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EVA FANJUL
AVILÉS.
Jueves, 21 de junio 2018, 02:41
Palomas y gaviotas se están convirtiendo en una auténtica pesadilla para la hostelería avilesina. Cada vez son más los establecimientos que se quejan de las molestias y costes que les produce la permanente presencia de estas aves cuya actividad, aseguran, se ha incrementado en los últimos años. Dejan excrementos en sillas y mesas, rompen vajillas cuando tratan de alcanzar algún pincho o consumición e incomodan a los clientes. Y esto se ha convertido en una desagradable constante de las terrazas avilesinas.
«Ya no sabemos que hacer para evitar que se acerquen. Lo llenan todo de porquería y, si tardas un minuto en recoger, se te suben a las mesas y arman un revuelo tremendo», asegura el camarero Sergio Redondo Carreño, de la sidrería Casa Güelu, en la calle de El Muelle.
En todo el centro de la ciudad y en especial en el casco histórico, donde se concentra un mayor número de terrazas, se repite a diario la misma escena: camareros recogiendo a toda prisa las mesas vacías y clientes espantando palomas con una mano mientras con la otra protegen el contenido de sus copas y platos.
«Son una plaga, son como ratas voladoras», asegura César Fernández, al que encontramos intentando tomar su aperitivo y un pincho de tortilla que está siendo codiciado por un grupo de palomas. «Es que no te dejan respirar, ahora se suben hasta en las mesas, no tienen miedo», asegura este cliente.
En la calle de La Cámara «las gaviotas les quitan literalmente los pinchos a los clientes», asegura Olegario Rodríguez, propietario del café Eva. «No ganamos para copas, porque se suben a las mesas te tiran los vasos y, encima, si estás apurado no te digo nada, tienes que ponerte a recoger rápido los cristales y te agobian», se queja el hostelero.
Una mirada a la plaza de España durante los momentos de mayor afluencia de público a las terrazas, al mediodía y la tarde, deja constancia del problema. Mientras las palomas invaden el perímetro de las terrazas a ras de suelo, las gaviotas planean constantemente sobre las mesa u otean apostadas desde la cumbre de las sombrillas o de las balconadas de El Parche a la espera del momento propicio para hacerse con una buena captura.
Ante la mínima oportunidad de pescar algún pincho, las gaviotas se lanzan sobre los platos sin hacer distingos entre su contenido: dulce o salado, todo vale para saciar el hambre.
Tampoco se amedrentan por la presencia humana, tentando la captura a vuelo rasante sobre las cabezas de los clientes El problema se agrava cuando la voracidad del ave supera lo acostumbrado y arrebata el alimento de manos del propio comensal, para su sorpresa.
Una situación que varios testigos aseguran se da con relativa frecuencia, sobre todo si el que porta el bocado es pequeño. «El otro día se llevó el churro de la mano de un niño, la familia se llevó un susto tremendo y yo me quedé helada. No le hizo daño, pero pudo haberle picado sin querer. Fue impresionante y si pasa algo la responsabilidad es nuestra», relata preocupada Sofía Hernando Martín, camarera del café Uxía, cuya terraza es una de las que se sitúan en plena plaza de España.
«Y no solo ocurre esto con las personas, también lo hacen con los perros, si ven a uno pequeño con comida las gaviotas van a por él», recalca, la hostelera de El Parche.
Algo muy similar ocurrió hace unos días en una terraza de la calle La Cámara cuando, según relata Jorge Fernández, «una gaviota le quitó a una criatura que iba en el cochecito un trozo de pan que tenía en la mano, fue increíble», asegura.
Además, el problema parece afectar tanto a clientes como a trabajadores. «No es la primera vez que he ido a recoger una mesa y he tenido que pelearme con una gaviota y al final la he dejado porque me pica», asegura Sofía Hernando.
Tanto clientes como hosteleros coinciden en señalar que estas aves «están resabiadas y ya no tienen miedo a los seres humanos, así que se envalentonan y, en el caso de las gaviotas, se te enfrentan», asegura Jorge Fernández.
Para algunos ciudadanos, la solución pasaría por «no dar de comer a los pájaros y buscar algún tipo de dispositivo que los ahuyente, como hacen con los estorninos del parque de Ferrera», reflexiona Jorge Fernández mientras apunta con la mano a un par de palomas que subidas a la mesa de al lado vigilan el pincho de tortilla con el que acompaña su consumición. «Son muy pesadas», añade.
El acecho de las pájaros en el acaso urbano va en aumento, según manifiestan los hosteleros avilesinos. «Necesitamos una solución urgente porque esto va cada año a más, así que el Ayuntamiento debería actuar con contundencia tanto con las gaviotas como con las palomas», aseguran Dolores García desde La Cervecería, otro de los locales con terraza en la plaza de España.
Según el Grupo Ornitológico Mavea, el aumento de la actividad de estas aves está directamente relacionado con varios factores y la solución no depende solo de las instituciones, de hecho consideran que la responsabilidad de buena parte del problema es de los ciudadanos.
En primer lugar, «la gente sigue alimentando a las aves en la ciudad y esta conducta que debería estar totalmente prohibida porque es muy perjudicial. Mientras se siga dando de comer a los pájaros el problema aumentará», explica David Díaz.
Además, el número de terrazas, de los establecimientos hosteleros «ha aumentado bastante desde la aplicación de la ley antitabaco, por lo que con más alimento a la vista en plena calle, los pájaros también se sienten más atraídos», añade. Otro factor a tener en cuenta es que «estamos en época de cría, por lo que las gaviotas están más activas y agresivas», apunta.
Respecto a las campañas de control de aves impulsadas por el Ayuntamiento de Avilés, «resultan insuficientes e ineficaces si no se aplican de la manera adecuada ni cuentan con una partida presupuestaria suficiente para hacer frente al problema de una manera integral», opina Díaz. En este sentido, el grupo ornitológico Mavea asegura que la fecha adecuada de actuación para la retirada de nido, por ejemplo, es el mes de mayo «cuando las gaviotas hacen las puestas y se pueden o bien retirar los nidos o actuar infertilizando los huevos, todo lo que se haga más tarde será actuar sobre los pollos».
En cuanto a las palomas, desde Mavea se insiste en la necesidad de limitar su espacio de cría «cerrando y tapando los agujeros de algunas edificaciones y espacios que estas aves usan para anidar». También destacan la necesidad de tomar medidas coercitivas, como «aplicar sanciones económicas de manera contundente contra aquellas personas que ceben a los animales en la ciudad, una práctica que en Ávilés continúa realizándose a diario», incide el representante de Mavea.
Según este colectivo, la implicación ciudadana resulta indispensable también en otros aspectos como la localización de los nidos. «Si alguien observa que hay anidación de gaviotas en su tejado, debe avisar al Ayuntamiento, porque recorrer y revisar todos y cada uno de los tejados es prácticamente imposible», explican.
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