Borrar
El riosellano Walter Bouzán y su compañero Álvaro Fernández Fiuza, ante el puente que lleva el nombre de Dionisio de la Huerta.
Bouzán y Fiuza ponen rumbo a la leyenda
Descenso del sella

Bouzán y Fiuza ponen rumbo a la leyenda

La pareja astur-galaica conquista su séptimo Descenso Internacional del Sella en K-2. Julio Martínez y Becerro finalizan en la segunda plaza

JAVIER BARRIO

Jueves, 14 de junio 2018, 11:48

Aescasos cincuenta metros de la llegada, Walter Bouzán agacha la cabeza y se toca la frente incrédulo. Una secuencia de humanidad tras una travesía poco terrenal. Álvaro Fernández Fiuza, en la parte de atrás, levanta un brazo victorioso y hace un gesto de agradecimiento al río y también a la orilla. Lo que fue una sociedad alumbrada por una coincidencia del destino en su origen, en julio de 2010, va camino de leyenda, aunque todavía se vean a una respetable distancia los once títulos de Julio Martínez. Pero la pareja astur-galaica, reyes del Sella de esta nueva era, abraza en ese preciso instante su séptimo título, engrandecido por la efeméride del 80 aniversario.

Con un sol de justicia, aunque un notable viento en el tramo más alto del río que obligaría a los participantes a realizar un importante esfuerzo inicial, Fiuza y Bouzán no especularon desde el preciso instante que abandonaron el 'regodón' de la ribera y metieron el pie en el agua. Ahí entraron en combustión. Abandonaron los uniformes de policía, el primero, y de bombero en proceso, el segundo, y se pusieron la piel de campeones. La piragua de ambos, bien posicionada por la contrarreloj del día anterior, salió disparada en una salida que, en el retrovisor, dejó su habitual reguero de accidentes y damnificados, entre ellos 'Milín' Llamedo, que partía como uno de los favoritos del día.

No se arrugaron en este incipiente tramo del río, en cualquier caso, los aspirantes al trono. Los gallegos Brais Sánchez y Antonio Palmás siguieron su estela con un ritmo prometedor, incluso llegando a liderar en algún momento. También Juan Busto y Emilio Llamedo. Y David Rodríguez y Adrián Martín... Y, cómo no, Julio Martínez y José Julián Becerro. La carrera por ese entonces todavía se desperezaba y aún se esperaba que los grandes candidatos engrasaran la maquinaria, los brazos, y pegaran el temido demarraje que tantos títulos les ha reportado en esta última década, que no conoce otros ganadores.

Sin el aliciente de poder ver juntos a Manolo Busto y Beatriz Manchón, la competición maduró y la cabeza de carrera abrió un hueco importante a los cinco minutos del inicio. De la caótica escena de la salida quedaba ya poco, más allá del pelotón intermedio, que engullía a los que no podían aguantar el ritmo, y los más rezagados. Justo después de pasar La Remolina, el selecto grupo de embarcaciones se medía y observaba en solitario. El viaje en compañía, sin embargo, no sería muy duradero porque el descenso comenzaría a definirse unas paladas más adelante. La competición se quebraba bien pronto.

Fiuza y Bouzán elevaron la apuesta en Arcu, al cuarto de hora del inicio, aparentemente impasibles ante las lecturas que se hacían del río, con menos agua que otros años y la necesidad de completar un descenso más estudiado y menos impetuoso. Aceleraron la marcha y solo Julio Martínez y Becerro, además del tándem gallego, pudieron seguir la línea que los campeones dibujaron en el agua. Eso sí, algo distanciados ya. En ese instante quedaría resuelta la carrera, que no alteraría el orden de los protagonistas. El cántabro, no obstante, apretaba para que los campeones no desaparecieran del horizonte.

Dominio cangués

El guión era similar por detrás, donde la clasificación del K-1 empezaba a escribirse con tinta seca. El gran favorito, 'Milín' Llamedo, pagaba muy caros sus problemas en la salida. Navegaba perdido en mitad del pelotón en el ecuador de la competición, en una situación extraña y con la piragua inundada, allanando el terreno al pulso entre Kiko Vega y Borja Estomba, aunque este último cedió su sitio de privilegio tras un buen comienzo. El cangués, por su parte, completó una carrera excelsa y logró una más que merecida victoria, confirmando su categoría.

Toraño, a unos doce kilómetros de la llegada, marcó otro punto de inflexión. Los campeones orientaron todavía más el río hacia su victoria y la distancia con sus perseguidores se disparó hasta los quince segundos. Y la renta no hizo más que aumentar, pese a la obstinación de los rivales. «¡Vamos Walter, vamos Fiu!», se escuchaba desde la ribera. La ventaja llegaba a los 22 segundos. Luego se disparó hasta los 32. Y marcó su techo en los 42 segundos. Aunque, con todo decidido, terminó por reducirse a la mitad. El cronómetro de los campeonísimos se detuvo en 1h.07.43 después de que ambos aflojaran y levantaran los brazos escenificando la victoria.

Engordada la leyenda de esta pareja, el aliciente estaba en ver cómo quedaba configurado el resto del podio. En el esprint, Julio Martínez y Becerro tiraron de veteranía para defender el segundo puesto ante el empuje de Brais Sánchez y Antonio Palmás, incapaces de superar la piragua del cántabro. Atrás, Kiko Vega tampoco cedió en K-1. El cangués, soberbio en todos los tramos del río, mantuvo intacta su renta sobre Estomba y cruzó la meta en solitario. Tras ellos, Alberto Plaza, tercero.

En el K-2 femenino, las más rápidas fueron Olatz Zabala y Aurora Figueras, dominadoras de la prueba, mientras que el triunfo en K-1 fue para la irlandesa Jennifer Egan, eufórica en la línea de meta y una de las sorpresas de la jornada.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

elcomercio Bouzán y Fiuza ponen rumbo a la leyenda