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Jessica M. Puga
Jueves, 17 de julio 2014, 00:28
«Para escuchar música hay que abrir los cinco sentidos y nunca estarse quieto», explicó el profesor de musicoterapia Patxi del Campo en el Antiguo Instituto de Gijón. El concierto celebrado ayer se enmarca dentro de la iniciativa Festival Activo, que un año más acompaña al de Música Antigua. La interacción directa con el público se convierte en la pieza fundamental para lograr que «escuchar música se convierta en una experiencia multisensorial, en la que el público se transforme en esponja y llegue a tener una percepción única de lo que va a escuchar», explicó Del Campo.
Por eso, el recital de ayer fue especial, porque el sonido de un abanico o el que se produce al desenvolver un caramelo formaban parte del número, aunque sin saberlo. El público partícipe estaba integrado, casi en su totalidad, por miembros de la Asociación 'Una ciudad para todos' y de la Residencia Mixta de ancianos, ambas de Gijón.
Lo importante era disfrutar y que tanto los músicos como los espectadores se convirtieran en protagonistas de lo que estaba ocurriendo. Por eso, los hermanos Zapico y el contratenor Carlos Mena no llegaron a pisar el escenario. sino que bajaron para entremezclarse con los asistentes. Todo quedó integrado. «Esto aporta a quien lo escucha otra dimensión, una experiencia musical multisensorial», apuntó Del Campo.
Sonidos de la Zaragoza del siglo XVII, ritmos franceses y melodías que emularon a las danzas africanas se escucharon en el patio del Antiguo Instituto, a través de la clave, la tiorba y la guitarra barroca de los hermanos Zapico.
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