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NOELIA A. ERAUSQUIN
Domingo, 7 de febrero 2016, 02:11
Desde el 24 de febrero del año pasado, cuando marcó su pico de 2015 en el parqué madrileño, Duro Felguera ha perdido el 75% de su valor en bolsa. La empresa asturiana de equipos industriales e ingeniería pasa por un momento complicado y, de hecho, ya ha anunciado que calcula que cerrará 2015 con unas pérdidas de 60 millones de euros. Sin embargo, la compañía atribuye estos datos negativos a «una tormenta perfecta» que se ha cebado con sus cuentas, pero que presenta una imagen fija alejada de la situación real del grupo. La imposibilidad de anotar como ingresos, «por prudencia contable», cuantías importantes relacionadas con proyectos que son objeto de reclamaciones o el hecho de que se relacione a Duro Felguera con empresas que pasan por serias dificultades son algunos de los argumentos que esgrime su nuevo director corporativo de Estrategia y Desarrollo de Negocio, Luis Deza, para explicar el momento por el que atraviesa el grupo asturiano. «Veníamos de unos años de euforia, que no se van a repetir», afirma este alto responsable de la compañía, que se incorporó a su plantilla en octubre del año pasado y que insiste en que la sociedad saldrá reforzada del proceso de consolidación por el que atraviesa. «Este año podremos empezar a dar buenas noticias», augura y en 2017 espera aún un mayor fortalecimiento.
Lo cierto es que Duro Felguera tiene varios frentes abiertos que han coincidido en el tiempo y que lastran sus cuentas. La coyuntura económica mundial, con el precio de las materias primas marcando récords de mínimos, está en parte detrás de algunos de sus problemas, aunque tiene distintos impactos. El desplome del importe del barril de petróleo, por ejemplo, no incide negativamente de forma directa. De hecho, los precios bajos favorecen la apuesta por ciclos combinados o regasificadoras -un sector en el que la compañía asturiana es especialmente fuerte-. Sin embargo, indirectamente, también tiene una vertiente perjudicial. El 90% de la facturación total del grupo procede de sus actividades internacionales, la mayoría de ellas en países emergentes, que dependen de las materias primas, y su desplome hace que estas naciones dispongan de menor poder económico para contratar proyectos, ralenticen los que hay en marcha y pongan problemas para pagar. Los picos de inflación que están sufriendo estados latinoamericanos con la devaluación sin freno de sus monedas, como Argentina o Brasil, son otra consecuencia de esta situación. Así, resulta más complicado lograr contratos, que estos se paguen en tiempo y forma y los márgenes de beneficio se reducen. «Nadie tiene dinero en mercados emergentes y se vuelve todo mucho más duro», señala LuisDeza, que también advierte de que se terminó el tiempo de los adelantos financieros en los contratos. A todo esto se unen problemas de solvencia de promotores de proyectos que, en tiempos de bonanza, realizaron ofertas demasiado arriesgadas.
Los casos de la central térmica ciclo combinado de Vuelta de Obligado, en Argentina, o del complejo minero de Roy Hill, en Australia, son ejemplo de estos problemas y estos son, precisamente, los dos contratos que están afectando de forma más importante a los resultados de Duro Felguera. En el primero, la compañía asturiana reclama 200 millones de euros por sobrecostes debidos a la inflación que sufre el país sudamericano, que, en 2015, se calcula que llegó al 30%. De no haber acuerdo, la negociación podría finalizar en un arbitraje, fórmula que incluye el contrato y que la compañía no descarta. En Roy Hill, el conflicto ha llegado a los tribunales. Samsung C&T Corporation, una de las mayores empresas de Corea, podría perder hasta mil millones de dólares en este proyecto. La compañía asiática suscribió un contrato con Duro Felguera para esta obra y, según explica Deza, «está haciendo lo imposible para no pagar». El asunto está en los juzgados, donde Samsung también mantiene pleitos con otras subcontratas.
Pese a estos problemas, los servicios jurídicos de la empresa se muestran confiados en el cobro de ambos proyectos y, de producirse, estos ingresos serían incorporados al balance de 2016. Por ello, la compañía aborda las pérdidas del año pasado como un problema puntual, aunque, de momento, Duro Felguera se verá obligada a suprimir el dividendo con cargo a 2015. El grupo no tomaba una medida similar desde 2002. «Queremos que este año sea la excepción y no la regla», justificó Deza.
De hecho, ante el nuevo panorama, Duro Felguera ya ha tomado medidas. Ha reforzado equipos, como el área de energía, prioritaria en la sociedad, o el servicio jurídico, para hacer frente a esos conflictos que se generan cuando los márgenes se reducen y los problemas de cobro se incrementan. Además, la ingeniería asturiana mira hacia otros países y, sin dejar Latinoamérica, pone sus ojos en áreas de Asia, como India, donde se prevé que se construyan más regasificadoras, o en el mundo anglosajón.
Menos competencia
Duro Felguera se prepara y quiere ser de las primeras compañías del sector en estar lista ante un panorama que cada vez será más complicado y que, con toda probabilidad, dejará a algunas de las empresas que operan actualmente por el camino, lo que reducirá la competencia. Por ello, Deza considera que el futuro del grupo asturiano, aunque con un mayor esfuerzo, está asegurado. «Vamos a ser una gran empresa gestora de proyectos, con toda la ventaja de ser asturiana, lo que nos permite tener unos costes aquilatados, y con una experiencia tremenda», defiende.
Por otro lado, el directivo de Duro Felguera se queja de que a la compañía «la metan en un montón de sacos» a los que no pertenece y que la relacionen con casos de otras empresas de la competencia, que están mucho más expuestas al petróleo o al borde de la quiebra, debido a una gran deuda. «Nosotros no hacemos nada de eso. Somos una empresa que no tenemos deuda, y la que hay es circulante y vinculada a la ejecución de proyectos. En Oriente Medio no tenemos casi presencia. No tenemos problemas de solvencia, pero cuando hablas con socios financieros, hablan del sector español y eso nos hace mucho daño», se lamenta.
Mientras, los 2.000 empleados de Duro continúan trabajando en su cartera de proyectos, que alcanzaba los 2.017 millones al finalizar el tercer trimestre de 2015 -1.958 de ellos en el extranjero- y el grupo aspira a lograr contratos por valor de 23.000 millones de euros en los próximos tres años. De ellos y de lograr rentabilizarlos dependerá el futuro de esta centenaria compañía asturiana.
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