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B. MENÉNDEZ
Viernes, 17 de marzo 2017, 08:53
«Siempre digo que en Asturias somos muy negativos respecto al pasado y pesimistas en cuanto al futuro, ya que no juzgamos con claridad el patrimonio industrial que tuvimos ni lo que podemos tener», acusó ayer la historiadora del arte María Fernanda Fernández Gutiérrez durante su conferencia en las XI Jornadas de Conservación y Restauración de la Escuela Superior de Arte de Asturias. La experta en el campo de la arqueología ofreció un interesante discurso que ahondó en el concepto de 'patrimonio obrero'.
Pese a que su formación la acredita como licenciada en Historia del Arte, Fernández apuntó que, como tal, «no se puede tener prejuicios en términos esteticistas, porque quizá una casa modesta del siglo XVI nos diga mucho más sobre cómo vivía la gente en aquella época que un palacio». A modo general, aseguró que «la ciudadanía tiene que preocuparse más en colaborar para ayudar a conservar aquellos elementos que construyen nuestra identidad como asturianos» e hizo un recorrido por las principales espacios industriales presentes en el Principado porque «no sólo están en las cuencas».
«Si en Bilbao tuviesen un patrimonio costero como el de San Esteban de Pravia, las colas darían la vuelta», ejemplificó. Y es que incluso un gran número de parajes que normalmente se categorizan dentro del apartado 'natural', tienen un origen industrial, como puede ser la famosa Ruta del Cares. «Muy poca gente sabe que se hizo para el mantenimiento de una fábrica», señaló Fernández para añadir después que «tradicionalmente nos horrorizamos ante lo industrial porque 'desluce' lo verde, que a su vez identificamos como lo 'guapo', pero es necesario cambiar radicalmente esta forma de ver las cosas».
Ensidesa, ejemplo complejo
Fernanda Fernández reconoció ayer que «no es fácil hacer frente a la conservación de estos espacios. Ensidesa, por ejemplo, es una clara muestra de la envergadura que supone». La principal duda se presenta a la hora de decidir si actuar por acción u omisión. «No siempre es necesario que algo esté protegido para ponerlo en valor, conozco varios casos en los que las instituciones invirtieron mucho dinero y eso no repercutió de forma positiva en la estructura», confirmó la historiadora.
Según Fernández, los tres ejes sobre los que gira la problemática son las propias personas, la parte más importante, estos recursos que no necesariamente tienen que ser dinero, y las administraciones, que pese a que deben tener un papel activo, este no debe eclipsar al de los técnicos. «Los planes de conservación del patrimonio no deben responder a criterios políticos, sino técnicos», sentenció.
Respecto a la posible reutilización de estos espacios, la experta no descartó el uso turístico controlado -a semejanza de lo que ocurre en la Mina de Arnao- ni el de otras finalidades que se alejen de la inicialmente prevista para ellos. En cuanto a las instalaciones que liberarán en 2019 las baterías de cok en ArcelorMittal, Fernández prefirió no pronunciarse sobre qué hacer, si bien recomienda su preservación.
Entre el resto de charlas del día, destacó la participación del arqueólogo Sergio Ríos, quien analizó las actuaciones que se han ejecutado hasta la fecha para recuperar el patrimonio medieval avilesino. Por la tarde, la actividad estuvo dominada por exalumnos que presentaron sus proyectos personales; además, Nicolás Alonso detalló los cambios provocados en los yacimientos de Bañugues por la erosión del mar.
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