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NACHO PRIETO / MARCO MENÉNDEZ
Miércoles, 12 de octubre 2016, 01:06
Lujo hasta el despilfarro, un nombre elegido como símbolo de una historia de amor y esa discreción propia de quienes desean salvaguardarse del contacto con la gente hacen del 'A' un barco típico del papel cuché. Ni que decir tiene que tampoco faltan espectaculares medidas de seguridad, como cámaras de vigilancia, detectores de movimiento y cristales a prueba de bala.
Propiedad del millonario ruso Andréy Melnichenko, a quien esas publicaciones especializadas en hacer ranking de fortunas le atribuyen algo más de 10.000 millones de euros, procedentes, básicamente, de negocios de banca, fertilizantes minerales y piezas de acero; el 'A' atracó poco después de las siete de la mañana de ayer en El Musel, como escala de un crucero que incluye las ciudades más turísticas del Cantábrico: San Sebastián (puerto de Pasajes), Bilbao, Santander, Gijón y La Coruña, pero que no está en la oferta de los grandes operadores turísticos. En este caso, no son varios miles los turistas que llegan para satisfacción del comercio y la hostelería locales por su alto poder adquisitivo, sino 39 tripulantes al servicio de tan solo cinco pasajeros entre los que se encuentran el multimillonario y su mujer, la exmodelo Aleksandra Nikolic, cuya inicial da nombre al barco.
Todo apunta a que visitarán Gijón, ya que han pedido permiso para utilizar la embarcación de apoyo que el superyate transporta en su interior cual hembra de canguro a su cría y, además, cuentan las crónicas que en las escalas previas a la gijonesa no faltaron espectaculares cenas en los mejores restaurantes de cada lugar, siempre al resguardo de miradas indeseadas.
Auxiliado por los prácticos
El 'A' es, en lo que se refiere a sus motores, maniobra y velocidad, más o menos parecido a un barco corriente. Con dimensiones (119 metros de eslora, 19 de manga, y casi 6.000 GT) nada habituales, eso sí, para un barco de recreo, que lo convierten, con toda probabilidad, en el mayor yate que entró nunca en el puerto gijonés. Sirva como referencia el dato de que el 'A' atracó auxiliado por los prácticos del puerto, como corresponde a un barco de más de 5.000 GT, circunstancia inédita en el caso de una embarcación de recreo.
En todo caso, lo que provoca merecida aureola de lujo a este innovador barco con aspecto de submarino es su equipamiento y, en ese sentido, permite derrochar la imaginación.
Fue construido en Alemania, sin competencia en este caso con los astilleros coreanos, que se sepa, por unos 230 millones de euros (el ferry que reanude la autopista del mar cuesta unos 5); fue diseñado por Philippe Starck, y todo hace pensar que a gusto del consumidor, ya que repitió experiencia con el nuevo barco de Andréy Melnichenko, y cuenta con todo aquello que la gente normal apenas es capaz de imaginarse, como una cama giratoria dentro de una habitación de 239 metros cuadrados; tres piscinas en las que, a falta de espacio para dimensiones de una olímpica, es posible nadar contra corriente para proporcionar continuidad en la brazada sin apenas moverse, como ocurre, en lo que a carrera se refiere, en una de esas cintas sin fin que se utilizan en los gimnasios. En ese contexto, el helipuerto, aunque notable, apenas llama ya la atención.
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