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Urgente Juan Luis Guerra actuará en Gijón este verano
Joaquín Sabina y Juanma Castaño, durante la entrevista.
«Me estoy emocionando en exceso»

«Me estoy emocionando en exceso»

Cara a cara en casa de Joaquín Sabina. Actúa en Gijón con el ‘no hay localidades’ colgado desde hace días. Antes, concede una inusual entrevista que tiene mucho de confesión y también de charla con un amigo, el periodista gijonés Juanma Castaño

Juanma castaño

Jueves, 16 de abril 2015, 02:50

El portal donde vive Joaquín Sabina está en obras. Recién pintado. Está como el mundo que él dibuja en Ahora que, la canción con la que seguramente abra el concierto de esta noche en el Palacio de los Deportes. Es un portal viejo pero huele a nuevo. La fachada también está en obras. No deja de ser una rehabilitación más de tantas como hay en esa zona de Tirso de Molina en Madrid. A ese edificio le quedan años de vida y de historias que albergar. Muchos. Uno de sus inquilinos también hizo obras hace unos años. Las hizo dentro de sí mismo. Tiró lo viejo, pintó y abrió las ventanas. Decidió rehabilitar lo que había construido en los 50 años anteriores de su vida y hoy, 15 años después de aquella reforma, da la sensación de que sigue recién pintado y que, como a su casa, aún le quedan muchas historias que contar. Empezamos.

He leído que sólo sabes dónde será el próximo concierto, nunca los próximos conciertos.

Así es. Después de Valencia, mi cabeza ya asimila que lo que viene es Gijón. Lo que trato de no saber de momento es dónde canto dos días después de Gijón, en este caso.

¿Te agobia conocer las fechas y los lugares?

No, es que soy fan del Cholo Simeone: partido a partido.

Cantas jueves y sábados.

Es la primera gira que estoy haciendo de verdad descansado. Es como estar en La Mandrágora, pero los jueves y los sábados, con la diferencia de que el resto de los días de la semana la vida no es igual que entonces, lógicamente.

El resto de los días te quedas en casa, mudo.

No hablo nada. He descubierto algo que ya me habían advertido los cantantes de ópera y es que ni medicinas, ni ejercicios de voz, ni nada lo mejor es estar callado 24 horas y mejor si son 48. Sales al escenario que pareces Pavarotti.

Querías una gira tranquila. ¿Es así? ¿Cómo te encuentras?

Me encuentro muy bien. Después del último concierto en Valencia el pasado sábado estuve hablando con los músicos y me dijeron, literalmente, que ésta está siendo la gira más feliz de nuestras vidas. Estamos más cómodos en el escenario que nunca, los llenazos están siendo tremendos y hay un público muy cómplice, muy intergeneracional. Tengo la sensación de que estamos tocando más para nosotros que para el público y que al final eso es lo que más gusta.

El escenario...

Me encanta el escenario. Al final solo había que poner un terciopelo rojo para encontrar el punto. Y muchos garabatos en las pantallas, eso también Mira, mira (saca un cuaderno con sus dibujos) Pinto chicas, pin ups. Lleno cuadernos de chicas, peces, gatos, garabatos, versos Antes llenaba las maletas de trozos de papel que cogía en los bares, hasta en papel higiénico he escrito versos, pero ahora viajo con un cuadernito y después pongo en el escenario lo que me salga, y lo que sea un proyecto de canción pues lo desarrollo.

Casi nadie viene a entrevistar a Sabina para hablar de música.

A mí me jode porque yo me gano la vida haciendo música, porque es mi pasión, pero me suelen preguntar por política todo el tiempo.

¿Por qué? Porque yo no les contesto como músico, sino como ciudadano. Supongo que será porque mis queridos compatriotas músicos se la cogen con papel de fumar y dicen eso de que un artista tiene que ser apolítico por el público y todo eso. Yo no. Yo cuando hablo de política no soy un artista, soy un ciudadano más. En las entrevistas, la verdad es que yo no digo eso de «he venido aquí a hablar de mi disco» porque me alimento del público en los conciertos. A veces, como me pasó el otro día, vas a un programa de televisión y sacan tu disco y yo ni lo había visto antes físicamente.

La gira tiene un 100% de ocupación. Todo vendido en todos los sitios.

Es una cosa rara. La gira nació porque había crisis y los músicos quieren trabajar y golfear por Latinoamérica, y no teníamos nada que inventarnos. Vimos lo de los 15 años de 19 días y 500 noches y resulta que lo ha recibido todo el mundo de una forma increíble.

La gente tiene miedo de que decidas abandonar los escenarios en cualquier momento.

Eso lo llevo oyendo 20 años.

A los Rolling no les va mal con ese temor de su público.

Yo no me he follado a las tías que se ha follado Mick Jagger, que conste. Ese hombre es una vedette y hace gimnasia, yo no soy asíUna vez fui de mirón en Nueva York a una rueda de prensa que dieron al lado del río Hudson para presentar una serie de conciertos. Les preguntaron si era verdad que hacían esa gira por el dinero, y Keith Richards respondió que también por las mujeres y la cerveza ¡No se puede decir mejor!

En tu caso es sobre todo por Montoro, ¿no?

Recuerdo cuando vino la última vez a España Leonard Cohen. Todos estábamos muy agradecidos a la puta de su novia que le había robado 6 millones de euros y él, que estaba en un monasterio retirado, se vio obligado a hacer otras dos giras para sacar pasta. Todos bendecíamos a esa puta. Fueron las dos mejores giras de Cohn. En mi caso, la gente que me quiera seguir viendo en el escenario ya sabe lo que tiene que hacer: ponerle una vela a Montoro.

¿Te he visto hasta emocionado mirando al público en los últimos conciertos?

Me lo estoy pasando bien, incluso en exceso, porque me estoy emocionando al acabar algunas canciones y eso no es bueno, es una mariconada. Los músicos y yo, sobre todo Antonio y Panchito, pensamos que jamás hemos sacado nuestro poco o mediano talento de esta manera, como lo hacemos ahora.

¿Cantas más a gusto en España o en Latinoamérica?

Esa es una pregunta muy jodida. Latinoamérica me ha dado mucha vida. Para un chaval de provincias, que es lo que sigo siendo, viajar a Buenos Aires, a México, a Lima y sentirse como en casa es algo que regalan los dioses paganos, que no estaba en mi hoja de ruta y que se disfruta mucho.

¿Cuál es la canción con la que más disfrutas en el escenario en este momento?

Me está gustando mucho, por lo a contra tiempo que es, cantar De purísima y oro. Habla de Manolete y Lupe Sino que el 90% de la gente que me escucha seguramente ni sabe quiénes fueron. Las palabras de esa canción están casi en desuso, de hecho lo estaban ya cuando yo nací, son de posguerra.

-Me gusta como presentas a la banda, en ese himno tan optimista que es Más de cien mentiras.

Me gusta hacer pareados y ripios, como hago cuando les presento. De hecho creo que los poetas nuevos de hace más de un siglo que se han olvidado de la rima se equivocan. La rima es la música de los idiomas.

¿Cómo apareció en tu vida Pancho Varona?

En La Mandrágora. Nuestro guitarrista se puso malo. Teníamos que dar un concierto en un teatro por primera vez en nuestra vida. Él se enteró y dijo que se las sabía todas. Se vino un día a ensayar y joder que si se las sabía. Vino con guitarra eléctrica y me ayudó a dar el salto que quería al rock. Es muy buen compañero, muy buena gente y muy solidario. Ama a su oficio y tiene mucho que ver con mis canciones.

Has desterrado totalmente Pongamos que hablo de Madrid.

Hace 20 años que no la canto. Por una razón muy simple: hay canciones que se llenan de polvo y de ceniza con el paso de los años y luego si haces otra que tiene que ver con lo mismo pero la sientes más pues cantas esa. En Madrid canto Yo me bajo en Atocha, que a estas alturas me parece mucho mejor.

Sin embargo es increíble cómo ha crecido Princesa, cómo se ha ido adaptando a cada tiempo.

A mí me gustaba como Dylan destrozaba sus propias canciones, hasta el punto de que algunas eran casi irreconocibles. Yo no he llegado a ese extremo, me gusta cambiarles el ritmo y recrearlas como las recreamos ahora. Y Princesa, es verdad, es un claro ejemplo de ello, es más eléctrica y a la gente le encanta.

¿De qué canción te sientes más orgulloso?

Y sin embargo. Es curioso porque yo creía que como habla de un tío que va con la mujer a la que ama por la calle, pero en realidad va mirándole el culo a otras y loco por escaparse con cualquiera, pues que iba a cabrear mucho a las mujeres. La primera vez que se la puse a una mujer me dijo: eres un cabrón. Le pregunté por qué, y me dijo: a mí me pasa lo mismo. O sea, que ellas también van por la calle mirando el culo de otros. ¡Y en los conciertos, las tías están encantadas con esa canción!

Hay una foto en un escenario en Gijón en la que apareces en pleno concierto con un tanga en la mano.

Me siguen pasando cosas así. Yo lo que hago es pasárselo a mi corista y ella lo mira y suele responderme: es de los chinos

Éste es un homenaje a 19 días y 500 noches un disco por el que pagaste un peaje vital muy caro

Un ictus, una depresión, me dejó una novia, dejé la coca Todo eso me costó ese disco.

¿Volverás a hacer algo tan bueno como ese disco?

Ojalá, pero esas canciones fueron compuestas en circunstancias muy jodidas, muy intensas, con días y días sin dormir. Ahora, lo que no puedo cubrir con esa intensidad espero hacerlo con trabajo y ya tengo cosas apuntadas en los cuadernos y los músicos y yo estamos como locos por acabar la gira e irnos a un sitio raro para grabar.

Gijón y Sabina

¿Te acuerdas de tu primera visita a Gijón?

No con detalle, pero estábamos empezando a hacer giras grandes y encontramos allí algo mágico. Yo no había estado antes en Gijón y ninguno entendíamos lo que pasaba con esa ciudad, pero algo pasaba. Y lo digo de verdad, durante 10 o 12 años Gijón fue el lugar del mundo donde yo me sentía más abrazado y más apadrinado.

¿Entonces me estás diciendo que aquelidilio con la ciudad era cierto? ¿De verdad que no lo decías en todos los sitios a los que ibas?

Pues no. Creo que tuvo que ver también que un tipo de El COMERCIO, cuyo nombre me duele no recordar [se lo recordamos: es J.J. Medina], nos hizo unas críticas buenísimas a las que nosotros no estábamos acostumbrados. Pero de verdad que no hubo en eso nada de sobre interpretación y que nuestra relación con Gijón era y es increíble. Estoy loco por cantar en Gijón ahora.

La foto vestido de torero. Pregón de Antroxu. Histórica.

Eso empezó en Canarias. Nos invitaron a Aute y a mí a dar un pregón de carnavales en Las Palmas, que era en verso y a dúo. Alquilé los trajes y nos pusieron a parir porque allí estaban prohibidos los toros. El caso es que se enteró Tini Areces y dijo: tenéis que hacer eso mismo en Gijón. Aute no pudo ir y me fui para allí yo solo y así salí al balcón del Ayuntamiento.

¿Saliste así por la noche por Gijón?

Yo es que no hay nada que me haga disfrutar más que el anonimato y pensé: joder, así vestido y con una careta, pues a disfrutar, pero no te imaginas el coñazo que me dio todo el mundo con el traje de torero aquella noche.

¿Cómo acabó la cosa?

Hay cosas que no se pueden contar en horario infantil.

La Semana Negra también ha ayudado en ese idilio.

Claro, a las 12 de la noche con Taibo, con Ángel González, con José Emilio Pacheco, hice una especie de himno a Gijón y lo cantábamos con voces alcohólicas, algo inolvidable.

Llegamos a creer que la chica de la barra de bar de un pueblo con mar después de un concierto estaba en Gijón.

Lo bueno que tienen las canciones es que en ese caso vale para todos los sitios que tienen mar, para eso las escribe uno. ¡Pero era Lanzarote!

En Mucho más que dos con Víctor Manuel y Ana Belén guardas una interpretación inolvidable de A la sombra de un león.

Yo no la tengo grabada en ningún disco oficial, es una canción que hice para Ana Belén. Aquellas dos noches con tantos amigos fueron también inolvidables. Ahora canto esa canción con Noa, la cantante israelí, que se vendrá con nosotros a México y Latinoamérica. Es una canción para cantar con mujeres así.

El otro día te vi a dúo con Víctor en Madrid en Soy un corazón tendido al sol, una de las mejores canciones que tiene, si no la mejor.

Canté en Madrid porque cuando hizo el concierto de Oviedo yo estaba en Argentina. Esa canción es preciosa. Ese disco de Víctor para mí es su mejor disco, también está ahí Solo pienso en ti. Por cierto, Víctor tiene que hacer en Gijón el concierto de los 50 años. Lo ha hecho en Oviedo, Madrid y Barcelona y Gijón no puede faltar. Y que sea después de junio que es cuando acabo yo mi gira y me planto allí.

¿Prometido?

Víctor lo sabe. Y una cosa, Víctor lleva a Asturias por todo el mundo, así que cuidado con eso. Víctor son palabras mayores.

Años más tarde de todo aquello, el gatillazo del Jovellanos. Noche muy difícil.

Yo he tenido dos gatillazos en mi vida. Uno en Gijón y otro en Madrid, es decir, en los dos sitios que más me importan del mundo. En Gijón creí que me iban a matar, pero no me mataron. Estaba cantando como el culo y tenía la impresión de que estaba engañando a la gente que había pagado su entrada. Ése ha sido profesionalmente el momento más jodido de mi vida, porque el otro día en Madrid lo que no hice fueron bises, pero sí pude acabar el concierto.

En Madrid volviste a los cuatro días. En Gijón, meses después y saliste de rodillas.

Es la única vez que me he puesto de rodillas para pedir perdón. Así que esa foto me la quedo.

Parece que los artistas no tuvieran derecho a fallar. Estoy cansado de ver a grandes estrellas del deporte echar un balón fuera en momentos claves.

Y los oficinistas, y los albañiles, y cualquiera... Un día van y vomitan, que fue lo que me pasó a mí en Madrid. Pero no es lo mismo vomitar en la oficina que en Madrid entre canción y canción en el camerino, que fue lo que me pasó. Y esa es una sensación horrorosa.

Antes hablabas del anonimato. ¿Lo echas de menos?

Muchísimo. El último disco me fui a hacerlo a Praga con Benjamín Prado y, claro, no me conocía ni dios, salvo algún español que pasaba de vez en cuando.

¿Qué harías si volvieras a ser anónimo?

Lo que he hecho toda la vida: perderme en los bares con los amigos y en los sitios a los que supone que uno no debe ir. Esas cosas en Madrid, en Buenos Aires o en México no las puedo hacer, pero aún me quedan sitios para ser anónimo.

Con la vida que llevas ahora a lo mejor vives 100 años.

Dímelo otra vez, por favor, dímelo pero si yo canto que no vivan como yo para vivir 100 años. Yo soy un superviviente, se me están cayendo muchos amigos, muchos.

De todo lo que cuentas en las entrevistas, con mucha diferencia, lo que más gracia me hace es como se meten contigo algunas señoras en el barrio de Salamanca cuando te ven comer en los mejores restaurantes de Madrid.

Vamos a ver, yo no tengo yates, ni chalets, ni ferraris. Bueno, no tengo ni coche ni teléfono, con eso te digo todo, pero me encanta invitar a mis amigos como nuevo rico en los mejores restaurantes. Y eso a las señoras no les gusta Pasan por la calle, me ven en una terraza y me dicen: ¡comemos bien eh, joder! Les molesta un huevo verme en los sitios a los que van ellas. Pero desde aquí les digo, señoras, voy a seguir yendo a esos restaurantes.

¿Sabes que el Sporting está peleando para ascender?

Lo sé, pero no quiero ilusionarme.

¿Se masticará en los billares que el Sporting va a subir a Primera?

Ojalá. Y por cierto, te robo la frase. Le busco la rima y lo canto tal cual.

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