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AZAHARA VILLACORTA
Martes, 16 de septiembre 2014, 00:22
Son ya más de 250 y se han organizado en un grupo con el que reivindican su labor en las aulas. Recién llegados a sus nuevos centros de destino para este curso y, por lo tanto, en pleno proceso de «tener que adaptarse a nuevos compañeros y nuevos horarios, de ser «esclavizados por las editoriales» que les «imponen» los libros que deben utilizar, los maestros interinos especialistas en Inglés han visto cómo la Consejería de Educación del Principado acaba de aprobar nuevas normas para conseguir la habilitación que abre la puerta a los docentes generalistas para impartir asignaturas en la lengua de Shakespeare en los programas bilingües.
Hasta ahora, explican, «los niveles de habilitación eran bastante bajos», ya que, muchas veces, se conseguía el plácet «superando una única prueba oral equiparable al nivel obtenido en Educación Secundaria». O lo que es lo mismo: el equivalente a lo que sabe de Inglés un alumno de 16 años.
«¿Era eso realmente calidad educativa? ¿Era ese el bilingüismo que los padres quieren para sus hijos?», pregunta Alberto Cano, uno de sus portavoces, que aplaude sin ambages la nueva normativa, que establece que el profesorado que a partir de ahora quiera impartir clases en Inglés deberá acreditar un nivel B2 en cuatro destrezas: comprensión escrita, comprensión oral, expresión escrita y expresión oral.
La discrepancia entre unos y otros comenzó cuando otro grupo de un centenar de profesionales de la enseñanza se organizaron en un plataforma en la que denunciaban que «decenas de docentes de la especialidad de Primaria», los maestros generalistas, comprobaban cómo «la continua oferta de plazas destinadas a tutorías se estaba asignando a profesorado especialista». Y eso, argumentaban, perjudicaba «no sólo a los docentes de Primaria, sino al propio alumnado».
Todos ellos formaban parte de la lista de interinos de Primaria, por lo que estaban habilitados para impartir las áreas propias de dicha especialidad: Matemáticas, Lengua Castellana y Literatura, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural, Educación para la Ciudadanía y Plástica, pero, en lugar de convocarlos a ellos, «desde la consejería se convoca a maestros de la lista correspondiente a las especialidades de Inglés, Música, Educación Física, Audición y Lenguaje y Pedagogía Terapéutica para impartir materias propias de la especialidad de Educación Primaria», la generalista. Y, así, denunciaban, «en los colegios asturianos cada vez hay más especialistas de Inglés a los que se le asigna impartir clases de Matemáticas y de Lengua, cuando tendría que ser al revés. Algunos de ellos, con malas notas e incluso con las oposiciones suspensas».
Ahora, los especialistas en el idioma niegan la mayor. Porque, según argumentan, no tienen malas notas y su nivel del idioma es mucho mayor, ya que en las oposiciones deben realizar todas las pruebas en Inglés. «Y, por esa razón, nuestra lista es de algo más de 400 interinos frente a los 1.600 que conforman la de Primaria».
Ellos sí se consideran aptos para impartir otras materias y no a la inversa, ya que su formación especializada «pasa primero por una fase generalista» que les capacita «perfectamente» para impartir las asignaturas troncales de una tutoría, «cosa que no ocurre en sentido inverso. Nosotros no quitamos trabajo ni plazas a nadie. Nosotros sí podemos dar todas esas asignaturas, porque, además, muchos también tenemos las especialidad de Primaria».
Un médico de familia, a operar
El ejemplo más gráfico es una pregunta que lanza Óscar Recio: «¿Alguien pondría a un médico de familia a operar sabiendo que no es especialista en Cirugía? ¿A que no? Pues con el Inglés pasa lo mismo. O, si no, que hagan las oposiciones en Inglés. Si creen que están preparados, adelante», retan.
«Pero es que, además, nosotros en la carrera estudiamos la didáctica del idioma, aprendemos a enseñarlo», alegan en su defensa estos docentes especialistas sobre otro punto que les da ventaja sobre sus compañeros. Eso, antes de aclarar que «no es nada personal», sino una cuestión de defensa de sus intereses y de su alumnado. «El problema es que, a veces, nos preocupamos más del propio ombligo que de los niños a los que enseñamos».
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