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Las Cuencas, tras la estela del Ruhr

Las Cuencas, tras la estela del Ruhr

El turismo en las comarcas mineras crece de la mano de su amplio patrimonio industrial

maría gancedo

Jueves, 18 de agosto 2016, 19:05

El desarrollo de la Cuenca del Ruhr, donde los altos hornos funcionaban a pleno rendimiento con el carbón nacional germano, se truncó en los años sesenta cuando la demanda del mineral decayó considerablemente. Así el Pott tuvo que adaptarse. Y lo hizo cambiando totalmente su orientación. Transformó el suelo otrora industrial con gasómetros y castilletes de extracción, en un escenario cultural con obras de teatro, festivales de música y exposiciones al más alto nivel. Un sinfín de propuesta que se extiende a lo largo de cuatrocientos kilómetros y abarca más de cincuenta ciudades.

Con más de medio millón de visitas anuales esta región situada el land (estado federado) de Renania del Norte-Westfalia se perfila como modelo a seguir para las cuencas mineras del Caudal y del Nalón, que cada año aumentan el número de visitantes atraídos por el patrimonio industrial. A lo largo del año pasado se registraron más de 70.000 visitas entre entradas a museos y participación en actividades mineras. Un dato que este año aumentará un 20% debido, en parte, a nuevas iniciativas como las Jornadas de Patrimonio industrial celebradas en el mes de mayo, el Centro de Experiencias y Memoria de la Minería del Sotón, que comenzó a funcionar en marzo, las visitas al pozo Santa Bárbara, de Turón, que Hunosa empezó a promover el mes pasado o las visitas al pozo San Fernando impulsadas por el Ayuntamiento de Aller.

Actividades que hay que sumar otras que ya acumulan años de experiencia como el Ecomuseo minero del Valle de Samuño, el Museo de la Minería de Asturias, el de la Siderurgia, las bajadas al pozo Sotón con 2.334 visitas en un año y los recorridos guiados por el valle de Turón y Bustiello que lleva a cabo María Fernanda Fernández, de Territorio Museo, y que registraron más de cinco mil visitas el año pasado, con un buen número de ellas en primavera.

Y si hay a quien le puede parecer una oferta extensa hay quien, mirando al Rurh, pide más. «Todo unido funciona muy bien. Son productos totalmente distintos, que suponen una competencia positiva. En Alemania supieron verlo muchos años antes y aquí todavía queda mucho por hacer. La oferta hotelera no es suficiente y hay que internacionalizar más el producto. Si hay oferta, llega la demanda», indica Luis Reyes, gestor turístico de Vive-Asturias y delegado de la Asociación de Operadores de Turismo Industrial en el Principado.

Y un indicio que avala estas palabras es que gran parte de los turistas que visitan las Cuencas no se hospedan en ellas. Acuden atraídos por el patrimonio y los museos, sobre todo en días de lluvia, pero rara vez esta visita va acompañado de pernocta. Es el caso de la familia Romero Fernández, de Jerez de la Frontera, que decidió pasar una mañana en el Mumi pero se hospeda en Siero. Desde Llames al Museo de la Siderurgia llegaron los madrileños Cristina Fernández y Juan Carlos García, acompañados por sus hijos Celia y Nicolás, que después iban a visitar el museo de Samuño. Desde Pamplona y también en el Musi pero en autocaravana llegaron María Bator y Santi Díaz. «Estaremos dos semanas y media recorriendo la región y vinimos porque nos hablaron muy bien de los museos de esta zona», dijo Bator.

Huyendo de la lluvia en el museo de El Entrego estaba la familias Montesinos y Blanc, de Elche. En este caso optaron por hospedarse en una casa rural en Serrapio. «Es la primera vez que estamos en un museo industrial y nos parece muy interesante», dijeron.

Valor añadido

Pero los museos mineros no solo atraen a turistas de otras comunidades, también a los de casa porque son una forma de entender mejor los orígenes industriales y el pasado reciente de las Cuencas. Motivo por el cual Enrique Aguilar, de Noreña, acudió con toda la familia al Ecomuseo de Samuño, en el que contaron con una guía de excepción, su madre Encarnación Huergo, Marujina, quien fue profesora de la escuela de La Nueva en los años sesenta y anteriormente en La Casona. «Está todo muy cambiado, pero me gusta la idea del museo. Me parece interesante para los jóvenes y merece la pena visitarlo».

Ella conoció la explotación cuando estaba a pleno rendimiento y gracias al museo pudo entrar por primera vez en una mina, aunque en eso de subirse al tren ya era una experta. «Cuando venía a trabajar el maquinista ralentizaba la marcha a la altura del Cadavíu y yo tiraba primero el bolso y luego ya iba yo», recuerda mirando con pena que el colegio de La Nueva esté cerrado.

Mientras, la gijonesa Olga Carrio, de visita en el Musi, apuntaba que este tipo de recursos «atraen a otro tipo de turismo y pueden devolver la vida a pueblos olvidados».

Eso sí, no hay que olvidar que en la variedad está la clave. «No podemos poner un museo de la minería en cada pueblo. No sería rentable para ninguna de las dos cuencas», indica José Luis Suárez, del Consorcio de la Montaña Central. Opinión que comparte Loli Olavarrieta, presidenta de la asociación de comerciantes y hosteleros del Caudal. Así, indica que «hay que buscar ideas originales que puedan atraer público y ser complementarias de lo que ya existe».

Y, avanza, «la asociación estaría encantada de apoyar cualquier iniciativa museística que pudiera atraer turismo al concejo, puesto que luego eso derivaría tanto en el comercio como en la hostelería».

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