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ARANTZA FURUNDARENA
Sábado, 4 de abril 2015, 14:39
Existe la mujer que a la semana de dar a luz se incorpora a trabajar, viaja, coge aviones... Y luego en el otro extremo estoy yo. Así define Carolina Cerezuela su postura ante la maternidad, «que no es ni mejor ni peor que las otras -advierte- pero es la que me vale a mí, mi opción personal». La actriz y presentadora, nacida en Elche hace 35 años, salió hace unos días de su cueva para promocionar unas gafas de sol y posar ante los fotógrafos como imagen de la marca Polaroid, con su escultural 1,78 de estatura y la misma figura que lucía cuando era la rubia de Camera Café y aún no había dado a luz a sus tres hijos. «Hoy en día para un adulto estar en la playa sin gafas de sol es casi impensable. Sin embargo, a menudo olvidamos ponérselas a los niños», apunta esta actriz hoy convertida en experta en el mundo infantil.
Casada con el tenista Carlos Moyá en 2011 y madre de Carla (cuatro años), Carlos (dos) y Daniela, que el 9 de abril cumplirá un año, Carolina siempre tuvo claro su deseo de formar un clan numeroso «y que en casa hubiera hijos y ruido, porque vengo de una familia muy escasa y era lo que a mí me había faltado». El objetivo se ha cumplido. Carla, la mayor, está ahora en esa etapa coqueta en la que se quiere poner todo lo que lleva su madre. Lo mismo unas gafas de sol que un vestido. «No la veo enfocada al tenis. Tiene su raqueta y cuando quiere la arrastra por el salón de casa, pero de momento está haciendo gimnasia rítmica y ballet. No les presionamos. Queremos que elijan, igual que eligió su padre». Carlos, el segundo, sí parece más interesado por el deporte de la raqueta, pero lo que de verdad le vuelve loco es la música. «Igual nos ha salido artista», sospecha Carolina.
A una mujer que ha decidido aparcar su trabajo para dedicarse a los suyos se le supone madre protectora. «Lo soy, pero sobre todo a nivel emocional. No monto un drama si se resfrían por haberse quitado el jersey. Me importa mucho más que se sientan seguros, queridos, integrados. Siempre me ha interesado la psicología infantil y creo que la etapa de la infancia nos marca de por vida». Contraria a las teorías del doctor Estivill a la hora de aplicar una férrea disciplina para dormir a los niños, Cerezuela confiesa sin rubor que ella es partidaria de meter a los bebés en su cama. «Los niños no han nacido para llorar, sino para crecer tranquilos y sentir que están en un entorno seguro. Daniela todavía duerme con nosotros. Creo que somos los únicos mamíferos que sacamos fuera a nuestras crías. El resto de los animales los tienen pegados a ellos. Los niños crecen y, llegada una edad, deciden ir a dormir a su cuarto. Pero hasta entonces es un placer despertarte con tus hijos, el calorcito de un bebé al lado es maravilloso».
- ¿Y no se resiente su relación de pareja?
- Para nada. Los niños duermen. Mis hijos a las nueve de la noche están dormidos y queda tiempo para hablar tranquilamente con tu pareja, tomar decisiones, ver una peli, etc. Carlos, cuando no están los niños delante, para mí no es papi, es mi chico. Y siempre hay un momento para volver a subirse al tacón, ir de cena y hacer unas risas.
Persona muy organizada («trabajé duro y ahorré para poder permitirme esto»), Cerezuela, que además se reconoce una privilegiada, opina que «todo es cuestión de prioridades». Y ella las tiene clarísimas. «Si mi prioridad hubiera sido mi profesión no habría tenido tres hijos». En el último año de Moyá en el circuito ATP, ella decidió renunciar a dos series de televisión y a otros proyectos para viajar con su novio. «Me dijeron que estaba loca, que no podía irme en lo mejor de mi carrera. Pero son apuestas de vida. Y yo no quería que nadie me contara cómo había sido esa última gira de Carlos». De la misma forma, ha apostado por quedarse en casa hasta que sus tres niños estén escolarizados. «He oído a muchas personas lamentarse de haberse perdido la infancia de sus hijos y no estoy dispuesta a que me pase lo mismo. Yo dentro de cinco años no me voy a acordar de la serie a la que dije que no. Sin embargo sí viviría arrastrando la pena de no haberles visto crecer». Carlos Moya también es «un pedazo de padre. La gente no sabe la cantidad de ofertas que ha rechazado para poder estar con los niños». Y encima se lleva muy bien con su suegra... «Mi madre y él son las mejores personas que conozco», asegura Carolina. Y anuncia que pronto saldrá otra vez de la cueva para presentar un proyecto solidario relacionado con la música.
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