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El tren fluvial bajó desde Arriondas a Ribadesella repleto de alegría, cánticos y ambiente festivo.
Amor inmortal sobre las vías

Amor inmortal sobre las vías

El tren fluvial acompañó un año más a la competición deportiva con música y alegría entre amigos y en familia, que recordaron incluso a quienes ya no están

IVÁN ÁLVAREZ

Domingo, 7 de agosto 2016, 01:06

Entre el traqueteo de las vías, los pasajeros comienzan a levantarse de sus asientos y moverse hacia las ventanas del tren fluvial. En los últimos vagones se juntan jóvenes que prolongan la jornada festiva de la noche anterior y personas de mayor edad que aprovechan la competición que albergan las aguas riosellanas para pasar una amena jornada en familia y entre amigos.

«Somos unos clásicos. Lo que nos mueve a venir en el tren es el espíritu de las piraguas, que fomenta la asturianía. Somos casi veinte personas que vamos a muchos sitios juntos», explican en un grupo en el que se mezclan llaniscos y gijoneses. En la 80 edición de la prueba, una viajera lo vive con especial carga simbólica por todo lo que ha aportado a su vida la Fiesta de Les Piragües.

«Mi marido era de Madrid y, cuando vino por primera vez al Sella, nos conocimos. Nos casamos, tuvimos hijos y volvimos con ellos», confiesa Isabel García, que vivió su primer descenso a los dieciséis años y ayer regresó al tren fluvial para «recordar con los amigos» la figura de su marido, recientemente fallecido. «Es un amor sellero», apunta con una gran sonrisa mientras la mayoría de pasajeros aprovechan la tregua que la vegetación entre las vías les concede para observar el desarrollo de la competición.

No falta quien sigue su curso con el auricular pegado a la oreja mientras informa a sus compañeros de vagón. «Ya tienen ventaja Bouzán y Fiuza», grita un viajero para satisfacción de quienes le rodean. «Hoy por hoy, Walter no tiene quien le haga sombra», proclama una compañera de clase durante la etapa del instituto del palista anfitrión. Algunos de sus paisanos de Llovio se estrenan sobre las vías y desde allí le muestra su apoyo. «Con Bouzán a tope. Nunca habíamos bajado en tren y teníamos ganas de vivirlo, porque otros años veníamos por la carretera, en coche o en moto», expone Francisco Mata, sentado junto a su mujer, Ángela Caso, y su hermana Desiré.

Otros, como Rafael Prieto, vuelven a vivir así la prueba tras más de diez años de ausencia. «Ahora no dejan aparcar en la carretera de Arriondas y, si se quiera ver la entrada de los palistas a Ribadesella, hay que venir en tren o en moto», indica acompañado de su mujer, María del Carmen Núñez. Los últimos vítores a Walter Bouzán auguran su séptimo triunfo consecutivo, que los viajeros no podrán presenciar al llegar antes al puente la embarcación tripulada por él y Fiuza que un tren en el que nunca falta la música.

Desde canciones de El Fary, Camilo Sexto y King África a otras más actuales, que resuenan como ecos de una larga noche que se reflejan en gafas oscuros u ojos que se cierran por el agotamiento en algunas adolescentes que no las lucen. Ataviados con banderas asturianas y los tradicionales chalecos y pañuelos selleros, algunos apuran sus gargantas mientras los niños se impacientan por volver a ver a los piragüistas en pleno esfuerzo.

«El 'caloret' del Sella», afirman desde el vagón número 9 con guasa. Los gritos de quienes rodean el embarcadero de Ribadesella anuncian que el tren está próximo a su destino y el fin de una aventura que algunas familias tenían curiosidad por experimentar. «Lo habíamos visto en televisión y queríamos vivirlo desde dentro», desvela la malagueña Marta sujetando de la mano a sus pequeños Javier y Víctor, que pasan sus vacaciones en Asturias. Desde ayer, ya se confiesan prendados del Sella.

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