio por parte de doña Gontrodo. Una pieza que se conservó tras la demolición del edificio y recolocada por Luis Menéndez Pidal en 1926. Una capilla sencilla en su interior desde cuya salida se observa ya el siguiente punto del recorrido: un busto de una joven reina Isabel II en hierro con un dato de referencia 'Se inauguraron los trabajos de armería el 10 de junio de 1857'.
Cerca está el corazón primitivo del claustro de La Vega, donde se ubica el almacén general de armamento - el único punto conocido por el público ya que se abrió en la Noche Blanca - y que representa «el origen de la factoría». Un espacioso taller que aún guarda en un lateral maquinaria y placas con los nombres de las calles de La Vega -entre ellas Fernández Ladreda y Miguel L. Court Resent-.
«Referente de la formación»
Otro de los puntos de referencia de la visita fue, sin duda, el edificio de la Escuela de Aprendices, levantada en 192 7, inaugurada un año después y «un referente en la formación». Nada más entrar destaca el mosaico del suelo, la escalera, los lemas grabados en las paredes y los pasillos, para animar a los estudiantes a ser aplicados y mantener el orden -'Nadie nace enseñado', 'Orden y disciplina' y 'Cumple tus deberes y serán respetados tus derechos'-. También llama la atención la luminosidad de los espacios y el estado de conservación de varias aulas, que permiten regresar a otra época. Entre ellas, Fernández destacó la de dibujo. Allí fue donde el edil de Cultura, Roberto Sánchez Ramos, se encargó de dar actualidad al recorrido y dejar un simbólico mensaje en una de sus pizarras: «La Vega para Oviedo».
De los más de 50.000 metros cuadrados cubiertos en el recinto fabril, la guía mostró su debilidad por el taller de nueva planta diseñado por Sánchez del Río (el arquitecto se encargó también de reformas en La Vega). En este espacio (con llamadas en las paredes a la 'precisión', 'puntualidad', 'previsión', 'amabilidad' o 'equidad') se fabricó, por ejemplo, el famoso fusil FAO (fusil automático de Oviedo) en 1941, una de las piezas de referencia de la fábrica. Otra nave compite en importancia con este taller, el de ametralladoras. Otra de las joyas del recinto junto con las oficinas principales, situadas en el edificio de acceso. La sala de juntas se convirtió en el punto de despedida. 'Rivi' deseó que el cierre de La Vega no sea por mucho tiempo y animó de nuevo a la lucha para revertir la propiedad aunque «esto no va a ser fácil».
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