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M. F. ANTUÑA
Jueves, 10 de diciembre 2015, 00:31
Regala entusiasmo y emoción. Dice que eso es cantar, que la ópera exige de dosis inmensas de ambos ingredientes. También de riesgo, de entrega, de técnica, de madurez, de conocimiento, de estudio... José Bros (Barcelona, 1965) está en los años dorados de un tenor y sigue con ganas de seguir trazando una ruta artística sin miedo a lo desconocido. El domingo debuta a Marcello en 'El duque de Alba', la ópera inconclusa de Donizetti que se sube a las tablas del Teatro Campoamor.
-¿Se ve en su mejor momento como cantante?
-Sí, como cantante y como persona. Uno pasa años y años elaborando y construyendo y acaba por llegar a un momento de madurez personal, que es importante a la hora de abordar cualquier papel.
-Como tenor, ¿por qué esta es la mejor edad?
-Los primeros años de carrera uno se encuentra con un instrumento, juega con el componente de la juventud, de la ignorancia, del 'yo puedo por todo', pero llega un punto en que ya sabe lo que ese instrumento necesita, cómo debe de tratarlo. La facultad, que siempre está ahí, viene acompañada de una buena técnica, de un conocimiento de uno mismo.
-Siempre ha dicho que le va el riesgo. ¿Cómo cambia el concepto del riesgo a medida que uno madura?
-El riesgo existe siempre. Yo he arriesgado siempre y sigo haciéndolo. Intento no trazarme metas y récords, pero sin perder esa inquietud constante del estudio. Este es un mundo maravilloso pero cuando uno está en un escenario, aunque no te juegues la vida como un torero, siempre hay un riesgo.
-¿Se arriesga en la ópera de hoy?
-Yo ahí más que de riesgo hablaría de disciplina y de saber abordar cada proyecto como se merece. La ópera contemporánea hay que representarla, como también la clásica, beneficiándose de las nuevas tecnologías para abordar diferentes pasajes.
-O sea, es una obligación.
-Yo creo que es un deber. En lo que a mí concierne se cumple. Puedo hacer ópera, zarzuela, recital, concierto, oratorio... Lo que interesa es que no se baje la guardia y se siga apoyando la cultura, que es el futuro de una nación.
-Pues sabrá que en el debate a cuatro de esta semana ni una vez se dijo la palabra cultura.
-Seguramente ahora hay otras prioridades. Cuando hay problemas en la sanidad y la enseñanza, hay cosas que pasan a segundo lugar. Confío en que se tenga en cuenta, nosotros estaremos ahí para recordarlo.
-Lo dice bajito. ¿Confía de verdad?
-A todas las instituciones hay que recordarles que la cultura es el futuro de una nación. Y no empieza por apoyar espectáculos de ópera para que el público pueda ir. La música empieza en las escuelas, tiene que ser una asignatura más, tiene que dársele el trato de las matemáticas, las ciencias... La música es muy importante en nuestras vidas, el ser humano vive de distinta manera cuando goza con la música.
-Vamos con 'El duque de Alba. ¿Qué tiene su Marcello?
-Es una obra que tenía ya muchísimas ganas de debutar. Había hecho fragmentos pero no la obra entera y esto me da una alegría.
-¿Nervioso?
-No, emocionado. Termino este año con tres debuts. Debuté 'Eugene Onegin' de Tchaikovsky, 'Don Carlo', de Verdi, y terminar el año con Donizetti me da subidón.
-¿Cómo es la preparación de un personaje para debutarlo?
-Lleva mucho tiempo. Vas primero a los antecentes históricos, a la trama, dónde se desarrolla, quiénes son los personajes, qué relación hay entre ellos. Estaba yo especialmente contento porque debutaba 'Don Carlo' y este 'Duque de Alba' y los dos son de la misma época. Pero aquí los conceptos son distintos, hay drama, se ve la lucha entre flamencos y españoles, pero la trama principal es entre padre e hijo, ese hijo huérfano, ese padre desconocido, ese triángulo que se mueve entre Amelia, el duque de Alba y Marcello, es un rol muy temperamental, enamoradizo. Y en el plano vocal es muy exigente.
-Es un debut para usted del rol y la obra es casi un estreno en España.
-Muy prudentemente Ópera de Oviedo ha hablado de reestreno, pero si tenemos en cuenta que fue a finales del XIX cuando se representó y estamos en el XXI, podemos hablar ya de estreno, y no solo el estreno en España, yo me atrevería a decir que hace más de veinte años que esta versión en italiano no se representa en Europa, lo cual no solo es un aliciente para nuestro país, sino también para muchos cercanos. No me extrañaría que viniera público de fuera a las funciones de fin de semana.
-O sea, que es muy especial en todos los sentidos.
-Es una ópera poco representada, con páginas muy bellas, a nivel musical hay momentos muy bonitos y en el plano técnico lo tiene todo para el personaje de Marcello, momentos más dramáticos, más románticos, más belcantistas, en los cuales se requiere ese legato, esa pureza de emisión, ese cantar piano, cuidar las dinámicas, y otros más fuertes, más dramáticos. Lo importante es que todo fluya y que el mensaje sea claro para el público. Hay que transmitir emociones
-Se le ve tranquilo. ¿No teme al exigente público de Oviedo?
-Yo también soy exigente. El público se tiene que dar cuenta que la primera exigencia parte del intérprete, que somos autocríticos y sabemos cuando ha terminado una función, independientemente del éxito, lo que hemos hecho. Debuté aquí hace 23 años y me siento muy querido. De todas formas, no he entrado nunca en públicos fáciles o díficiles, mí mensaje tiene que ser el mismo.
-Pero no hay públicos distintos.
-Claro que sí, todo es distinto, la ciudad, el equipo, la orquesta, pero mi mensaje tiene que ser el mismo, aunque un día me duela la espalda, o me encuentre mal, cuando sales a escena tienes que transformarte y lanzar el mismo mensaje, que es emoción, emoción, emoción y emoción...
-¿Y cómo se hace eso?
-Con una gran vocación. Y porque la música y la ópera ayudan.
-No sobra el dinero, pero ¿son buenos tiempos para la lírica?
-Siempre. Tenemos una capacidad infinita de adaptación. Mientras haya ilusión, serán buenos tiempos para la ópera.
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