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RUTH ARIAS
Domingo, 18 de septiembre 2016, 05:11
Era abril del año 2007 cuando varios miembros del grupo Mavea protagonizaron un sorprendente hallazgo en la playa de Zeluán: una huella de nutria. Esta especie había sido frecuente en la ría de Avilés antes de la llegada de Ensidesa, pero desde entonces, a finales de los años 50, no había vuelto a tenerse constancia de ningún ejemplar en la zona. La vuelta de estos roedores iba más allá de la mera anécdota, y significaba la constatación de la recuperación ambiental de este espacio, castigado por la contaminación y la degradación ecológica debido a la industrialización.
Nutria.
Las primeras huellas se descubrieron en el año 2007, y desde entonces se han constatado signos de su presencia habitual entre los ríos Vioño y Raíces.
Peces.
Su número ha crecido de forma muy importante en los últimos años, a la vez que han aparecido algunas especies infrecuentes, como el caso de la lamprea marina, muy rara en Asturias.
Cangrejos.
Los ejemplares autóctonos son también más abundantes que antaño, aunque también han aparecido los americanos, unos temibles depredadores.
Invertebrados.
De las cuatro o cinco especies que habitaban la ría hace un par de décadas se ha pasado a unas cuarenta en la actualidad.
Aves.
La ría avilesina siempre ha sido lugar de parada de las aves migratorias, cada vez más variadas y numerosas.
Antes de que esa significativa huella apareciese en Avilés ya se habían observado algunos ejemplares en el embalse de La Furta, en Corvera, y también en el río Raíces, por lo que se suponía que, tarde o temprano, acabaría llegando a la ría. Aquella incursión en un territorio que había sido hostil durante décadas no fue casual ni único, sino que a lo largo de la última década se han venido observando signos de la presencia de nutrias, e incluso algún avistamiento directo.
Estos animales, que sólo se dejan ver en ecosistemas medianamente bien conservados, ha terminado asentándose en el área que va del río Vioño al Raíces, donde su presencia ya se ha convertido en una constante. La intensidad no es elevada, pero sí su presencia en el tiempo. «Se ha observado una familia con crías en Zeluán y otro grupo asentado en la cola de la ría», explica el biólogo César Álvarez Lao, consciente de que el hecho de que las nutrias hayan vuelto a Avilés es un signo «de que el estuario está cada vez mejor».
Las nutrias están en la cúspide de la cadena trófica, por lo que para que habiten una zona tiene que haber animales de los niveles inferiores, en este caso en forma de peces y cangrejos, que también son cada vez más numerosos. Los amantes de la naturaleza que acostumbran a observar lo que ocurre en la ría se topan de vez en cuando con agradables sorpresas en forma de aves migratorias que antes no acostumbraban a parar por aquí o de otras especies que estaban prácticamente desaparecidas.
Recientemente, por ejemplo, se contabilizaron hasta 45.000 muiles adultos, una cifra elevadísima e inimaginable hace unos pocos años. Y en 2012, entre los muiles pudieron observarse varios ejemplares de lamprea marina, un pez del que no se tenía constancia en la ría. La lamprea es muy escasa en Asturias, donde está considerada como vulnerable dentro del catálogo regional de especies amenazadas de la fauna vertebrada del Principado.
Las nutrias cada vez tienen más comida en Avilés, que ha dejado de ser un terreno hostil para ellas. Se alimentan tanto de pescado como de invertebrados, ranas o cangrejos, y todo esto es cada vez más abundante en unas aguas que han recuperado parte de su lustre de antaño. «Si nos fijamos en la evolución de los últimos años podemos ver cómo las especies de invertebrados han pasado de únicamente cuatro o cinco a las cuarenta que nos podemos encontrar actualmente», señala Álvarez Lao. Hay anfibios, hay insectos y también crustáceos, que contribuyen a atraer animales de mayor tamaño que los buscan como presa.
La ría avilesina dista aún mucho de ser lo que era antes de la llegada de las grandes industrias a la comarca, y nunca volverá a ser como aquella, pero al menos ha recuperado parte de sus características primigenias. «Los que conocimos la ría en los años 80 aún recordamos la elevada presencia de grasas y aceites en el agua», dice Álvarez Lao. Ahora, al margen de determinados vertidos, la calidad de las aguas es notablemente más elevada, y para atestiguarlo están todas las especies animales, y también vegetales, que han vuelto a hacerla su casa.
Especies invasoras
La recuperación ambiental, y también la globalización ha hecho que, a la par que se han ido recuperando las especies tradicionales de la zona, también hayan llegado otras invasoras procedentes de diferentes ecosistemas. Las más llamativas son quizás las animales, como el cangrejo rojo americano, que amenaza al autóctono, o el mejillón pigmeo, procedente de Nueva Zelanda, del que la Universidad de Oviedo ha retirado en el último año cerca de un millón de ejemplares.
El más temible es el cangrejo americano, ya que es un voraz depredador que puede acabar aniquilando a muchas especies acuáticas autóctonas, aunque también es capaz de causar importantes daños a la vegetación. Su principal riesgo, no obstante, es el de ser portador de numerosas enfermedades que pueden afectar tanto a la fauna como al hombre. El mejillón pigmeo es, en cambio, más inofensivo, y el principal peligro que ocasiona es el de acabar tupiendo las tuberías aunque, a la larga, también acaba por afectar a los microorganismos del ecosistema en el que se encuentra.
A la par que estos animales han llegado numerosas especies vegetales de fuera de nuestras fronteras. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, las yucas, que no son infrecuentes en la margen derecha de la ría, donde pueden proliferar muy rápido en terrenos en los que otras plantas apenas crecen. Plumeros, uñas de gato, la conocidas como hierba del carnicero, de la que se alimentan algunos pájaros, así como determinadas flores que proceden de la jardinería.
Con todo, la vida en la ría de Avilés es cada vez más rica y animada. Impensable hace tan solo unas décadas, cuando la villa parecía condenada a vivir de espaldas a unas aguas densas y negras, cargadas de contaminación y suciedad. Esta importante recuperación ambiental ha sido un importante logro, aunque la ría sigue sin ser un lugar idílico para la fauna. «El principal problema que hay actualmente no es tanto la contaminación, que todavía la hay, como la pérdida de espacios naturales», apunta Álvarez Lao, que indica que la ensenada de Llodero es ahora prácticamente el único enclave en el que pueden campar a sus anchas. El resto ha sido convertido en instalaciones portuarias nada proclives al establecimiento de estas especies animales que han vuelto a la ciudad.
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