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PEPA GARCÍA
Domingo, 1 de marzo 2009, 03:38
Hasta hace poco, este gijonés afincado en Murcia regentaba la sidrería Asturias, un lugar desde el que enamoraba a hombres y mujeres con su dedicación a los platos salidos de sus fogones. Ahora Juan Acebal presenta 'Recetas de cocina para mujeres deliciosas' (Tres Fronteras), en el que aúna sus pasiones: cocina, poesía y mujeres. En este libro -«mujer desde el prólogo hasta el final»-, recopila antiguas recetas, guisos populares y creaciones del propio autor, «además de muchos poemas populares y algunos escritos por mí»; y cuenta con prólogo del psiquiatra Francisco Carles Egea -«he elegido al mejor psiquiatra, que ha hecho una preciosidad de texto, plagado de ironía y finura, porque sabía que las mujeres se iban a volver locas con las recetas», justifica Acebal- e ilustraciones, «24 preciosos y elegantes desnudos femeninos de Manuel Fernández Melero, un pintor y una persona maravillosa».
-¿Qué es 'Recetas de cocina para mujeres deliciosas'?
-Un homenaje a la mujer ama de casa, porque siempre ha estado dejada de la mano de Dios a la hora de valorar la gastronomía. En los últimos 50 años han sido los hombres los valorados, pero Berasategui decía hace un mes que la mujer ama de casa merecía y necesitaba un homenaje de la gastronomía y hostelería española, y yo creo que mundial. Porque quien ha hecho siempre los grandes platos ha sido la mujer.
-El humor y el erotismo también juegan un papel importante.
-Sí, tiene toques graciosos y un tono erótico para mí elegante, con referencias a la sobremesa... Porque la sobremesa es muy importante, y la que le pone el picante a las comidas siempre es la mujer; el hombre no sirve para esas cosas, es menos delicado.
-¿Y cómo son para usted «las mujeres deliciosas»?
-Son todas deliciosas. En los recuerdos que tengo desde niño el hombre es un cazador bastante basto que lleva la pieza, pero quien la convierte en delicia es la mujer. La cocina y casi toda la gastronomía, como la caricia, es femenina. Las mujeres tienen un toque especial que a nosotros nos costará 3.000 ó 4.000 años lograr.-Porque, para cocinar bien hace falta poner cariño... Ah, soy cocinero y eso es necesarísimo. La cocina es pura paciencia, delicadeza, dedicación y prestancia, y la mujer es la que las ha tenido para, con el mínimo presupuesto, conseguir maravillas.
Menear las caderas
-Como agua para chocolate mostró muy bien la erótica gastronómica, ¿tiene platos con esos efectos?
-Todos los platos son eróticos. Hay platos del siglo XIII, como El Codiciado, un guiso a base de ternera, cebolla, berenjena, ajo, almorí, hinojo, cilantro, cominos... O el higo chumbo flambeado. «Buenos días higo chumbo, amigo de mi navaja, te corto pezón y culo, en medio te hago una raja y te mando al otro mundo» -lee-. Es una manera de comerse un higo chumbo en verso. O el bacalao al pil-pil, que hay que menearlo con las caderas para ligarlo bien y un hombre lo va a hacer mal. Para cocinar hay que tener un ritmo y el toque está en la mujer.
-De sus platos preferidos, ¿cuál despierta su líbido?
-Las castañas con chorizo son una maravilla, pero el que más me gusta, sin duda, es la fabada.
-¿La fabada erótica?
-¡Pues claro que sí! Después: el arroz con leche, el orujito y hasta una queimada... y eso ya es la leche. Después, a dormir. A dormir, pero acompañado y en cama de agua. Si la tomas con mesura, la fabada, aunque no lo parezca, es muy erótica, porque es muy sugerente.
-Dice que la cocina garantiza el goce carnal.
-Lo garantiza porque los preámbulos del goce son siempre fundamentales. El aquí te pillo, aquí te mato casi nunca llega a ninguna parte.
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