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Asturias despide a la mujer de sonrisa infinita

Asturias despide a la mujer de sonrisa infinita

Fallece la pianista Olga Semouchina, colaboradora habitual de la OSPA | El funeral en su memoria se celebrará mañana, a las 12, en el Tanatorio de Los Arenales de Oviedo, ciudad en la que residía

CARLA COALLA

OVIEDO.

Viernes, 11 de agosto 2017, 03:16

La eterna sonrisa de Olga Semouchina (Ekaterimburgo, 1963) se apagó ayer. Uno de los rostros habituales de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias desde 1992 deja un recuerdo imborrable en la memoria de todos los que la conocieron y quisieron, tal y como destacó ayer mismo Ana Mateo, gerente de la OSPA. Sin poder contener las lágrimas y con una voz quebrada a causa del dolor, expresó que «de Olga destacaríamos toda su generosidad, su sonrisa. Una sonrisa que tenía para todo el mundo. Era puro amor».

La agrupación musical asturiana emitió un comunicado rindiendo homenaje a la que fuera una de sus colaboradoras habituales. Además de alabar el recorrido profesional de esta pianista a la que no frenaron nada ni nadie como muestra el viaje que hizo desde su Rusia natal hasta Asturias, destacan la consternación que sienten «por la pérdida de una gran profesional y una mujer dulce, generosa y bondadosa». Todas las muestras de cariño de sus compañeros y amigos reflejan el gran hueco que deja Semouchina tanto a nivel profesional como a personal.

Olga Semouchina ligó toda su vida al mundo de la música, ya que inició sus estudios de piano con solo seis años. Fue en la Escuela Especial de Música de Ekaterimburgo en la que recibió la Medalla de Oro como reconocimiento a su entrega y esfuerzo. Continuó su educación musical en el Conservatorio de Música Rimsky-Korsakov de San Petersburgo, aprendiendo del destacado pianista ruso Nathan Perelma (Rusia, 1906-2002). Terminó los estudios con excelentes calificaciones y adquirió gran experiencia como pianista-solista al mostrar interés por la música de cámara. Tras terminar el doctorado, impartió clases en la Cátedra de Música de Cámara de San Petersburgo, donde comenzaría su andadura como docente titulada en 1992. Es en ese momento cuando despierta en ella el gusto por la pedagogía musical, llegando a ser catedrática.

En esa misma fecha, en el año 1992, Semouchina se trasladó a España con su marido, Vladimir Atapin, quien también estaría vinculado a la OSPA como chelo principal durante más de veinte años. Ella, por su parte, estuvo actuando por toda la geografía española, en escenarios de tanto prestigio como las salas del Auditorio Nacional y del Museo de Bellas Artes de Madrid, en la Sala Manuel de Falla del Conservatorio Superior de Madrid, en la Fundación Juan Marcha, en el Teatro Colón y en el Auditorio del Palacio de Congresos de La Coruña. El público asturiano la puedo disfrutar en el Auditorio Príncipe Felipe y en el Teatro Campoamor, ambos de Oviedo. Fuera de las fronteras españolas también ha participado en conciertos y festivales por Europa, Asia, América y África.

Una carrera meteórica que, por otro lado, le ha granjeado numerosos premios, como el de Mejor Pianista Acompañante del concurso Tchaikovski de Moscú, el Internacional de Música de Barcelona y el Reina Isabel de Bruselas. Eso sí, siempre sin olvidar su faceta de docente, que tanto la ha marcado y con la que ha querido aportar su granito de arena gracias a trabajos sobre la Pedagogía y la Interpretación de la Música de Cámara.

Uno de los dúos que más huella ha dejado es el que formó con la cantante asturiana María Begoña García Sánchez, la cual tampoco pudo contener las lágrimas al deshacerse en palabras cargadas de dolor y de amor por «una gran artista, pero sobre todo una gran persona, con mucha humildad». García Sánchez destacó de la intérprete los dieciséis años que fue maestra suya y que fueron forjando la amistad cuyo recuerdo le permite hoy sostenerse en pie, a pesar de la tristeza. «Le gustaba tanto lo que hacía que aprendías de su pasión. Era una mujer única, tanto profesional como personalmente». Olga Semouchina se va dejando un recuerdo imborrable en el corazón de cuantos disfrutaron de su compañía y de su música.

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