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J. F. GALÁN
Sábado, 13 de agosto 2016, 08:59
El edificio que albergaba la vieja fábrica de hielo del complejo pesquero está en peligro de derrumbe inminente. Así lo advierten una serie de carteles instalados en las vallas de obra que ayer delimitaban el perímetro e impedían el acceso. A media mañana el interior todavía estaba caliente, por lo que los agentes del equipo de científica de la Policía Nacional que se personaron allí con objeto de recoger muestras tuvieron que desistir y dejarlo para otro día, posiblemente para hoy sábado. Las causas del incendio que a última hora de la tarde del jueves calcinó el inmueble aún se desconocen, si bien las primeras hipótesis apuntan, sin descartar ninguna otra, a un fuego eléctrico.
Inaugurada en 1980, la fábrica había cesado actividad el pasado abril y su destino estaba escrito, la demolición. Los trabajos para retirar la maquinaria y transformarla en chatarra estaban muy avanzados, y el mismo jueves operarios de la empresa a la que la Autoridad Portuaria, propietaria de la fábrica, encomendó el desmontaje habían trabajado en su interior. Aunque el grueso de la instalación ya se había retirado, además de aparejos, cajas y distintos enseres que contribuyeron a avivar el fuego «todavía quedaban compresores y algunas otras piezas», manifestó su presidente, Santiago Rodríguez Vega, que también confirmó que el fuego no afectó a ningún otro bien o instalación.
Al margen de la actuación de los bomberos y de la decisiva intervención del remolcador 'Paul Casals', cuyos cañones proyectaron durante hora y media contundentes chorros de agua tomada directamente de la ría, la dirección del viento contribuyó a que las llamas no afectasen a los vehículos aparcados en la zona, a los barcos amarrados junto a la fábrica -dos tuvieron que soltar amarras rápidamente- y sobre todo a una segunda fábrica de hielo, colindante aunque no adyacente. Cabe recordar que el componente base en la fabricación del hielo es el amoníaco, compuesto que a elevadas temperaturas es explosivo sobre todo si, como es el caso, se encuentra almacenado en contenedores.
Durante la primera fase de su intervención los bomberos no tenían la absoluta certeza de que en el interior de la vieja fábrica de hielo no quedasen aún restos de amoníaco, incertidumbre que obligó a tomar todo tipo de precauciones. Al margen de este gas incoloro, en el patio que se abre entre ambas fábricas, a unos treinta metros la una de la otra, había varios barriles en los que habitualmente se guardan aceites de motor usados para su posterior reciclaje.
La suerte fue que el viento soplaba de forma perpendicular a la ría y empujaba las llamas y la densa y negra humareda hacia la carretera, que fue inmediatamente cortada por agentes de la Policía Local. La medida se levantó pasadas las once y media de la noche. A esas horas los bomberos y la tripulación del 'Pau Casals' ya habían sofocado el incendio, aunque no fue hasta bien entrada la madrugada, una vez se completaron las tareas de enfriamiento, cuando se dio por definitivamente extinguido.
«Todo lo que se quemó iba a ser desmontado o derribado. No se ha perdido nada y tampoco afectará lo más mínimo a la actividad pesquera», recalcó Rodríguez Vega.
Al albergar una fábrica de hielo, el edificio contaba con un recubrimiento apropiado a su función, fundamentalmente a base de productos similares al poliespán y otros altamente inflamables. De ahí que aunque en varias ocasiones daba la impresión de que iba a menos, las llamas volvían a surgir con renovada intensidad. La negra humareda y el intenso olor a plástico quemado llegó hasta Salinas
Pieza clave
La calcinada fábrica fue pieza clave del profundo proceso de modernización que acorde con las necesidades experimentó a principios de la década de los ochenta el sector pesquero en Avilés. La hasta entonces Rula Nueva (1943-1980), a la altura del paso a nivel de Larrañaga, se había quedado pequeña y en 1976 se caló a un kilómetro de la rampa de piedra del viejo muelle el primer bloque de hormigón de un nuevo complejo pesquero, en el que se ubica.
La fábrica se puso en marcha en mayo de 1980 y arrinconó definitivamente al hielo en barra, de producción lenta y engorroso manejo. Gestionada por la cofradía de pescadores Virgen de Las Mareas, era capaz de producir ciento sesenta toneladas diarias de hielo en escama y de suministrarlo directamente, mediante mangueras, a barcos, furgonetas y camiones.
La segunda fábrica de hielo -en cuadradillo- se inauguró en 1998 y se mantiene plenamente operativa, y seis años después comenzaban las obras de construcción de la actual y moderna lonja, situada a continuación. Inició su actividad en 2009. El edificio principal integra en su parte sur una nueva fábrica de hielo, estrenada en junio del año pasado. Con un coste de 1,4 millones de euros, da servicio todos los días del año durante 24 horas al día y junto a la segunda satisface por completo la demanda de la flota. Y es que pese a los avances en materia de frío industrial, el hielo continúa jugando un papel esencial en la conservación del pescado fresco.
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