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IDOYA REY
Domingo, 12 de abril 2015, 00:47
Carlos Hernández-Lahoz (Logroño, 1944) llega sonriente, con un sosiego que transmite también al hablar. Nacido en La Rioja llegó a Asturias cuando el HUCA daba sus primeros pasos. Empezó como residente y llegó a ser jefe del área de Neurología. Porque tras cuatro intensos años de formación se casó con una asturiana y se instaló en Oviedo, donde tuvo tres hijos. Desde aquí vivió los avances de la medicina y también de la ciudad.
¿Por qué eligió Oviedo para iniciar su carrera profesional?
Vine porque el Hospital General de Asturias (el embrión del HUCA) era el mejor, con un sistema de formación muy atractivo. Era un modelo completamente nuevo, prestigioso. Médicos que se habían formado en el extranjero en nuevas especialidades médicas (como la Neurología y otras), quirúrgicas (como la cirugía cardíaca, que entonces era un paradigma de modernidad) y el mejor aparataje.
Era de los pocos hospitales universitarios
Se formaba a médicos residentes como se hacía en Estado Unidos. Se vivía en el hospital, primero como interno y luego como residente. El jefe ayudaba a los residentes, algo insólito en aquellos tiempos, en diagnósticos o cirugía. Era un hito, no había ningún otro hospital que lo hiciera, hasta los MIR.
¿Vivían en el hospital?
Había una zona de residencia donde vivíamos. Las enfermeras, paralelamente, también tenían una formación muy nueva. Médicos y enfermeras teníamos una formación durante varios años muy intensa. Los médicos nos guiábamos más por nuestra vocación que por nuestra ganancia. Literalmente ganábamos para subsistir, pero teníamos la intuición de que el país estaba cambiando, que nosotros formábamos parte de ese cambio y nos ilusionaba vivir aquella experiencia.
¿Tenían tiempo para descubrir la ciudad?
Poco tiempo. Algún día por la tarde o la noche, algún fin de semana. Pasé cuatro años de residente muy intensos. Muchas veces intentas revivir aquella época. El nuevo hospital tenía oportunidad de renovar ese modelo, de hacerlo extensivo a las nuevas instalaciones.
Habla en pasado. ¿Se ha perdido esa oportunidad?
Es evidente que las instalaciones actuales y los medios son fabulosamente superiores, pero el espíritu y el clima del hospital son diferentes. No se ha logrado reproducir aquel momento en el que Asturias fue la referencia en medicina hospitalaria para toda España. Trabajábamos todos en la misma dirección. Me da la impresión, porque estoy jubilado y no lo vivo día a día, que ahora navegan en direcciones contrarias y el barco no avanza lo rápido que lo hizo en otras épocas. La población no es tonta, no se entrega tampoco con la misma energía, ni acude entusiasmada.
Pero los medios han mejorado muchísimo...
Los medios ahora son infinitamente mejores y mayores. El personal médico tiene una formación estupenda. Pero falta lo fundamental, esa sincronía de entusiasmos que hace que las personas, como las máquinas bien revisadas, funcionen óptimamente. Ahora se nota descontento dentro del hospital.
¿A usted qué le parece el nuevo HUCA?
Lo veo muy luminoso, al no trabajar en él, lo que sé es por lo que me dicen y me dicen que tienen muchas dificultades. Los diferentes puntos de vista, obviamente, se notan. No hay el mismo entusiasmo que había cuando se constituyó el HUCA. No se da la sincronía necesaria entre los tres niveles de responsabilidad: profesionales, dirección y políticos. Me da la impresión de que quienes deberían hacer política hacen gestión, de que quienes deberían hacer gestión están más interesados en hacer política y que la clasificación de los profesionales no se hace en función de sus méritos sino de afinidades.
¿Por qué se quedó en el HUCA?
Me quede aquí porque me hice novio de una enfermera de Cangas de Onís con la que tuve tres hijos. Ya llevo más años aquí que en ningún otro sitio y me siento asturiano y me gustaría que esta tierra estuviera mucho más arriba de lo que está.
Y desde aquí ha experimentado los avances de la Neurología...
Ha habido avances muy notables en el conocimiento de las formaciones neurológicas y del sistema nervioso. Tenemos muy buenas imágenes en vivo. También hay medicamentos más eficaces y muchos avances en la genética molecular que explica muchas enfermedades.
Por ejemplo el Alzheimer que cada vez preocupa más...
El Alzheimer y el Parkinson son muy frecuentes cuando la gente tiene más de 65 o 70 años. Preocupa mucho la pérdida de capacidades cognitivas y de autonomía. La gente de esa edad en cuanto tiene algún olvido ya se aterroriza.
Más en una región envejecida como Asturias...
En Asturias particularmente por la población tan envejecida que existe. Este año es el aniversario de la muerte de Alzheimer, quien descubrió al enfermedad. Publicó el caso de una paciente, Frau Augusta, que enfermó con 50 años. No se dio cuenta de cuánta importancia tuvo su hallazgo académico para la enfermedad. No obstante, quiero hacer una llamada de atención al optimismo porque un 25% de enfermos de Alzheimer morirán sin padecer la enfermedad.
¿Qué se puede hacer para prevenirla?
Hay un decálogo de prevención. Por resumir la prevención se logra con una dieta saludable; ejercicio físico regular y proporcional a las cualidades de cada uno, para ello es importante vivir en unas ciudades saludables que favorezcan el ejercicio y el bienestar social es importante; tener una permanente inquietud por aprender, que no se logra con muchos contenidos de la televisión; y realizar actividades sociales, vivir en compañía y no aislarse.
¿Oviedo es una ciudad saludable?
Oviedo es una ciudad con encanto, no solo en España sino que está en los mejores puestos en Europa. Aunque podría estar mejor.
¿Qué mejoraría?
A mí no me gusta nada el botellón. La gente joven debería buscar fórmulas para socializar con sus amigos en escenarios menos problemáticos y el alcohol es un tóxico, no hay que olvidarlo.
Están muy de moda los programas sobre neurociencia, tipo el que presenta Punset.
Los temas de salud están de moda, pero no todas las opiniones que aparecen tienen el mismo valor. ¡Cómo si se pudiera hacer un itinerario para la búsqueda de la felicidad! Hay muchos libros que son meras recomendaciones para coger el sueño en la siesta. Hay unos pocos con buenas opiniones y luego hay otros que son más entrevistadores que otra cosa. Divulgar bien no es fácil.
Lo vemos con explicaciones sobre problemas psiquiátricos en muchos sucesos...
Se oyen muchas tonterías, pero otras no lo son. Por ejemplo en el caso del avión estrellado en los Alpes, el doctor Jambrina, de Avilés, dio una opinión muy buena. Recordó que existe el mal, lo vemos a diario en la sociedad, y lo deslindó de la enfermedad. El autor del atentado decidió obrar con maldad, provocando la muerte de muchas personas, a la vez que la suya. Pero esto no tiene relación con que tuviera un trastorno depresivo o una frustración por no llegar a capitán. La enfermedad psiquiátrica no le hacía mejor ni peor persona. Hizo el mal porque era un malvado y no porque fuera un enfermo.
Otro de los asuntos que le preocupan es el de la educación con trastornos como el autismo...
El autismo es un problema grave y complicado. Afecta al 1% de los niños, aunque hay diferentes grados. Nadie tiene una solución única. Lo primero que se necesita es un diagnóstico precoz, por neurólogos infantiles. Después la intervención de expertos de diferentes disciplinas: neurólogos, psiquiatras, psicólogos, logopedas, maestros y educadores especiales...Pero también las familias han de hacerse expertas, porque tienen el problema en casa.
Y apoyo de las administraciones...
Son necesarias actuaciones que empiezan con la escolaridad y en muchos casos van a tener que mantenerse toda la vida. Es algo más que dar una subvención a una asociación de pacientes y familiares. Todo empieza en la educación escolar. Educar en valores y el primero es el de la convivencia. Los niños neurotípicos tienen que compartir espacios comunes, como el recreo o el comedor, con los niños con problemas del neurodesarrollo. La sociedad, como la vida misma, es diversas. Esto es defender una educación compartida, aunque sea más difícil para profesores y colegios. Dificultad que va desde inculcar, a los niños y adolescentes, valores de convivencia y solidaridad, a vigilar que no se produzcan burlas contra los más débiles. Y hacerlo con ilusión.
Habla de educación y sanidad, lo público que parece peligrar...
Creo que la sanidad pública es excelente y no se puede permitir su deterioro. Viene de décadas de esfuerzo de todos los ciudadanos y es un precioso bien común. Pero tiene que mejorar, porque son intolerables las listas de espera. Se puede lograr sumando esfuerzos: el de los profesionales, que tienen que manejar los recursos como un bien común; el de los ciudadanos, que tenemos que gestionar mejor nuestra salud para no sobrecargar el sistema y con el de los responsables de políticas sanitarias, que tienen que dejarse de ideas doctrinarias y ponerse al servicio de los ciudadanos, valorando el conocimiento de los profesionales y buscando todas las sinergias que se necesiten.
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